
Juventud, divino tesoro cinematográfico
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"Erreway. 4 caminos". (Argentina/2004). Dirección: Ezequiel Crupnicoff. Con Camila Bordonaba, Luisana Lopilato, Benjamín Rojas, Felipe Colombo, Roly Serrano y otros. Idea original: Cris Morena. Guión: Lilyann Martín y Solange Keoleyan. Fotografía: Miguel Abal. Directora de arte: Patricia Pernía. Banda sonora: Diego Grimblat. Temas originales: María Cristina De Giacomi, Silvio Furmanski y Gustavo Novello. Productor: Tomás Yankelevich. Presentada por Buena Vista International y RGB. Duración: 102 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: buena
Nacido de un exitoso programa televisivo que recorría los encuentros y desencuentros de cuatro adolescentes entrecruzados con pegadizas canciones, "Erreway" llega ahora al cine con el mismo espíritu que impregnó su paso por la pantalla chica, es decir: entretener con simpatía, desovillar algunos problemas de una edad en que se busca tanto el presente como el futuro y disfrutar con el cuarteto protagónico, que demuestra condiciones musicales que movilizan a un amplio sector de sus fieles y jóvenes seguidores.
Mía, Marizza, Pablo y Manuel son los protagonistas del guión. Los mueven su pasión por la música y su deseo de consagrarse en los escenarios. Con Benito, un manager algo inescrupuloso pero tierno, los muchachos se instalan en una casa rodante y comienzan una gira artística que los llevará a pueblos insólitos y paisajes soñados y les permitirá conocer gente de la más disímil catadura.
A veces con poco o nada de dinero, pero con esa inconsciencia producto de la juventud, tropezarán con problemas, con fantasías que parecen irrealizables y con el encanto de un bebe que, fruto del amor de Manuel y de Mía, se sumará al recorrido de esos potenciales artistas de la canción. El crecimiento es arduo y, a veces, bastante triste, pero los jóvenes no claudicarán en su intento de superación hasta llegar a un final que procura enclavarse en el dolor, pero que cae en un fácil melodramatismo que los libretistas pudieron haber obviado.
El novel director Ezequiel Crupnicoff se apoyó, tanto en la trama como en los personajes, en aquel programa televisivo de tanta resonancia popular, y supo salir bastante airoso de su cometido al no hacer demasiado notorios ni los hermosos paisajes que recorre el grupo ni las varias puntadas gruesas que le presentaba el entramado narrativo. Su labor, sin embargo, quedó algo opacada por un libreto innecesariamente extendido y una cámara más adscripta al videoclip que al rigor que pide el cine.
El juvenil cuarteto -Camila Bordonaba, Luisana Lopilato, Benjamín Rojas y Felipe Colombo- apostó por la desenvoltura y la sencillez y salió airoso de sus compromisos, en tanto que la veteranía de Roly Serrano, como el manager de gran corazón, refrendó nuevamente sus buenas condiciones actorales. La fotografía de Miguel Abal, la música y las canciones (coreadas sin rubor por el público adolescente) son otros sólidos sostenes de esta historia que, mucho más allá de su ingenuidad y de su remanida moraleja, contará sin duda con el apoyo de ese público joven que ya hizo suyos a estos protagonistas de un programa televisivo que la pantalla grande da la oportunidad de rescatar.
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