Irreverencia y humor corrosivo
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"800 balas" (España/2002). Dirección: Alex de la Iglesia. Con Sancho Gracia, Carmen Maura, Angel de Andrés López, Eusebio Poncela, Luis Castro y otros. Guión: Jorge Guerricaechevarría y Alex de la Iglesia. Fotografía: Favio Labiano. Música: Roque Baños. Presentada por Lumiére Films. Duración: 126 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: muy buena
Dentro de la actual cinematografía española la irreverencia, la extravagancia y el humor corrosivo tienen un nombre ya convertido en un icono que despierta los aplausos más estruendosos y las controversias a veces despiadadas. Este nombre es el de Alex de la Iglesia, un realizador que desde "Acción mutante" (1992), su primer largometraje, decidió romper con las convenciones temáticas muchas veces enquistadas en la pantalla hispana.
Con "800 balas" el cineasta bilbaíno no se aparta de la manera de concebir su obra. Apasionado por el género del western decidió aquí rendir un homenaje entrañable a aquellas paradigmáticas películas del Oeste que se rodaron en tierras hispanas entre decorados de cartón, platinadas mujeres siempre dispuestas al heroísmo más temperamental y salones de puertas rebatibles por las que aparecían los héroes de turno. En los primeros minutos de la historia aparece, a los sones de una banda musical tan nerviosa como pegadiza, una diligencia perseguida por un grupo de sádicos pistoleros. La trepidante escena de acción finaliza con la muerte de uno de los bandidos, arrollado por los caballos y las ruedas del vehículo. Rápidamente se descubre que todo eso sucede durante la filmación de un western de los años sesenta y el bandido era, simplemente, un doble de riesgo que dejó su vida en tan duro trabajo. Una versión en guitarra de "Lo bueno, lo malo, lo feo", a cargo de Ennio Morricone, es la finalización del prólogo que traslada aquel nostálgico género al tiempo presente.
El relato se traslada entonces al poblado de Texas-Hollywood, en Almería. Allí, entre nubes de polvo y altas montañas, un grupo de extravagantes hombres y mujeres que habían intervenido como dobles en decenas de films épicos recreó una porción de esa escenografía para entretener a los turistas extranjeros y hacerles revivir los tiempos de vaqueros indómitos y de indios perseguidos. La delirante troupe está a cargo de Julián, un bebedor consuetudinario que vive con el peso dramático de sentirse responsable por la muerte de su hijo durante un rodaje y con el capricho de mantener ese lugar como forma de no apartarse de su pasado esplendor, cuando dobló en las escenas más peligrosas a Clint Eastwood, su ídolo por excelencia, y a tantos otros brillantes nombres que cabalgaron por las praderas de Almería.
Perdedores
Pero la vida ficticia de ese grupo de perdedores se ve alterada cuando aparece en ese poblado alejado de la mano de Dios el adolescente Carlos, nieto de Julián, deseoso de saber de qué forma murió su padre, al que siempre recuerda vestido de cowboy con pistolas al cinto. La madre del muchacho, una empresaria tan poderosa como agresiva, y la abuela, tiránica y envuelta en sus preocupaciones del pasado, siempre le evitaron a Carlos hablarle de su progenitor, y cuando este chaval inquieto aparece en el mísero poblado, Julián comienza a salir de su trágico letargo para dar de golpe nuevamente con los tristes recuerdos de su hijo muerto.
Para desarrollar esta entretenida y alocada trama, Alex de la Iglesia entreteje la necesidad comercial de la madre de Carlos, que desea comprar esas tierras para construir un complejo edilicio, con la cariñosa unión que comienzan a mantener el nieto y el abuelo en medio de sutiles mentiras, situaciones casi surrealistas y gags que el realizador se encarga de convertir en situaciones de enorme eficacia reidera. "800 balas" se transforma así en un péndulo tan desatinado como patético y tan emocionante como cálido. De la Iglesia no modifica aquí la estructura de su anterior filmografía, aunque se aparta unos pasos de sus anteriores films para inyectar a su nueva historia un emocionado toque de melancolía barnizada con esa fauna humana que se empeña vivir en el pasado, entre desvencijados decorados y recuerdos inviolables.
Fuerza expresiva
Aquí están para dar vida a estos estrambóticos personajes la fuerza expresiva y la comicidad sin rebuscamientos de Sancho Gracia; el sólido oficio de Carmen Maura y de Eusebio Poncela; la notable composición de Angel de Andrés López y todo ese grupo de míseros y graciosos remedos de vaqueros que, en la piel de un reparto sin fallas, componen un micromundo de utilería enraizado con la realidad cotidiana. Por si esto fuese poco, "800 balas" puso a disposición de su ingenioso guión una excelente música de Roque Baños y una impecable fotografía de Favio Laviano. Con tan buen respaldo, Alex de la Iglesia volvió a demostrar que su cine es tan personal como auténtico y tan delirante como imprescindible de ser visto y admirado.





