
Peligros y aventuras en el fondo del mar
"Mar abierto" llega a las salas
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En 1998, Tom y Eileen Lonergan quedaron a la deriva, abandonados por error, solos en medio de la inmensidad oceánica, cuando el barco que los llevó a hacer buceo más allá de la Gran Barrera de Coral, en Australia, regresó a la costa sin ellos.
Hace poco menos de dos años, el director y guionista Chris Kentis y su esposa, la productora Laura Lau, ambos además expertos en actividades submarinas, partieron de ese hecho tan minúsculo como estremecedor para hacer una película, pero con un pequeño agregado: al trasladarse la historia al Caribe, los protagonistas están a merced de la soledad, del aislamiento, del temor, de la incertidumbre... y especialmente de los tiburones.
Menos es más
Lo que resultó de esta experiencia fue uno de los hechos más sorprendentes y comentados que vivió el cine norteamericano en los últimos tiempos. "Mar abierto", con un costo de apenas 130.000 dólares, rodada en video digital con un equipo mínimo y sólo dos actores llevando todo el peso de una trama de apenas 79 minutos, ya lleva recaudados 52 millones de dólares en todo el mundo antes de su estreno en la Argentina, anunciado para pasado mañana.
"Ni remotamente, durante el rodaje, se nos cruzó por la cabeza que esta película llegaría a tener un efecto tan fuerte en la gente. Nosotros queríamos contar la historia del modo más realista posible e hicimos un trabajo del que nos sentimos orgullosos, pero en verdad no teníamos demasiadas expectativas", explica a LA NACION desde Nueva York, a través del teléfono, el actor Daniel Travis, que, al igual que Kentis, vivió con "Mar abierto" su primera experiencia en la pantalla grande.
Pero más que el inesperado éxito alcanzado por el film, que convirtió a los hasta aquí desconocidos Kentis, Liu, Travis y Blanchard Ryan en nombres a ser considerados de aquí en adelante, lo que se desprende de las palabras del actor es que la verdadera aventura no pasó por la ficción, sino por un rodaje realizado en medio de una escenografía muy peligrosamente similar a la del sobrecogedor relato.
"Blanchard y yo estuvimos en total más de 120 horas en el agua. Como Chris exigió que los actores tuvieran experiencia previa en submarinismo, no hubo en principio mayores problemas en cuanto al clima y a la situación que nos rodeaba, pero una cosa es decirlo y otra fue vivirlo, porque la filmación fue muy exigente desde el punto de vista físico; estábamos expuestos a las corrientes, a los movimientos del agua y también a los tiburones", recuerda Travis.
De hecho, una barracuda mordió a Blanchard Ryan durante el primer día de rodaje, lo que acentuó en parte algunos temores que la actriz había expresado desde el vamos. "Desde ese momento -relata Travis- traté de hacer las cosas como para que ella se sintiera bien protegida. Yo era el primero en zambullirme; rodaba todas las escenas que podía hacer sin ella y sólo en ese momento Blanchard se tiraba al mar."
En cada jornada de rodaje, muy temprano, el pequeño equipo de "Mar abierto" (integrado por los actores, el director, la productora, un par de especialistas en submarinismo y el capitán del bote) salía en busca de un lugar para el rodaje, por lo general ubicado a unos 50 kilómetros de la costa. Allí esperaban, según explica Kentis, el mejor momento para filmar de acuerdo con el color del agua, las corrientes y el estado de la marea.
"Como la película se rodó en video digital, no teníamos las limitaciones de una filmación con película tradicional. Podíamos hacer muchas tomas de cada secuencia y no escatimar tiempo de rodaje, así que siempre teníamos por delante jornadas prolongadas. En realidad, nuestro calendario era muy intenso y exigente, y nos obligaba a rodar al menos dos o tres escenas por día, algo que en general conseguíamos", detalla el actor.
La formación de Travis tiene que ver con el teatro ("soy un fanático de Shakespeare y de Tennessee Williams", dijo), pero no dejó de hacer notar que gracias a la película mejoró su entrenamiento en el buceo y que en el futuro aspira a ser convocado para hacer documentales sobre el tema. "No les temo a los tiburones -concluye-, y mis miedos durante el rodaje no tuvieron tanto que ver con esos bichos, porque ya los conocía de haber nadado muchas veces cerca de ellos. En realidad, mi mayor temor pasaba por el hecho de que estaba en mi primera película. ¡Y yo era el protagonista!"
Sobrevivir al tsunami
A veces la ficción y la realidad se parecen más de lo que podría imaginarse. Chris Kentis y su esposa, Laura Lau, después de llevar al cine un relato en el que dos seres humanos quedan a merced de la amenaza de la naturaleza, lograron sobrevivir al devastador maremoto que afectó a Asia a fines de diciembre último.
Kentis y Lau estaban de vacaciones en un hotel de la isla tailandesa de Phuket en el momento en que estalló la catástrofe. "Escuché gente gritando «¡Corre, corre!» y pensé que eso era lo que pasaba en las películas cuando ocurre un maremoto. Podías oír el estruendo y esa ola venía directo a nosotros", relató Kentis desde Singapur, cuando ya estaba a salvo.
El director huyó hacia la habitación de su hotel, ubicada en un piso elevado, mientras su esposa y su hija, de siete años, permanecían en el segundo piso de un cibercafé. De allí pudieron escapar a través de una escalera de bambú (Lau tenía a la pequeña a su espalda) y se reunieron con Kentis tras caminar hacia el hotel con el agua hasta la cintura. "Huimos varios kilómetros hacia las montañas, con nuestro equipaje", completó el director.



