Otra mirada sobre Borges que se queda a mitad de camino
1 minuto de lectura'
"El amor y el espanto" (Argentina/2000). Presentada por UIP. Dirección: Juan Carlos Desanzo. Con Miguel Angel Solá, Blanca Oteyza, Víctor Laplace, Norman Briski, Roberto Carnaghi, Alicia Berdaxagar, Roly Serrano y otros. Guión: José Pablo Feinmann. Fotografía: Carlos Torlaschi. Música: Martín Bianchedi, con arreglos de Gerardo Gardelín. Duración: 115 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinion: buena.
En los últimos años la cinematografía argentina reflejó, con mayor o menor suerte, el mundo personal y literario de Jorge Luis Borges tanto en su conflictivo entorno cotidiano como en su representatividad de la cultura europeísta y del ultraísmo poético dentro del ensayo y de la narrativa.
El realizador Juan Carlos Desanzo y el guionista José Pablo Feinmann retornan con "El amor y el espanto" a esa identidad borgeana, y lo hacen a partir de un universo ficcional en clave policíaca y política. Es bien sabido de las diferencias ideológicas que separaban a Borges del peronismo. Y la trama se inicia en 1946, cuando el escritor tenía 46 años de edad, el peronismo acababa de ganar las elecciones y un nuevo orden y un distinto estilo, basado en el apoyo al poder de las mayorías desprotegidas (eso que las clases altas llamaban "barbarie") se adueñan del país.
Fantasía y realidad
El escritor, que por aquella época ya había publicado varios de sus primeros libros, apenas accedía a la popularidad y trabajaba en la Biblioteca Nacional, es conminado por el nuevo gobierno a aceptar un empleo como inspector de aves, conejos y huevos en los mercados municipales. Borges se siente amenazado. Cree que su vida está en peligro, que su hasta ese entonces apacible existencia se verá convertida en una permanente tortura. Y apoyado por su siempre sobreprotectora madre se refugia en una pensión como débil desafío a una paranoia que, cada vez más, lo cerca y lo margina.
El relato intenta unir la realidad con la fantasía. Se ubica en la mente y en el miedo de Borges y recorre de su mano un amor no correspondido -su pasión por Beatriz Viterbo es honda en sus raíces, pero tenue en sus palabras-, y deja paso a los fantasmas que, de entre las páginas de sus libros, nacen como posibles salvadores de un terror que lo obliga a buscar con desesperación kafkiana una respuesta al interrogante que lo atormenta: saber si es culpable o inocente para el nuevo régimen imperante en el país.
Jugar a la confusión
El guión del film apuesta a la originalidad y a la piedad, se detiene en ovillar un laberíntico juego policial (tan del estilo borgeano) y recorre puntualmente una época que parecía pertenecer a la clase más humilde y barbárica contra la que abominó el escritor, y a la que siente como una amenaza.
No es fácil transmitir desde la pantalla grande todo ese universo laberíntico que fue la vida y la obra de uno de los mayores literatos contemporáneos de habla española. En "El amor y el espanto" aparece a cada momento ese Borges timorato, incapaz de luchar por el amor de la mujer que ama y desdeñoso de unirse a los marginados y de aceptar un nuevo rumbo que comenzaba a nacer en la Argentina.
Pero tanto el esfuerzo de Desanzo como director y de Feinmann como guionista quedó a mitad de camino entre algunos logros que, sin duda, posee el film (una excelente ambientación, una fotografía y una banda musical de primer nivel, un elenco de notable homogeneidad) y un juego algo confuso que se refleja en esos personajes que rodean al protagonista en su agónico esfuerzo por convencerse de que su temor a la muerte es apenas una cruel indiferencia.
No obstante estos reparos al relato, "El amor y el espanto" logra acercarse a ese Borges que, más allá de la realidad y de la ficción, procura descifrar muchos de sus más íntimos enigmas.
Y uno de los pilares de este logro es la notable actuación de Miguel Angel Solá, que no necesitó apelar a la macchietta ni a los fáciles tics para componer a un Borges atento mucho más a su torturado mundo interior que a su figura y a sus modales.
También las actuaciones de Víctor Laplace, Norman Briski, Roberto Carnaghi, Alicia Berdaxagar y Roly Serrano descollaron sin exageraciones en este film que, no obstante cierta morosidad y esa tentación por lo confuso, recrea los pasos de un Borges siempre dispuesto a la ironía, al escepticismo y al gusto por la mistificación, el misterio, lo fantástico y lo extravagante.
- 1
2Una batalla tras otra vs. Pecadores: el último round antes de la gran noche de los Oscar
- 3
De Timothée Chalamet a Jessie Buckley, cómo funcionan las campañas de desprestigio que cambian el rumbo de los premios Oscar
4“Una pesadilla”: el film basado en un héroe de los 80 que fue el punto más bajo en la carrera de un actor y que hoy es de culto



