
Trama demasiado complicada
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"Juego de espías" ("Spy Game", Inglaterra-Estados Unidos/2001). Dirección: Tony Scott. Con Robert Redford, Brad Pitt, Catherine McCormack, Stephen Dillane, Larry Briggman y otros. Guión: Michael Frost Beckner y David Arata, basado en una historia de Michael Frost Beckner. Fotografía: Dan Mindel. Música: Harry Gregson-Williams. Presentada por Nu Visión. Duración: 128 minutos.
Nuestra opinión: regular.
No es tarea fácil esbozar en pocas líneas todo lo que ocurre en "Juego de espías". Y no sólo esta tarea se hace dificultosa porque la historia recorre caminos más que escarpados, sino que se agrega a ellos una serie de intrincados elementos que obligan al espectador a desplegar una sutileza y una memoria que, seguramente, se irán reduciendo a medida que el relato llega a un final que intenta la sutileza y cae en una moraleja nada edificante.
En resumen, el protagonista del relato es Nathan Muir, un veterano oficial de la CIA que, a un día de retirarse de su actividad, se entera de que Tom, un joven que alguna vez fue su protegido, se halla detenido en una cárcel china acusado de espionaje, y será ejecutado de inmediato.
Corre 1991 y la Guerra Fría está en sus postrimerías. Como último servicio de su carrera, Nathan está frente a sus jefes de la CIA, los que temen que el episodio inicie un incidente internacional, y le proponen esbozar un plan para rescatar a ese Tom torturado y al borde de la muerte.
De aquí en más el film se inserta en una espiral cada vez más complicada. Nathan recuerda todas y cada una de las acciones secretas que compartió con Tom, sospecha que sus jefes le están tejiendo una trampa y apuesta a su sagacidad para salvar a ese muchacho que, entre el valor y la temeridad, cumplió su servicio de espía con lealtad y honor.
Entre el pasado y el presente -los flash-back interrumpen permanentemente la historia- el film recorre las venturas y las desventuras de los dos protagonistas en tanto, y como telón de fondo, se trata de apuntar a la compleja metamorfosis que sufrió la CIA entre 1975 y 1991, época volátil en múltiples frentes del mundo.
Director fogueado
El realizador Tony Scott, cuya filmografía abarca géneros tan disímiles como la comedia, el thriller y la acción, sin olvidar a la laureada "Top Gun", procuró inyectar cierto aire de entretenimiento a "Juego de espías". Pero su empeño se vio bastante frustrado al tener en sus manos un guión que se enreda en su propia maraña, de la que nunca puede emerger.
La trama abarca dieciséis años de la historia norteamericana contemporánea y se instala en China, en Beirut y en otras espectaculares locaciones. Pero muy pronto todo ello se convierte en un inmenso rompecabezas que obliga a la permanente atención del espectador, que seguramente cambiará su interés por algo de sopor.
Robert Redford y Brad Pitt son los protagonistas de este entretejido, y ambos aportan seducción y logrados matices. Sin embargo, ni ellos, ni el resto del elenco, ni los impecables rubros técnicos son suficiente basamento para que "Juego de espías", pese a la audacia de las cámaras en permanente movimiento y de un excelente montaje, logre atraer más allá de un relato que pedía mayor entretenimiento y menos audacias adivinatorias.



