
Llorar a lágrima viva
El actor, ganador del Oscar por su trabajo en "Gandhi", protagoniza "La casa de arena y niebla", un film dramático que se estrenará en la Argentina pasado mañana
1 minuto de lectura'
LOS ANGELES.- No hay dudas de que Ben Kingsley quiere hacernos llorar. Pero no se trata aquí de derramar una fugaz y pequeña lagrimita, sino de hacerlo a lágrima viva. Con su más reciente film, "La casa de arena y niebla" ("House of Sand and Fog"), cuyo estreno en la Argentina anuncia Warner para pasado mañana, es muy probable que convierta su deseo en realidad.
"Tengo la esperanza de tener enfrente un público de almas preparadas para ser sacudidas. A toda esa gente sólo quisiera decirle dos palabras: déjense llevar", dice el actor.
Basada en el best seller del mismo nombre escrito por Andre Dubus III, "La casa de arena y niebla" se asoma al mundo de una joven mujer adicta al alcohol (Jennifer Connelly) que comete un error fatal al dejar de pagar una deuda impositiva. A raíz de la falta de pago, la chica queda en la calle, ya que su casa queda en manos de las autoridades municipales, encargadas primero de tasarla y luego de venderla a través de una subasta pública.
El comprador de la propiedad resulta ser el coronel Massoud Behrani (Kingsley), un antiguo integrante de las fuerzas armadas de Irán en tiempos del sha Reza Pahlevi ahora exiliado en Estados Unidos, que vislumbra la adquisición como un modo de llevar adelante su propio sueño americano. Enseguida queda claro que ambos, la joven y el veterano ex militar, harán a su modo lo imposible para asegurarse que la vivienda está en su poder.
"Más de una vez me han preguntado si podría haber gente dispuesta a ver algo tan triste, y yo contesto: ¿es que acaso no hay gente expuesta a situaciones de depresión que poco después se sobrepone y logran superar esa situación? Creo que "Hamlet" tiene esa característica positiva por más que veamos muchos cadáveres en el escenario. También "Romeo y Julieta", porque ante todo se habla allí de dos personas que se aman una a otra", afirma Kingsley.
"Creo que en el fondo -agrega el laureado actor- esta película habla por sobre todo de la magnitud a la que puede llegar el amor de un hombre por sus hijos. ¿Cuán lejos puede llegar en nombre de ese sentimiento? Todo esto me parece estimulante y movilizador."
Kingsley, ganador de un Oscar en 1983 por su aplaudida caracterización del Mahatma Gandhi en el film de Richard Attenborough, fue otras tres veces nominado a la estatuilla dorada de Hollywood. En 1991 por "Bugsy", en 2000 por "Bestia salvaje" (en ambos casos en la categoría de actor de reparto) y, en 2003, por su trabajo protagónico en "La casa de arena y niebla". Pero no logró alcanzar el premio (Sean Penn, por "Río místico", ganó en dicha categoría), al igual que en el caso de las otras dos nominaciones que tuvo el film en la más reciente ceremonia del Oscar: la iraní Shohreh Aghdashloo (que encarna a la esposa de Behrani) fue una de las candidatas a mejor actriz de reparto y el film compitió en el rubro de mejor banda de sonido original.
Kingsley dice que ha dejado una contribución importante en el terreno de la comedia liviana, pero asegura que sus interpretaciones favoritas tienen que ver con labores mucho más comprometidas y profundas.
"Me encanta cuando alguien va al cine y regresa a su casa con un leve cambio en el estado de ánimo que tenía antes de ver la película. Como espectador, me gusta pagar la entrada para ser sacudido por algo auténtico. Estoy siempre dispuesto a pagar a cambio de semejante expresión de honestidad", afirma.
Y acerca de su papel en "La casa de arena y niebla" explica que fue la mujer de Dubus la responsable de que se sumara al proyecto: "La tinta todavía está húmeda en el papel. Debe de haber sido la primera copia del libro que salió de la imprenta la que me llegó junto a una encantadora carta en la que me contaba que su esposo, André, siempre me tuvo en mente mientras escribía como una suerte de referencia permanente para el personaje de Behrani. Se apoyó en mí como si yo fuera un andamio para construir a Behrani".
Sentado en su suite del hotel Four Seasons, de repente Kingsley interrumpe la frase moviendo la cabeza de un lado al otro con una expresión de disconformidad: "Creo que el autor pudo conducir a sus personajes más allá del texto en vez de controlarlos como si se tratara de marionetas o imponer su propia visión en la cabeza de ellos. Andre logró darles vida y respiración a todos los personajes de la novela".
Al abrir el libro, dice Kingsley, inmediatamente el texto le habló acerca de sus planteos más profundos y oscuros.
"Es un texto complejo, sugerente, con el que a veces uno puede forcejear y también experimentar sentimientos religiosos. Aquí, la fe primero se construye y luego queda demolida en un instante. También habla mucho de adicciones, lugares oscuros y violencia."
Con la excepción de este último, ninguno de los elementos descriptos por Kingsley forma parte del material habitual de los films de Hollywood. Pero el actor dice haber reconocido un detalle saliente en Behrani: "Para mí se trata de un personaje que se parece mucho a los guerreros de la antigüedad, como Aquiles o Héctor. Este hombre siente que lleva consigo la enorme tradición de los hombres que luchan con otros hombres por lealtad a su rey. Es cierto que Behrani no tiene a su propio rey, pero sigue siendo un guerrero dentro de su propia tragedia griega".
En una entrevista realizada por separado, Connelly elogió la predisposición de Kingsley por el detalle y su rechazo a ocupar un espacio de protagonista durante el rodaje. "Me encantó el modo en que llegaba al set, lejos de cualquier ostentación, sólo para cumplir con su trabajo. Es un actor extraordinario, alguien capaz de crear verdaderas obras de arte."
Kingsley, que nació en Yorkshire en 1943, es mitad inglés y mitad indio, y creció en el seno de una familia muy ecléctica con el nombre real de Krishna Bhanji. Su abuelo comerciaba especias en la región africana de Zanzíbar; su padre, nacido en Kenya, fue médico, y su madre se destacó entre las modelos británicas de su tiempo.
"Nunca fui a la universidad. Tuve una formación gramatical bastante pasable hasta que, a los 19 años, me volqué directamente a la actuación. En ese momento lo único que quería era dejarme llevar y convertirme en otra persona, distinta, a lo mejor, a lo que se esperaba de mí", describe.
Si bien se hizo un nombre en el mundo por medio de sus trabajos en el cine, sus raíces siguen estando en el mundo de los escenarios teatrales. "Hace mucho tiempo, cuando empecé en esta actividad, fui una persona afortunada, porque integré los elencos de la Royal Shakespeare Company durante más de diez años de muy provechoso aprendizaje. Las obras que interpretaba hablaban de los viajes del hombre a través de la vida y de las luchas que se desataban dentro de su alma. Eran compromisos muy intensos y los poníamos en juego cada noche como actores jóvenes en una compañía tan importante. Yo estaba en mi elemento."
Dos veces divorciado, con cuatro hijos entre ambos matrimonios, Kingsley se casó en octubre de 2003 con Alexandra Christmann. Un año antes fue consagrado caballero por la reina Isabel.
"A veces es adecuado para los demás llamarme «sir Ben» y a veces no -concluye con una sonrisa-. Pero creo que sentirme «sir Ben» es algo muy agradable. Supongo que, después de muchos años de comer vidrio, me gané el «sir» para jugar a ser actor."






