Murió Alberto Sordi
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ROMA (AP).- El famoso actor Alberto Sordi, uno de los grandes del cine universal, que describió los vicios y virtudes de los italianos en más de 160 filmes, falleció, dijo hoy su agente de prensa, Maria Rhule. Tenía 82 años. Sordi murió de un paro cardiorrespiratorio anoche en su residencia de Roma.
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Alberto Sordi fue no sólo un infatigable actor sino que dirigió numerosos films, y en esta doble labor hizo de la sátira de costumbres un género propio en el que supo conjugar la comicidad y el drama. Su rostro patético y una figura regordeta lo apartaron desde el comienzo de su carrera de los papeles de galanes, pero él, con su talento siempre a flor de piel y su emoción que emanaba de su voz y de sus gestos, convirtió en inolvidables a esos prototipos netamente italianos que surgían, con calidez y potencia, desde la pantalla de plata.
Sordi había nacido en Roma el 15 de junio de 1920 en el seno de una familia humilde del popular barrio romano de Trastevere. Sus padres eran docentes y a los diez años Alberto integró el coro de la Capilla Sixtina. Con este antecedente tan importante para él, cuatro años más tarde ganó un concurso organizado por la filial italiana de la Metro Goldwyn Mayer que lo llevó a doblar la voz de Oliver Hardy.
De inmediato comenzó a trabajar en teatro y luego en radio, y su primer contrato para el cine le llegó en 1937 para animar como extra "Escipión el africano", de Carmine Gallone. Un año más tarde, y ya con un papel más exigente, rodó "La princesa Tarakanova", codirigida por el ruso Fedor Ozep y el italiano Mario Soldati. Pero fue en 1951 cuando empezó la exitosa trayectoria de Sordi en el cine. Su participación en "El jeque blanco", de Federico Fellini, le abrió las puertas grandes de la popularidad y, en un año, llegó a protagonizar nueve películas, entre ellas "Juzgado a la italiana" y "Un americano en Roma", ambas dirigidas por Steno; "El seductor", de Franco Rossi; "El signo de Venus" y "Venecia, la luna y tú", ambas de Dino Risi; "La bella de Roma", de Luigi Comencini, y "Un héroe de nuestro tiempo", de Mario Monicelli.
Escalera al éxito
Durante las décadas del cuarenta y del cincuenta alternó sus trabajos en el cine con el teatro, en el que hizo su última aparición en 1952 con el espectáculo "Gran Baraonda". Pero si "El jeque blanco" ya había lanzado el nombre de Sordi a nivel internacional, sería con "Los inútiles", también de la mano de Fellini, el personaje que lo catapultó a la atracción masiva.
En sus 152 películas como actor, Sordi modeló siempre personajes a su medida. Con variedad de nombres y de trajes expuso siempre el costado satírico de la sociedad con un registro de comedia negra que rescató la mejor escuela del cine italiano, llevándola al terreno del humor. Así surgió el "neorrealismo satírico", un genero que le debe a Sordi una galería de inolvidables personajes. Pero no todo es humor y tal vez sea la máscara patética la que solía acompañar la risa con su marca definitiva. Sordi sabía captar la simpatía y la ternura del público, sabía evitar lo grosero para insertarse en lo grotesco, era un maestro en componer al hombre contemporáneo con sus sueños y en sus desesperanzas cotidianas.
Entre sus grandes personajes pueden citarse al soldado Oreste Jacovacci, de "La Gran Guerra", de Mario Monicelli; al teniente Innocenzi, de "Todos a casa", de Luigi Comencini; al periodista de "Vida difícil", de Dino Risi; al extravagante doctor de "El médico de la mutual", de Luigi Zampa; a un funcionario inserto en la mediocridad de "Un bugués pequeño, pequeño", de Mario Monicelli, o su doble papel en "El marqués del Grillo", del mismo realizador.
El gran Albertone
Con la colaboración del excelente guionista Roberto Sonego, el gran Alberto Sordi creó un personaje de italiano medio que se desenvuelve con facilidad en las más adversas situaciones. Su triunfo como actor y sus habituales aportes a los guiones de sus películas lo condujeron a emprender a mediados de los años sesenta una carrera paralela como director, siempre en producciones que también protagonizó.
Integrado por casi una veintena de largometrajes y dos episodios de otros tantos films, el trabajo de Sordi como realizador fue muy inferior al desarrollado como actor.
Entre sus films como director se destacan "Un italiano en Londres" (1966); "Un italiano en América" (1967); "Amor mío, ayúdame" (1968), y "Polvo de estrellas" (1974). En 1968 llegó por primera vez a la Argentina para asistir como invitado al Festival de Cine de Mar del Plata, visita que reiteró en 1998, donde en esa muestra internacional recibió un premio por su larga trayectoria artística. En junio de 2000, cuando cumplió 80 años, Roma lo homenajeó haciéndolo alcalde por un día. Emocionado, Sordi saludó al público en la plaza del Capitolio, antes de la proyección de uno de sus films.
Su carrera de actor se extendió hasta 1998, en que rodó "Encuentro prohibido". El siempre se reservó una parte importante en la creación de sus personajes y por eso se consideró también un autor. "Nunca esperé que alguien me dijera lo que tenía que hacer frente a una cámara", dijo cuando la Academia Filodramática de Milán le rindió homenaje. La prestigiosa institución, casi dos veces centenaria, quiso así reparar un error cometido hace mucho tiempo, cuando le había negado a Sordi el ingreso por su fuerte acento romano. Y en cálida ceremonia Sordi recibió, a los 79 años, su diploma de actor.
Mujeriego de oficio, hizo sin embargo de la soltería un culto. Vivió por décadas en una mansión con dos tías, respetando las mismas amistades, el mismo sastre y los mismos dos cafés durante el desayuno. Muertas sus tías, algunas mujeres mucho más jóvenes comenzaron a hacerle eventual compañía. Quiso ser Gary Cooper y le salió Albertone, el cómico nacional italiano que, como en el equívoco de una de sus comedias, es hoy un astro indiscutible que se suma a la cálida memoria colectiva.
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