
La cámara también retorna a Brideshead, 27 años después
Pronto -el viernes en los Estados Unidos, quizás en algunos meses aquí- los nostálgicos de Retorno a Brideshead , aquella memorable traducción televisiva de la novela de Evelyn Waugh, podrán volver a la elegante mansión de lord Marchmain (en realidad, el Castle Howard, en Yorkshire). También reencontrarse con los aristocráticos dueños de casa y reconstruir su historia llevados por los recuerdos del protagonista, el capitán Charles Ryder, que en plena guerra ha vuelto al lugar, ahora convertido en cuartel, y evoca sus años de estudiante, cuando vivió allí fascinado por esa atmósfera de refinada y decadente nobleza y por los dos herederos de la familia, el ambiguo y provocativo Sebastian (su compañero de la universidad) y la sofisticada e inalcanzable Julia. Ya no estarán, como entonces, ni Laurence Olivier ni John Gielgud ni Stéphane Audran, y tampoco, claro, aquel Jeremy Irons de 33 años que se hizo internacionalmente famoso como Charles. El elenco es encabezado ahora por Matthew Goode (el joven aristócrata de Match Point ), Hayley Atwell ( El sueño de Casandra ) y Ben Wishaw (el poeta narrador de I m Not There ). Y Emma Thompson asume el papel de la manipuladora lady Marchmain, que en TV encarnaba Claire Bloom.
Claro que la llegada al cine de lo que muchos consideran la obra maestra del escritor inglés ha despertado tanta expectativa como prevención: están aún muy frescas las imágenes de aquella adaptación que suele figurar en primera fila en cualquier lista de los mejores programas de la historia de la TV británica y, por otro lado, está el inevitable problema de la reducción a un formato mucho más acotado. El film debió concentrar en 135 minutos el retrato de la aristocracia decadente, la aventura humana y sentimental de los personajes principales y -lo que era central para Waugh- el problema religioso: el libro -decía- habla de "la intervención de la gracia divina en un grupo de personajes diferentes, pero estrechamente vinculados"; la miniserie empleó para ello 600 minutos.
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Mucho ha debido sacrificarse, claro. Lo admite el propio Jeremy Brock, adaptador del libro junto con Andrew Davies: "Fue una lucha terrible, trabajamos muchísimas horas para asegurarnos de hacer las elecciones correctas. Pero cuando se tiene una novela de 330 páginas y un film de dos horas, uno no puede darse el lujo de incluirlo todo".
Algunas modificaciones ya han hecho fruncir el ceño de más de un fanático: Davies ha dicho que su versión atiende más a la historia de amor entre Julia y Charles que a la relación entre éste y su compañero de estudios, Sebastian, lo que era central en la versión de TV; la ambigüedad de esa relación ha desaparecido y, en cambio, hay un fugaz beso entre ellos: "Se sabe que Sebastian es gay desde el principio", ha aclarado Julian Jarrold, el director, que también ha hecho hincapié en un "triángulo amoroso", cuando el autor exponía las dos relaciones paralelamente sin establecer entre ellas ninguna conexión. Por fin, Waugh buscaba ilustrar la influencia que el catolicismo puede ejercer aun en aquellos que han perdido la fe, pero Davies ha dicho que concibe el film como una tragedia que muestra el impacto desfavorable de la religión sobre la vida de mucha gente, "tanto como en el período en que el libro fue escrito [1945], aunque quizá de forma diferente".
Más allá de fidelidades y reducciones que siempre generan polémica, ya hubo algún crítico que se atrevió a vaticinar: "Así como Charles se muestra consumido por la nostalgia de Brideshead, es probable que en los devotos de Waugh se avive la nostalgia de una serie que ya cumplió veintisiete años. Habrá qué ver".






