Policías contra policías
Duelo entre Depardieu y Auteuil en la película francesa
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"36 Quai des Orfèvres". No hace falta haber estado en París para que suene familiar el nombre de esta calle que corre a lo largo del Sena sobre el borde sur de la Île de la Cité, en el corazón de la capital francesa. Lo recordarán los cinéfilos que hayan visto el viejo film de Henri-Georges Clouzot que llevó ese título y aquí fue conocido como "Crimen en París" (1947) y les sonará más familiar aún a los seguidores (en los libros o en el cine) del inspector Maigret, cuyas aventuras transcurrieron muchas veces en torno de esa calle. Sucede que en el 36 de la vía ribereña, así llamada porque abundaban en ella los joyeros, se asienta la sede histórica de la Policía Judicial. Y es también el escenario donde tiene lugar el tercer encuentro de Gérard Depardieu y Daniel Auteuil en el cine. El film, que dirigió Olivier Marchal y es, claro, una historia de policías, será estrenado por Alfa con un título menos preciso: "El muelle".
La primera vez que el cine unió a estos dos gigantes de la pantalla francesa fue en el escenario rural de "Jean de Florette", donde Depardieu era el ciudadano noble e ingenuo que llegaba al campo provenzal como heredero de una finca y chocaba con la avidez de sus vecinos, en especial del hombre rústico, codicioso y falto de escrúpulos que animaba Auteuil. La segunda, el tono fue más risueño: en "El placard", Auteuil era un falso gay y Depardieu un homófobo a quien la experiencia llevaba a un inesperado cambio de conducta.
Pero en este caso el ambiente es denso y sombrío. Como que "36 Quai des Orfèvres" se inscribe en la tradición del policial francés, con su negrura, su atmósfera crepuscular, su austeridad y sus personajes herméticos y turbios, y descubre las tensiones internas -a veces, verdaderas guerras- que se libran entre quienes comparten la dura rutina de la lucha contra el crimen.
Y si es una rareza ver a Depardieu en la piel de un policía, papel que sólo asumió una vez (en "Police", de Maurice Pialat), porque cree que el cine lo ha confinado al estereotipo, se comprende que haya hecho una excepción: el director de la película es un ex policía, y en el guión intervino otro, Dominique Loiseau, cuya historia inspiró el film.
Un poco de historia
Hechos reales que convulsionaron a la policía de París en los años 80 son recreados en la película, aunque ésta, según palabras de Marchal, es una trasposición en la que mezcló recuerdos personales con la historia de Loiseau. Es también un homenaje a este ex colega que pasó injustamente seis años en prisión, hasta que lo indultó el presidente Miterrand. Conviene, pues, hacer un poco de historia.
Loiseau, agente de la BRI (Brigada de Investigación e Intervención), participó activamente en las operaciones que lograron desenmascarar a una camarilla de policías corruptos pertenecientes en su mayoría a la BRB (Brigada de Represión de la Delincuencia), otro grupo de elite del mítico Quai des Orfèvres. Los cargos eran serios: estafas, secuestros, ataques a mano armada. El caso generó una convulsión interna cuyos ecos aún se sentían cuando al poco tiempo se produjo otro hecho grave: policías de los dos grupos de elite estaban al acecho de una sanguinaria banda dedicada al robo de transportadores de caudales cuando el jefe de la BRP, desoyendo la orden de no atacar hasta que los delincuentes estuvieran fuera de la zona urbana, comenzó a disparar en un intento de resolver la cuestión por su cuenta. Provocó así un tiroteo que frustró la captura de los malvivientes y dejó el saldo de dos muertos, uno de ellos policía.
En seguida, una verdadera revuelta se produjo en el Quai des Orfèvres: los que habían sido testigos del episodio exigían duras sanciones. Pero la rebelión fue sofocada y tal vez para cubrir el fracaso del operativo y distraer a los medios, la administración estimuló rumores según los cuales el policía muerto integraba al grupo de corruptos; a esa misma lista -siempre es útil un chivo expiatorio- se sumó el nombre de Loiseau, que terminó condenado en 1990 a 12 años de prisión. En aquel momento, Olivier Marchal, que admiraba a Loiseau desde sus tiempos en la Escuela de Policía y nunca creyó en su culpabilidad, pasó a integrar la división antiterrorista. El responsable de iniciar la masacre, por su parte, ascendió a subjefe de la Policía Judicial.
Ese es el personaje, ambiguo y oscuro, que en el film anima Depardieu. El de Auteuil, que en la ficción es hoy su rival y antes fue su amigo y de quien lo separaron razones profesionales y también personales, es el policía en quien se reconocen los rasgos de Loiseau. "Quise hacer un film sobre el descenso a los infiernos de un gran jefe del 36 Quai des Orfèvres. Una especie de conde de Montecristo moderno, con el mundo policial como telón de fondo y los grandes temas de la tragedia: amistad, amor, traición y venganza", ha dicho el realizador, que también confesó su intención de componer un "Fuego contra fuego" (Michael Mann, 1995) a la francesa. "Como en ese film (que animaban Al Pacino y Robert De Niro), me pareció interesante provocar un duelo entre dos personajes fuertes y hacerlos interpretar por dos monstruos sagrados del cine francés", añadió.
En la ficción, ese duelo tiene que ver con la sucesión del más alto cargo en la Policía Judicial. A punto de retirarse, el jefe (André Dussolier) les confía que ellos, sendos responsables de las dos brigadas, son sus candidatos y que se decidirá por aquel que logre primero desbaratar la violenta banda que saquea camiones blindados.
Mucha de la experiencia vivida por Marchal se cuela en el relato: "En el papel de Auteuil, el itinerario dramático es el de Loiseau pero el modelo fue uno de mis jefes, un policía con clase, buen tipo, crecido entre delincuentes, que andaba por los boliches, frecuentaba prostitutas y criminales y tenía un modo particular de trabajar, a la antigua, sobre la base de la palabra empeñada y con métodos del hampa. Le decíamos Fifí el Elegante y terminó, él también, en prisión, por haber cubierto a un informante en un caso de drogas".
No sólo hubo un policía detrás de la cámara y otro en la escritura; ex colegas de Marchal aparecen también en la escena de un agasajo que termina en francachela y bordea el documental, gracias a que la bebida servida en el rodaje era real y favoreció la naturalidad de los improvisados actores.
¿Qué hace un ex policía detrás de la cámara? Marchal, que hizo un aplaudido debut con "Gangsters", lo explica así: "He visto tantas cosas horribles que hacer cine es quizás un modo de liberarme de ellas"."
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