
Promesas del Este : la violencia está en(tre) nosotros
El jueves llegará la última película del autor de La mosca y Una historia violenta , por la cual Mortensen es candidato al Oscar como mejor actor
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En los años 70, se le escuchó decir a Sam Peckinpah, el famoso director norteamericano que cambió la forma de mostrar la violencia en el cine, que uno de sus principales objetivos era que el público descubriera “la verdadera dimensión del agujero de una bala”. Lo hizo en clásicos como La pandilla salvaje, Los perros de paja y La fuga. Un tiempo después, el canadiense David Cronenberg alcanzó la fama primero mostrando otro tipo de “perforaciones”, las vinculadas con el horror corporal, con las infecciones, y se lo llegó a definir como “el director venéreo”, porque lo psicológico aparecía vinculado indefectiblemente con lo físico. La filmografía de Cronenberg es vasta y sólida. Hay suspenso y terror fantástico en obras como Scanners y la kafkiana La mosca, planteos delirantes relacionados con los medios audiovisuales con vida propia, como Videodrome y eXistenZ, revisiones de universos delirantes como ocurrió en El almuerzo desnudo, y perversas en relación con la muerte, tal el caso de la provocativa Crash, extraños placeres y, finalmente, con las que desata nuevamente la violencia psicológica y física, en un plano más realista. Primero fue Una historia violenta, en la que un personaje miente su presente pero al no conseguir borrar su pasado, acepta luchar contra él, hasta derrotarlo.
Promesas del Este, la película que el jueves estrena Distribution Company, y tiene como figura principal a Viggo Mortensen, cuenta una historia que tiene que ver con el bien y el mal, con secretos bien guardados y con un mundo de oscuridad y extrema violencia, escondido en la Londres actual, donde opera la mafia rusa y el Servicio Federal de Rusia, más conocido por su sigla FSB, un equivalente de la KGB moderno.
“Es una historia de gangsters y del crimen organizado. Para ellos, la violencia es una forma de vida, no es una cuestión de venganza, sadismo o el placer mismo de asesinar”, asegura el cineasta que el 15 de marzo cumplirá 65 años. “Asesinar es su negocio, algo muy fascinante. Si uno se dispone a hacer una película acerca de gangsters es fundamental incluir el tema de la violencia de una manera natural. ¿Por qué de una manera tan extrema? Quiero que el público entienda cuál es la realidad física de la violencia, qué es la destrucción de un cuerpo humano. Lo trato no como un evento cinematográfico, sino como humano y físico”, explicó Cronenberg en la rueda de prensa del último Festival de San Sebastián, donde fue uno de los invitados de lujo junto con Viggo Mortensen, candidato al Oscar como mejor actor, en la misma lista que ocupan George Clooney, Daniel Day-Lewis, Johnny Depp y Tommy Lee Jones, un grupo que, seguramente, se sacará chispas la noche del próximo domingo 24 en Hollywood.
De Rusia con amor
Nikolai Luzhin (Mortensen) es el enigmático y seductor chofer de una de las familias más importantes del crimen organizado en Londres, que pertenece a la Vory V Zakone (léase mafia rusa), cuyo padrino es Semyon (Armin Muelher-Stahl), el dueño de un lujoso restaurante ruso. Pero la familia se tambalea por culpa de Kirill (Vincent Cassel), hijo descarriado que obedece más a Nikolai que a su propio padre. Para Nikolai, un guardaespaldas de temible sangre fría a la hora de las decisiones y acciones más descarnadas, las cosas cambian cuando conoce a Anna Khitrova (Naomi Watts), una partera que trabaja en un hospital, muy afectada por la irrupción en la guardia de una adolescente que muere dando a luz, y decide buscar a la familia de la chica basándose en el diario que ella dejó escrito en ruso, y de esa forma encontrar un hogar para la beba recién nacida. Este es el principio de una historia oscura, que mezcla romance con extrema violencia, que también incluye la presencia de Sinéad Cusack, y al también director Jerzy Skolimovsky, como los padres de Anna.
“El personaje de Naomi Watts dice en la película que la vida y la muerte van de la mano. A cualquier artista, de una forma u otra, le preocupa la naturaleza de la vida y de la muerte y para mí es algo que abordo de una manera muy natural –explica Cronenberg–. Hay muchas clases de violencia, además de la física, como la psicológica emocional y la social… La verdad es que no hay mucha violencia en esta película si nos fijamos en el metraje, ya que suman nada más que cinco de una película que dura cien minutos. Dado que esas escenas tienen un enorme impacto, el espectador piensa que ha visto algo muy violento. Durante toda la película se tiene la sensación de que se va a desatar la violencia, pero comparada con Los infiltrados, el recuento de cadáveres es muy bajo. En cuanto a la FSB, todos los países del mundo tienen una policía secreta equivalente: la película aborda la emergencia de una nueva Rusia, que se asemeja a la antigua Unión Soviética. Hay una forma interesante de capitalismo que surge de esta nueva Rusia, que es muy cruda, muy básica, y nos recuerda qué aspecto tiene el capitalismo antes de trascurridos cien años de evolución. El agente de la FSB que aparece en mi película es, a fin de cuentas, un héroe, y por eso el presidente ruso, Vladimir Putin, estará contento con mi film”, asegura.
“Nikolai se revela de a poco con el público. Logra lo que quiere hacer y al hacerlo termina con la posibilidad de una vida como la de cualquier otro con una mujer –explica a propósito del protagonista de su película–. Conozco a Viggo como la palma de mi mano y por eso lo puedo manipular”, confiesa, en referencia al actor que parece haberse convertido en su fetiche como en otros tiempos lo fue Jeremy Irons. “Hay una mezcla de ficción y realidad –asegura el cineasta–, pero investigamos mucho lo que ocurre en Londres hoy para que todo tenga un aspecto verosímil, sin necesidad de que en realidad sea así. Nos preocupamos por la jerga, los tatuajes, la ropa, los lugares, pero de ninguna manera mi película es un documental acerca de la mafia rusa en Londres.”






