
Pequeña y conmovedora historia de argentinos
"Rerum Novarum" (Idem, Argentina/2001, blanco y negro y color). Producción de carácter documental presentada por Magoya Films. Coproducida por Tríada Imagen y Comunicación, con el apoyo de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, dependiente del Incaa y la Escuela Técnica ORT número 2. Equipo de realización: Sebastian Schindel, Fernando Molnar y Nicolás Batlle. Con la banda Rerum Novarum. Fotografía: Sebastián Schindel. Cámara: Fernando Molnar, Esteban Puenzo y Sebastián Schindel. Montaje: Nicolás Batlle, Alejo Flah, Fernando Molnar, Sebastián Schindel, César D´Angiolillo, Agustín Torre y Hugo Primero. Duración: 75 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: buena.
Bien se dice que el mundo se cuenta solo: basta saber escuchar. La pequeña historia de la banda de música de la hoy desaparecida Algodonera Flandria expone mucho más que la sencilla epopeya de un puñado de hombres que no ha abandonado sus sueños y ha permanecido fiel a sus valores, sus convicciones y sus sentimientos. Habla de un país que ha ido dilapidando sus mejores tesoros, de un estado de crisis que excede largamente lo que expresan los indicadores económicos, de una cultura del trabajo que hoy parece casi extinguida, de una decadencia que nadie sabe bien dónde empezó ni cuándo termina. Pero también habla de la fe en lo mejor de la naturaleza humana, de la voluntad de seguir adelante apoyándose en los valores más nobles: la dignidad, la solidaridad, la fraternidad.
"Rerum novarum" entrega, en fin, un testimonio del estado actual de las cosas y su retrato es tanto más claro y conmovedor porque no está contenido en el zigzag de un cuadro estadístico o las cifras de alguna tabla comparativa, sino encarnado en personas. Son ellos, los miembros de la banda, los que arman el retrato entremezclando recuerdos, anécdotas y vivencias muy actuales, señalando las marcas del tiempo en los lugares que han recorrido desde la infancia o volviendo a calzarse el uniforme para llevar su música por ahí, a donde se la necesite. Gratis, como siempre. Por amor, por el deber moral de no fallarles a los compañeros, por el puro placer de hacer música.
Aunque no sean virtuosos y aunque a veces desafinen. No importa: su lección es de vida, y la entregan sin proponérselo. Recuerdan por ejemplo que no les quedó nada cuando cerró la fábrica, en 1996: "Nada más que los instrumentos, los uniformes y las ganas de tocar..." y todos comprendemos hasta qué punto en esas ganas reside su fortaleza.
Sabia discreción
Sería reiterativo volver a la historia de este establecimiento ejemplar del pueblito de Jáuregui, próximo a Luján, y de la banda que terminó siendo su fruto más perdurable. Se ha hablado mucho de ellos en estos días. Sólo conviene tener en cuenta que en el fenómeno singular se reflejan otras tantas historias similares: es la Algodonera Flandria y son centenares, miles de empresas, de pueblos, de personas, que han padecido las mismas dolorosas experiencias y que, a su modo, también resisten. Cuando el retrato es lúcido y preciso, ya se sabe, termina por revelar mucho más de lo que se propone.
Así sucede con el que emprendieron Sebastián Schindel, Fernando Molnar y Nicolás Batlle al conocer a la banda Rerum Novarum. Es un trabajo hecho a pura sensibilidad, con infinita discreción y respeto y con clara conciencia de que lo que importa aquí es lo que exponen los protagonistas y tal como lo exponen: cualquier virtuosismo formal sería una interferencia; cualquier truco narrativo para potenciar la emoción, un golpe bajo; cualquier intento de discurso ideológico, una manipulación inaceptable. Hay un empleo igualmente riguroso de documentos filmados: imágenes de la algodonera y de la villa levantada en sus vecindades cuando la fábrica estaba en pleno funcionamiento, algunas visitas famosas que quedaron en la memoria del pueblo, las ceremonias en las que participó la agrupación, por ejemplo. También hay varios hallazgos expresivos cuando se captura la callada emoción de uno de los músicos mientras escucha una vieja grabación de la banda, la sencilla diversión del grupo cuando celebra un aniversario o el orgullo que revelan todos cuando hablan de esa Rerum Novarum en la que primero fueron obreros o empleados de la fábrica y que hasta hoy se renueva con la llegada de hijos, sobrinos y nietos.
Tampoco desaprovechan los jóvenes realizadores la simpática, tierna desenvoltura de los miembros más veteranos y expansivos (Américo, el "tamborero" es pura vivacidad y transparencia). Pero siempre se las arreglan para que la cámara sea lo menos intrusa posible y hay más de un momento en que el registro del film adopta la espontaneidad de una grabación casera.
Que "Rerum Novarum" no se presente con el habitual (y generalmente pretencioso) "un film de..." y prefiera elegir la fórmula "equipo de realización" para colocar en los créditos el nombre de sus realizadores no es un dato menor. Revela la actitud que anima a Schindel, Molnar y Batlle, y también su sincero, profundo compromiso con el material.
No conocemos el repertorio completo de la banda -aquí muestran su eclecticismo tocando Strauss, "A mi manera", un cántico religioso, "La cumparsita" o "Acuarela do Brasil"-, pero bien podrían incluir en él, y con toda autoridad, aquella chacarera de Fito Páez que se pregunta "¿Quién dijo que todo está perdido?" Todos los músicos de la Rerum Novarum -y también los jóvenes realizadores que pintaron su retrato en este documento noble y conmovedor- son, está claro, de los que vienen dispuestos a ofrecer su corazón.





