Mundos inesperados en el fondo del volcán
Es el primer film de ficción rodado en 3D y digital
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Viaje al centro de la Tierra (Journey to the Center of the Earth, EE.UU./2008, color; presentada en versión doblada al español). Dirección: Eric Brevig. Con Brendan Fraser, Josh Hutcherson, Anita Briem. Guión: Michael Weiss, Jennifer Flackett y Mark Levin, sobre la novela de Julio Verne. Fotografía: Chuck Schuman. Música: Andrew Lockington. Edición: Paul Martin Smith. Presentada por Distribution Company. 92 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: buena
¿Y si el viaje al centro de la Tierra de Julio Verne no hubiera sido sólo producto de su fantasía? ¿Y si algún científico contemporáneo, obsesionado con el tema, hubiera podido comprobar que en la famosa novela había menos ficción que ciencia? Tal es la hipótesis que propone este film destinado al público menudo y cuya innovación principal, de todos modos, es de otro carácter: se trata de la primera película de ficción con actores rodada íntegramente en sistema digital y 3D. Una novedad que aún no puede apreciarse aquí por falta de salas acondicionadas para esta tecnología, pero que es fácil de intuir al sucederse los elementos que avanzan en dirección a la lente, las bocas gigantescas que se abren amenazantes sobre la platea y las cámaras subjetivas que llevan al espectador a caer en un pozo infinito o sentir en el estómago el vértigo de una montaña rusa tan extrema que ningún parque de diversiones podría albergar.
El personaje principal no es el profesor alemán de Verne ni el escocés de la anterior versión con James Mason, sino un Brendan Fraser bien habituado a este tipo de héroes modestos, capaces de alternar hazañas y torpezas sin tomarse demasiado en serio. La anécdota dice que este geólogo norteamericano recibe en casa a su sobrino adolescente y que con él llegan también los papeles que Max, hermano y colega del científico y padre del chico, dejó tras desaparecer en la investigación de un volcán en Islandia. Entre esos papeles está un ejemplar de la novela de Verne, colmado de enigmáticas anotaciones, lo que impone un brusco cambio de planes: viajar a Reykjavik, encontrar una guía de montaña y salir en busca de lo mismo que el protagonista del libro (y su malogrado lector) se proponían hallar.
El volcán, claro, está lleno de túneles, galerías, pasadizos y peligros, lo que significa que los tres irán a parar al corazón del planeta, vivirán entre gritos y sobresaltos, y descubrirán de todo: minas abandonadas, dinosaurios, océanos, pirañas voladoras, plantas carnívoras y un magma cada vez más amenazante.
El impacto, claro, no es el mismo en una proyección convencional, sin los famosos anteojitos y sin la sensación de estar metido dentro de la acción misma. Disminuidos esos efectos, en la construcción de los cuales parece haberse invertido toda la imaginación disponible, la película deja a la vista un cuentito de aventuras sin mucha complejidad, pero con innumerables situaciones de tensión, escenarios llamativos, algo de humor y abundancia de efectos especiales. Entretenimiento liviano, en fin, para chicos de vacaciones.
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