Joy: la cara triste de la Europa poderosa y opulenta

Diego Batlle
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20 de julio de 2019  

Joy (Austria/2018) / Guión y dirección: Sudabeh Mortezai / Elenco: Anwulika Alphonsus, Mariam Sanusi y Angela Ekeleme / Duración: 99 minutos / Disponible en: Netflix / Nuestra opinión: muy buena

Nacida en Alemania de padres iraníes, criada en Teherán y Viena, y formada en la UCLA de California, Sudabeh Mortezai es una auténtica "ciudadana del mundo". Quizá por eso esta directora que ya había llamado la atención con su ópera prima Macondo (2014) se interesó en su segundo largometraje -premiado en la última Mostra de Venecia y en varios otros festivales de prestigio como los de Londres, Viena, Sevilla y Chicago- por las desventuras de las inmigrantes ilegales de Nigeria que son víctimas del tráfico y la explotación sexual en Austria. Joy (notable trabajo de Anwulika Alphonsus) es el nombre de la protagonista, una heroína anónima que, mientras ejerce la prostitución, se ocupa de cuidar a Precious, una joven compatriota recién llegada y por lo tanto muy inexperta, debe lidiar con el grupo mafioso que maneja el negocio en Viena y enviar dinero a su país de origen, donde su padre atraviesa un delicado estado de salud.

Si esta descripción hace pensar en un melodrama sórdido y basado exclusivamente en la denuncia horrorizada desde la corrección política, hay que advertir que, más allá de una veta de thriller (a la protagonista le proponen desde el sistema judicial denunciar a la organización delictiva) y de una subtrama aparentemente romántica (uno de los clientes de Joy quiere mantenerla económicamente y sacarla de ese submundo), el eje del film pasa por la descripción con enorme sensibilidad de las contradicciones íntimas, las tentaciones, los deseos y los sueños de una mujer que, como tantas otras, forman parte de la contracara más triste y muchas veces oculta de la Europa poderosa y opulenta.

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