
Pecados en el nombre del Dogma
1 minuto de lectura'
"Julien donkey-boy" (Idem, Estados Unidos/1999). Dirección y guión: Harmony Korine. Con Ewen Bremner, Chloe Sevigny, Werner Herzog, Evan Neumann y otros. Fotografía: Anthony Dod Mantle. Presentada por Primer Plano Film en video y pantalla grande. Duración: 94 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: regular.
Cuando hace algún tiempo el Dogma 95 se propuso constituirse en un movimiento cinematográfico transgresor y pretendidamente original, se lo recibió con estruendosos aplausos o con total indiferencia. ¿Qué aportaba de nuevo al séptimo arte ese puñado de jóvenes realizadores daneses propensos a la catarsis personal a través de sus películas?
Había que rodar historias cotidianas, se debía utilizar sin excepciones la cámara en mano, se apelaba a una deliberada desprolijidad en el montaje y en la fotografía y, preferentemente, había que convocar a actores no profesionales.
Los primeros intentos del Dogma 95 tuvieron cierta atracción, apoyados por alguna crítica que, casi siempre, marcha a contramano del gusto del público. El tiempo pasó y cuando parecía que el movimiento era ya un recuerdo hace su irrupción "Julien donkey-boy", del director y guionista norteamericano Harmony Korine, el mismo de "Kiss", que es acunado con fervor por la cinematografía independiente de los Estados Unidos.
"Julien donkey-boy", realizada hace dos años, llega precedida por varios premios internacionales. Su trama (de alguna forma hay que denominar a este impreciso juego de imágenes) gira en torno de Julien, un muchacho esquizofrénico que trabaja como asistente en una escuela de ciegos ayudándolos a manejarse en el mundo que los rodea.
Ronda de interrogantes
El joven vive con una hermana embarazada, con su hermano atleta de una escuela secundaria, con su abuela y con su padre dominante y abusivo. Estos personajes rodean a un Julien que, de pronto, comete un acto de violencia y se interna en su mundo íntimo del que surgen la imagen de su madre muerta, recuerdos de la niñez y su enfrentamiento con un mundo que lo rechaza sistemáticamente.
El film no es tan fácil de desentrañar, como se explica en estas pocas líneas. Pero los postulados del Dogma 95 siempre tendieron a complicar las cosas. Y el realizador Harmony Korine quiso ser fiel a la receta basándose en un espiral de idas, vueltas, signos que apuntan a varias interpretaciones y una mirada que, de piadosa, se vuelve rebuscada y, por momentos, imposible de digerir.
Como consejo práctico, sería atinado que a la entrada de la sala los espectadores reciban un manual explicativo en lugar del habitual programa , ya que "Julien donkey-boy" se convierte en un galimatías. Queda claro que los postulados del Dogma 95 son ya historia dentro de los numerosos intentos de directores que, con el ánimo de sentirse distintos de sus colegas, apuestan por una obra tan personal que sólo ellos pueden disfrutar.
En el rubro actoral hay que elogiar el trabajo de Ewen Bremner, el mismo de "Trainspotting", y la aparición del cineasta alemán Werner Herzog moviéndose en un micromundo que le es ajeno. Si de por sí este film fue hecho deliberadamente sobre una fotografía borrosa, su exhibición en video aumenta esta deficiencia visual, otro atentado contra la paciencia.
1
2Cómo vivió Mirtha Legrand las horas previas a su cumpleaños: un reencuentro, un detalle en la vajilla y un premio
3Robbie Williams regresa a la Argentina después de 20 años con un show en el Movistar Arena: cómo conseguir las entradas
4Rating: una imprevista eliminación recalentó la noche de última chance de Masterchef



