Marco Bellocchio, un eterno contestatario
Su film La hora de religión se estrena mañana
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"Creo que un film nace de una imagen, de algo que me ocupa -no digo que me persigue porque no estoy con el romanticismo-, sino que me golpea en la mente. He ahí el egoísmo del artista: cuando hago un film, no pienso en el público ni en hacer el bien a los demás: sólo quiero representar lo que tengo en la cabeza y desarrollarlo." En la carrera de Marco Bellocchio (Piacenza, 1939), tales imágenes suelen conducirlo a examinar, desde muy distintos ángulos, el tema del poder, representado por las más diversas instituciones: la familia ( I pugni in tasca ), el ejército ( La marcha triunfal ), la prensa ( Violación en primera página ) estuvieron entre las primeras que su cine abordó en los sesenta y setenta. Por supuesto, también la religión, con la que ajustó cuentas en uno de sus films más recordados, En el nombre del padre , 1971.
Treinta años después, vuelve a encarar el tema en La hora de la religión ( L'ora di religione , 2002), film que, con retraso y presumiblemente gracias al reciente éxito de su aplaudida (y posterior) Vincere , será estrenado esta semana por Primer Plano.
Se trata, según ha querido definirlo el gran cineasta italiano, de un "policial muy bizarro" y tiene en el comienzo dos escenas turbadoras: en la primera, hay un chico que habla solo en el jardín y cuando la madre le pregunta con quién lo hace, le explica que habla con Dios porque ha aprendido con su maestra de religión que está en todas partes; por eso, ahora le reclama un espacio libre, sólo para él. En la otra, el padre, pintor de prestigio que está en tren de divorciarse de su esposa pero mantiene una afectuosa relación con el chico, se entera por un enviado del Vaticano que está en sus últimas etapas el proceso de beatificación de su madre iniciado por la familia y que necesitan de su testimonio.
Esta última, la de la visita del sacerdote a un declarado agnóstico que se muestra desconcertado, es la imagen que condujo a Bellocchio a desarrollar el tema para destapar cuánta mendacidad, cuánta hipocresía, cuántos intereses y cuántas culpas pueden entremezclarse solapada o francamente en las conductas humanas. Una santa en la familia puede ser -coinciden varias voces- una suerte de garantía. "Sin un padre, sin un padrino, sin un protector, no eres nadie", lo hace más explícito la cínica tía del protagonista que ha fogoneado la beatificación, personaje clave que le dio a Piera Degli Esposti el David di Donatello a la mejor actriz de reparto en 2002.
Como puede suponerse, el film generó más de una polémica en Italia, pero también obtuvo varios galardones, entre ellos una mención del jurado de Cannes para el realizador, y el European Film Award al mejor actor del año para el protagonista, Sergio Castellito.
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