
Llega un film de la talentosa Claire Denis
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Claire Denis es una de las realizadoras más personales, interesantes y provocativas del cine francés. Desde su debut en la dirección de largometrajes, en 1988, esta parisiense de 53 años viene conmoviendo a la crítica y al público que circula por los circuitos de arte de Europa y los Estados Unidos con cada nueva película, ya sea en el terreno de la ficción o en el documental.
De su amplia y ecléctica filmografía, en la Argentina sólo se estrenó hace dos años, y sin demasiada repercusión, "Nénette y Boni", sobre la relación entre dos hermanos en la conflictiva Marsella, mientras que su penúltimo trabajo, "Bella tarea", arribará el próximo jueves a sólo dos salas porteñas (véase recuadro), tras su paso por los festivales de Venecia, Sundance, Berlín, Mar del Plata y Buenos Aires.
Tras egresar de la prestigiosa escuela de cine Idhec, Denis comenzó a trabajar en la industria a mediados de los años 70, pero su consolidación profesional se produjo sólo en la década siguiente, después de trabajar como primera asistente de directores de la talla de Costa-Gavras, Wim Wenders, Jim Jarmusch y Jacques Rivette.
En 1988 rodó "Chocolat", largometraje sobre las relaciones entre Camerún y Francia, que compitió en la sección oficial del Festival de Cannes y obtuvo el premio Cesar a la mejor opera prima de ese año. Este poético recuerdo de su infancia en Africa, en el que aborda también el legado colonial, tiene muchos puntos en común con "Bella tarea", la película que rodaría una década más tarde.
Ambientada en el enclave africano de Djibouti, "Bella tarea" describe el entrenamiento, las miserias, los traumas, las soledades, los celos y las pasiones dentro de un regimiento de elite de la Legión Extranjera. Una tragedia filmada casi sin diálogos (la voz en off, el sonido y la música del sudafricano Abdullah Ibrahim adquieren una gran trascendencia) en la que Denis y su habitual directora de fotografía Agnés Godard conciben un cautivante ballet cinematográfico cuyas "coreografías" están construidas a partir de los sudorosos y musculosos cuerpos de los soldados.
Comparada frecuentemente con el free-jazz -Denis fue definida como "la Ornette Coleman" del cine-, "Bella tarea" escapa de las estructuras narrativas tradicionales para ofrecer una contemplativa, estilizada y por momentos distante mirada a la masculinidad en una tortuosa historia de fuerte carga erótica.
El lirismo, la audacia y la experimentación de ésta y de otras de sus películas hicieron que Denis quedara en el octavo puesto entre los mejores directores de toda la década del 90, según una encuesta realizada entre los principales críticos del mundo por el semanario neoyorquino The Village Voice.
La génesis del proyecto fue muy importante en el resultado final de la película. "El canal de televisión Arté me propuso hacer un film en el que tuviera una libertad absoluta, pero para el que iba a contar con un presupuesto muy bajo y con pocos días de rodaje. Además, sabía que el ejército francés, que se estaba entrenando en Djibouti, se oponía a la película, y por eso hasta estaba en condiciones de terminarla en las habitaciones del hotel en caso de que los militares nos prohibieran filmar en exteriores", indicó la realizadora en una entrevista concedida al diario británico The Guardian.
Con ojos de extranjero
La premisa de la directora -como en muchos de sus trabajos- era "filmar una historia desde la óptica de un extranjero, pero con eso sólo no bastaba para transmitir las sensaciones que yo necesitaba: también teníamos que rodarla en el exterior". Denis ensayó y entrenó durante mucho tiempo con sus actores -encabezados por Denis Lavant (visto en varios films de Léos Carax), Michel Subor y Grégoire Colin- aunque de una manera particular. "Prefiero trabajar con los intérpretes, por ejemplo, el guión de "La mamain et la putain", de Jean Eustache, antes que una escena de mi película porque me gusta llegar al set de filmación y sentir que se trata de una situación absolutamente nueva".
"Bella tarea" está basada libremente en "Billy Budd", de Herman Melville, aunque la directora admite también influencias de Jean Genet y de "Querelle". Rainer W. Fassbinder, Jean-Luc Godard (especialmente con "Le petit soldat") y el cine etnográfico de Jean Rouch fueron otras fuentes de inspiración para una verdadera cinéfila que también profesa admiración por realizadores tan disímiles como Sergio Leone, William Friedkin, Robert Bresson, Luc Moullet, John Lurie y una colega controvertida como ella: Catherine Breillat.
Alejada por completo de la comedia burguesa que domina la cinematografía de su país, Denis asegura: "Si uno consigue toda la energía y el dinero que demanda un film tiene que apuntar la cámara hacia la gente y no hacia los personajes que se ven todos los días en la televisión".
Por eso, a lo largo de su carrera, Denis ha filmado sobre la primera y sórdida gira por Francia del grupo camerunés Les Ttes Brulées (en el documental "Man no run"), sobre los inmigrantes caribeños que se dedican a las riñas de gallos ilegales (en "S´en fout la mort"), y sobre una actriz lituana y un asesino serial negro y homosexual que mata ancianas (en "J´ai pas sommeil"). Claro que -como gran amante del cine- también filmó documentales sobre su mentor Jacques Rivette y sobre el influyente crítico Serge Daney.
Pero ninguno de los trabajos precedentes generó tantas polémicas como su más reciente film, "Trouble every day", presentado en mayo último en la sección oficial -fuera de concurso- del Festival de Cannes. Esta película sobre las pulsiones sexuales ligadas a la muerte se centra en las relaciones entre una pareja francesa (Béatrice Dalle y Alex Descas) y otra norteamericana (Vincent Gallo y Tricia Vessey) en una trama que no ahorra escenas de sexo explícito, de canibalismo y brutales baños de sangre en la línea del cine gore más radical.
En la presentación del film -a la que pudo acceder LA NACION-, Denis indicó que "el origen se remonta a un sueño de mi infancia en la que mi madre me devoraba a besos por el bello aroma de mi piel". La violencia del film y las escenas de canibalismo sirven -según ella- para "mostrar cómo un beso se transforma en una mordida". La película -comparada en algunos aspectos con "Saló", de Pier Paolo Pasolini, y con "Crash", de David Cronenberg- intenta reflejar "los tabúes, los miedos ancestrales y el deseo sexual como adicción". La realizadora quiso analizar también "los daños psicológicos y físicos que le han hecho a la humanidad supuestos avances científicos como el Viagra, la clonación o los alimentos transgénicos". Así es Claire Denis, una ambiciosa directora destinada al debate acalorado, pero jamás a la indiferencia.
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