
Infierno al volante
Nicolas Cage llega del infierno y arma un sangriento festín de violencia en 3D
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Infierno al volante (Drive angry, EE.UU./2011, hablada en ingles) . Dirección : Patrick Lussier. Guión : Todd Farmer y Patrick Lussier. Fotografía : Brian Pearson. Edición : Patrick Lussier y Devin G. Lussier. Música : Michael Wandmacher. Diseño de producción : Nathan Amondson. Elenco : Nicolas Cage, Amber Heard, William Fichtner, Billy Burke, David Morse, Charlotte Ross. Distribuidora: Warner Bros. Duracion : 104 minutos. Calificación : apta para mayores de 16 años
Nuestra opinión: regular
Por supuesto que nadie tomará en serio esta desenfrenada historia de venganza en la que un Nicolas Cage escapado del infierno va dejando a su paso (vertiginoso, claro, aunque a veces tenga que arreglárselas poniéndose al volante de un auto prestado) un reguero de cadáveres, sangre, vísceras, ruinas, escombros, cenizas y chatarra. No lo habrán hecho ni siquiera sus responsables, que parecen tener como objetivo acelerar al máximo el trámite entre el estreno del film y su desembarco final en alguna emisora de cable especializada en productos clase Z o alguna trasnoche de TV exclusivamente destinada a jóvenes plateas masculinas ávidas de atrocidades y truculencias para ser celebradas ruidosamente y en grupo. (El regodeo en el sadismo más perverso en tren de diversión -ya se sabe- no es el programa más tranquilizador para quienes estudian la influencia de los medios en la creciente violencia de la sociedad.)
Pero hasta en este tipo de productos puede hacerse gala de originalidad o al menos filtrar algunas pizcas de ingenio. En este caso, la primera está ausente y la dosis de ingenio es más bien exigua. Alcanza apenas para bautizar John Milton al vengador de chaqueta de denim y ralo pelo rubio que vino del infierno para rescatar a la nena que una secta satánica está por sacrificar en uno de sus sangrientos rituales, y sobre todo para permitirle a William Fichtner que se divierta con el papel del atildado, impasible e implacable Contador, ni más ni menos que la mano derecha del diablo.
Para cubrir la indispensable cuota de belleza femenina generosamente exhibida está Amber Heard, con su colección de minishorts y su disposición para sumarse encantada cada vez que la invitan a participar activamente de las escenas más violentas. Todo lo demás -cacerías en autos hiperpoderosos que suelen terminar volando por el aire, explosiones, incendios, persecuciones, disparos, hachazos y toda clase de objetos lanzados hacia la cámara, como para justificar (poco) el 3D- es lo de siempre. En una clave de paródico humor negro que tampoco es novedad, pero exagerado hasta el despropósito; con el también habitual desinterés por la lógica del relato y la atención puesta en que no pase un segundo de proyección sin acción, sin carnicerías, sin sexo o sin rugir de motores.
Algún secreto, inasequible para quienes no integran el nutrido club de aficionados a este tipo de entretenimiento, explica que la presencia de Nicolas Cage añada un atractivo especial. No será, seguramente, por su desempeño como actor.





