Lo único que importa es la belleza interior
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"Amor ciego" ("Shallow Hal", Estados Unidos/2001). Dirección: Bobby y Peter Farrelly. Con Jack Black, Gwyneth Paltrow, Jason Alexander y Joe Viterelli. Guión: Sean Moynihan, Bobby y Peter Farrelly. Fotografía: Russell Carpenter. Edición: Christopher Greenbury. Música: Ivy. Presentada por Twentieth Century Fox. Duración: 113 minutos. Para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: buena
Con películas como "Tonto y retonto", "Loco por Mary" e "Irene, yo... y mi otro yo", los hermanos Bobby y Peter Farrelly se convirtieron en los principales referentes de un regreso de Hollywood a la comedia disparatada, aunque esta vez con una tendencia al gag extremo y zafado (por momentos escatológico) y con un humor muy negro que satirizaba los lugares comunes de la "dictadura" de la corrección política.
En "Amor ciego", estos exitosos directores intentan prolongar su ya habitual mirada sobre el patetismo, sobre los seres humanos "diferentes", sobre las miserias de la sociedad de consumo, aunque llevándola hacia un terreno más adulto. El resultado es una película bienintencionada y punzante, más redonda, pero al mismo tiempo más previsible que sus films anteriores.
No hay aquí una andanada de bromas (de buen y mal gusto) con las que los Farrelly acostumbraban bombardear al público. "Amor ciego" está construida sobre un único eje temático: el tan mentado concepto de belleza interior y exterior.
Hal Larsen (el notable cómico Jack Black, que descolló como el empleado melómano de John Cusack en "Alta fidelidad") es un tipo mediocre y poco agraciado, un oscuro promotor de una compañía financiera que no consigue el ansiado ascenso y que vive obsesionado por conquistar mujeres que cumplan con el prototipo estético de una supermodelo. Con la compañía de su amigo Mauricio (Jason Alexander, el hilarante George de la serie "Seinfeld") recorren las discotecas de Nueva York para ser inevitablemente rechazados por cada una de las despampanantes jóvenes a las que intentan seducir.
Pero las desventuras de Hal (y la película) dan un vuelco definitivo cuando se topa con un genio de la autoayuda que le hace una suerte de hechizo: desde entonces, nuestro antihéroe sólo verá la belleza interior de las mujeres, mientras que ni siquiera notará los defectos externos de ellas. Así, se convencerá de que la obesa Rosemary luce... exactamente tan bella como Gwyneth Paltrow.
Contra los prejuicios
La premisa humorístico-dramática de "Amor ciego" da lugar a algunas interesantes observaciones respecto de los prejuicios con que buena parte de la sociedad trata a los seres que no encajan dentro de los cánones considerados normales, aunque también a ciertos subrayados y golpes bajos (como la aparición de unos niños internados en un hospital) que aparecen como una concesión de los Farrelly a esa pintura edulcorada y sentimental que tanto aplaude Hollywood: en cierto sentido, aun sin renegar de sus bromas ácidas y desenfadadas, están muy cerca aquí de una moraleja en la línea de "La Bella y la Bestia" o "El jorobado de Notre Dame".
La película corre el riesgo de no ser lo suficientemente "seria" para un público adulto ni lo suficientemente delirante para los seguidores adolescentes de los Farrelly. Pero es, seguramente, la película más arriesgada y narrativamente más sólida de estos realizadores, que han reunido otra vez a un brillante seleccionado de humoristas para trabajar a través del absurdo un conflicto central de estos tiempos. Porque "Amor ciego", más allá de sus logros y sus flaquezas, de las lecturas que sobre ella puedan hacerse, no es otra cosa que una reivindicación de todo aquello y aquellos que no han tenido la "fortuna" de ser aceptados dentro de una escala de valores tan superficial, extendida y promocionada como discutible.





