
Laura Morante, una belleza clásica
La actriz, presente en la cartelera local con Corazones , protagoniza uno de los estrenos de mañana
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A punto de cumplir 51 años, Laura Morante conserva en plenitud esa clásica y distinguida belleza que la identifica con una larga tradición del cine europeo. No resultó casual, entonces, que se haya pensado en ella como madrina del próximo Festival de Venecia, dentro de un mes, para ocupar el lugar de otra mujer que, como ella, sabe lucir una envidiable elegancia natural. Se trata de Fanny Ardant, inhibida para esa función porque uno de sus films competirá por el Oso de Oro este año.
Pero cuando nos imaginábamos que a partir de este anuncio la aplaudida actriz toscana (nació el 21 de agosto en Santa Fiora, Grosseto) volvería a las primeras planas por cuestiones cinematográficas, en realidad, se habla en estos días de Morante mucho más en las páginas de chismes y noticias mundanas de Italia, ya que se dijo en los últimos días que no estaría para nada dispuesta a compartir el privilegiado papel de madrina en Venecia con la mucho más mediática -y mucho menos conocida entre nosotros- Ambra Angiolini, conductora televisiva y cantante antes que actriz.
Tal vez para alejarse de tantas indiscreciones, Morante prefirió refugiarse en la paz de su Grosetto natal y, de paso, dejar una señal acerca del lugar desde el que quiere ser reconocida: este fin de semana fue por cierto madrina de un festival de cine, pero mucho menos conocido. Es el Clorofilla Film Festival, que se cierra hoy en el Parco di Pietra de Roselle, muy cerca de donde nació. Esta muestra está consagrada a aquella producción "alternativa" y escasamente comercial que no suele llegar a los cines más importantes. Allí presentará su última película, Liscio , de Claudio Antonini.
Presencia permanente
Mientras tanto, el público argentino tiene en los últimos tiempos, gracias a los curiosos avatares de la distribución cinematográfica, la rara posibilidad de encontrarse con Laura Morante como una figura casi habitual de nuestra cartelera. Es cierto que no es fácil olvidar aquel rostro estoico y lleno de intenso dolor interior que Morante luce junto a Nanni Moretti en la desgarradora La habitación del hijo , pero desde aquel estreno no tuvimos la oportunidad de reencontrarnos con esta actriz talentosa y expresiva hasta ahora, y por partida triple en muy escaso lapso.
Primero, la vimos como la esposa de un pianista en plena crisis personal y creativa (Albert Dupontel) en Lo mejor de nuestras vidas , el relato coral de Daniele Thompson ambientado en las galerías y los cafés de la lujosa Avenue Montagne, en París. El último jueves reapareció en otra historia colectiva que habla de afectos y desencuentros, Corazones , de Alain Resnais, en la que interpreta, según sus propias palabras, a "la mujer fuerte de un marido débil", un personaje que para Morante se construyó en buena medida a partir de todo lo que no se ve.
Y estamos a punto de volver a verla en otra producción francesa, algo nada extraño, ya que desde mediados de los años 80 eligió París como su lugar de residencia preferencial. Fue en esa capital, cuando ni siquiera había cumplido 20 años y repartía su vocación entre la danza y el teatro, cuando apareció desnuda en escena por primera vez en una puesta teatral dirigida por Carmelo Bene.
Morante es una de las protagonistas de Moliére, el film de Laurent Tirard cuyo estreno anuncia Alfa Films para mañana sobre la vida del famoso escritor y dramaturgo nacido con el nombre de Jean-Baptiste de Poquelin, que pasó a la historia por sus extraordinarias sátiras (de Tartufo y El misántropo a El enfermo imaginario y El médico a palos ) y cuya vida permanece oculta en varios tramos. Especialmente, el que va desde que fue liberado de la cárcel -donde fue a parar debido a varias deudas impagas- hasta su regreso a París, ya definitivamente consagrado como autor.
Ese período, que según los historiadores define el carácter de Molière (encarnado por Romain Duris, el ascendente protagonista de El latido de mi corazón , Las muñecas rusas y El extranjero loco ) y su talento para la dramaturgia, es el que se propone narrar Tirard, quien pretende recrear hechos de la vida del dramaturgo como si estuviéramos frente a alguna de sus grandes comedias.
En ese momento, quien ejerce una notable influencia en su vida es Elmire Jourdain, el personaje que interpreta Laura Morante en el film y que se convierte en la amante de Moliére. "Laura tiene una elegancia única, atemporal, y su hermoso acento aporta un misterio adicional al personaje. Al mismo tiempo, y aunque ella habla muy bien francés, a veces el acento generaba problemas de articulación y de ritmo. Ella les temía a la fuerza de Moliére, a la altura y a la dimensión sagrada de sus obras, porque las conocía todas. Tuve que convencerla de que se olvidara del texto y de que se concentrara en el placer de actuar. Laura encarna a la vez el ideal romántico y la revelación de quién es Molière", señaló el director.
En una entrevista que acercó a LA NACION la distribuidora local del film, Morante reconoció que el personaje no hace más que expresar su propia pasión por Molière: "Lo que más admiro de su obra, que siempre estuvo entre mis preferidas, es el profundo conocimiento del ser humano y la ausencia de maniqueísmo. En sus piezas es imposible saber cuándo termina la comedia y cuándo comienza la tragedia. Es posible reír y llorar con él al mismo tiempo".






