Solondz hace estallar el material inflamable de su nueva película
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"Storytelling-historias de ironía y perversión" ("Storytelling", Estados Unidos/2001). Guión y dirección: Todd Solondz. Con Selma Blair, Paul Giamatti, John Goodman, Robert Wisdom, Lupe Ontiveros, Leo Fitzpatrick, Julie Hagerty, Mark Webber y Franka Potente. Fotografía: Frederick Elmes. Edición: Alan Oxman. Música: Nathan Larsson y Belle and Sebastian. Producción de Killer Films y Good Machine presentada por Eurocine. Duración: 95 minutos.
Nuestra opinión: muy buena.
Apenas cuatro películas le han alcanzado a Todd Solondz para convertirse en un cineasta de búsquedas y estilo bien definidos: un creador con sello propio. Con sólo apreciar unos pocos fotogramas de "Mi vida es mi vida", "Felicidad" o "Storytelling" el espectador sabrá que está inmerso en el ácido, cínico y tragicómico universo de este director idolatrado por algunos y odiado por otros.
Considerado uno de los realizadores más irreverentes del cine independiente norteamericano, Solondz redobla con cada nueva película su apuesta y juega conscientemente a la provocación, aspirando siempre a ser mucho más radical que sus colegas generacionales. Así, "Storytelling" puede verse como una desenfrenada combinación entre la mirada al patetismo escolar y familiar de Wes Anderson ("Tres es multitud", "Los excéntricos Tenenbaum") y la despiadada descripción de las miserias psicológicas de los adultos concretada por Neil LaBute ("En compañía de hombres", "Tus amigos y vecinos").
"Storytelling", que llega aquí luego de múltiples enfrentamientos con la censura estadounidense en versión prácticamente completa (el director hizo por decisión propia un pequeño corte en una escena de sexo explícito), está dividido en dos grandes segmentos: "Ficción" y "No ficción".
El primero comienza con el noviazgo entre Vi (Selma Blair), una atractiva estudiante que concurre a un taller literario, y Marcus (Leo Fitzpatrick, el actor de "Kids"), un compañero de clases que sufre diversas deformidades producto de una parálisis cerebral. A la hora de las lecturas de sus trabajos, ambos son sucesivamente humillados por el profesor Scott (Robert Wisdom), un hombre maduro, arrogante y perverso que se dedica a seducir a sus alumnas para luego fotografiarlas y abusar de ellas. En este segmento (bastante más corto que el siguiente), Solondz indaga en las complejas y por momentos sadomasoquistas relaciones interraciales entre el maestro negro y una adolescente blanca para así cuestionar la corrección política estereotipada y bienpensante que, según él, está impregnada de un claro sesgo racista y tranquilizador que impera en buena parte de la sociedad estadounidense. Además, aparecen de manera más lateral otras temáticas recurrentes en su filmografía como la discapacidad o los excesos y represiones sexuales.
Por su parte, "No ficción" abandona el ámbito del college para centrarse en el mediocre entorno familiar de Scooby (Mark Webber), un joven sin grandes luces ni aspiraciones que está a punto de terminar la secundaria y soporta la presión de sus padres (extraordinarios John Goodman y Julie Hagerty) que sueñan con un futuro universitario para él. Scooby y sus insoportables hermanos menores terminan siendo el objeto de estudio de un decadente y ambicioso documentalista (gran trabajo de Paul Giamatti) que decide filmarlos en su cotidianidad para conseguir un retrato supuestamente genuino sobre la crisis de los jóvenes de clase media de su país.
Solondz vuelve a trabajar en este episodio de forma directa, impiadosa y descarnada la disfuncionalidad de la familia tipo norteamericana, la crisis de identidad y la falta de perspectivas de los adolescentes bombardeados desde los medios de comunicación con discursos sobre el poder y el éxito, y otras cuestiones no menos controvertidas como la xenofobia disfrazada (con el personaje de una criada salvadoreña interpretada por Lupe Ontiveros como víctima), el Holocausto o la pena de muerte. También arremete contra la pretenciosidad de los artistas más intelectuales (con burla a "Belleza americana" incluida) y en varios pasajes hasta se las ingenia para ajustar cuentas con los detractores de su obra.
Como podrá intuirse luego de esta enumeración (que además es muy parcial), Solondz no repara en críticas y cuestionamientos. Estamos en presencia de un director que gusta provocar y hasta incomodar al espectador, que en su sátira casi grotesca no tiene miedo a los excesos ni al ridículo. Una apuesta destinada a un público que no se impresiona fácilmente, que busca un cine que cuestione y lo cuestione. Un material inflamable, inteligente y por momentos también revulsivo destinado a la polémica más encarnizada.





