Trapero, por nuevos mundos
El realizador se hace cargo de la dirección y la producción de su segundo largometraje, lo que le permite mayor control
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"La idea que organiza la película es como si, de repente, el protagonista viviera una fantasía, como si fuera espectador de su propia vida", anticipa Pablo Trapero, que hoy reanuda la filmación de "El bonaerense", su segundo largometraje. Y es en este concepto donde su doble rol de cineasta y productor se asemeja casi dramáticamente al de Zapa, el personaje central del film.
Es que a partir de la primera semana del rodaje que Trapero concretó en Suipacha, a mediados de diciembre, la situación social y financiera del país entró en una espiral depresiva que llevó al cineasta a alternar sus tiempos, saltando entre bancos y reuniones de producción para decidir si la película se postergaba indefinidamente o, con el mejor ánimo posible, reemprendía la tarea. En una palabra: Trapero supo como nadie lo que es filmar dentro del "corralito".
Desde el momento en que se decidió a continuar, la actividad de Trapero oscila entre el cine y la economía cotidiana. Y de sus avatares tiene mucho para hablar, no porque fuese un experto (aunque esté haciendo un curso acelerado) sino porque los vaivenes lo llevaron a ser el gestor de una de las dos películas que actualmente se filman en la Argentina. Como para dar fe de las dificultades que acarrea su oficio.
-¿Largarse a filmar en medio de la crisis no es suicida?
-Es mucho más difícil de lo que esperaba. De hecho, venía postergando este rodaje desde hace más de un año. Las diferentes situaciones que fueron ocurriendo me hacían esperar un momento mejor. La película tiene una buena base de producción, algo indispensable para hacerla (ganó un concurso de coproducción del Incaa; cuenta con apoyo del Fonsud, de Francia, y de Ibermedia; con coproducción de Francia y posiblemente también de Alemania). Cuando tuvimos todos estos elementos, me animé a decir "hagámosla". Y en la primera semana de filmación nos tocaron los anuncios de Cavallo. En ese momento todos los integrantes del equipo entendimos que perdíamos mucho más si parábamos el rodaje, y decidimos seguir. Ese fue el comienzo de la debacle en la que estamos inmersos. La realidad es muy difícil de conciliar con la idea de hacer una película, en la que se gastan miles de dólares por semana, y uno tiene que salir a producir con las limitaciones de los bancos.
-¿Cuál es el costo del film?
-Se había calculado un costo aproximado de un millón y medio de dólares, cifra que depende de cómo terminemos de armar la película. Pero en estas condiciones filmar es casi milagroso, porque perdemos mucho tiempo en cosas que no tienen que ver con la película. Si bien no es un policial, tiene la estructura de producción de ese tipo de película, que es muy cara: hay uniformes, mucho vestuario "de calle", patrulleros, decorados complicados, filmaciones con efectos. El ochenta por ciento de los personajes son policías, la historia transcurre entre comisarías, patrulleros, polígonos de tiro, cursos de entrenamiento...
-¿"El bonaerense" no tiene actores conocidos por su bajo presupuesto?
-Podría haber trabajado con actores famosos, porque de hecho, a partir de "Mundo grúa" tuve esa oportunidad. Pero para este film no era útil. Es como si en el anterior, en lugar de estar El Rulo -que era un personaje desconocido- hubiera estado Federico Luppi. Hubiera sido una película completamente diferente (sin desmerecer la capacidad de trabajo de Luppi). Si ves una cara famosa, las cosas viran hacia otra dirección. Si aparece algún famoso, será en el rol que tiene en la vida cotidiana; no disfrazado de policía. Hicimos casting durante mucho tiempo. Hay más de cuarenta actores en la película. Y Jorge Román, el protagonista, es un actor muy bueno. Como dato curioso, absolutamente casual, su padre también es policía.
-¿Cuál es la historia de "El bonaerense"?
-Es la historia de un muchacho que de repente tiene que convivir con un mundo nuevo. Un tipo común, que labura en una cerrajería de pueblo y que por una situación que se presenta en su vida de pronto se ve envuelto en relaciones con la policía y termina ingresando en esa institución. Y ahí está la clave sobre la que se construye el resto de la historia. No es la película de un policía con veinte años de servicio. Es la de un hombre que empieza como civil y termina convertido en un miembro de la institución policial. Lo que va desarrollándose en el medio es esa especie de metamorfosis en la que él, inconscientemente, se ve cada vez menos parecido a un civil. Por eso fue tan difícil la construcción del guión.
-¿Por qué?
-Son tan estimulantes la realidad de la policía bonaerense y la cantidad de hechos que ocurren a diario (que incluso a veces nos resultan increíbles) que lo más difícil para armar esta película fue encontrar un equilibrio donde uno pudiera seguir la historia y no intentar reconocer lo que ya escuchó miles de veces sobre la bonaerense. Hubo un proceso muy intenso de elaboración del guión que hice en colaboración con Dody Scheuer, que me ayudó mucho a organizar, a despejar la película y no convertirla en un rosario de hechos truculentos de la policía. El film tiene momentos donde hay mucha acción, como ocurre en la vida de un policía, y otros en los que hay una contemplación casi idéntica a la que Zapa tenía cuando era cerrajero y estaba en su pueblo mirando lo que ocurría en la calle. Se combinan violentamente momentos de mucha intensidad dramática y de mucha linealidad, que es lo que va construyendo este personaje.
-¿Qué te llevó a escribir sobre el mundo de un policía bonaerense?
-Lo del título surgió en 1993. Yo soy de San Justo, donde viví casi toda mi vida. Y desde que empecé a escribir este guión la idea era armar una película sobre la vida en el Gran Buenos Aires. En diferentes etapas, la película fue transformándose en distintos argumentos, pero lo que siempre estuvo como base era de qué manera se podía describir, intensa y claramente, cómo es la vida allí, que obviamente es muy distinta de cómo es a dos cuadras de la avenida General Paz para el lado de la capital. Al mismo tiempo, siempre sufrí el temor por la policía bonaerense porque era mi vida cotidiana: en el cruce de la General Paz hacia la provincia siempre estaba el miedo de que te parara la cana o que pasara algún episodio. El término "bonaerense" define los dos momentos de la vida del protagonista: como habitante de la provincia y como miembro de la fuerza policial.
-¿Cambia la manera de filmar cuando hay más dinero?
-En ciertas cosas es para peor, porque genera más presiones económicas. Otro planteamiento (no es lo mismo moverse con un equipo de quince personas que con uno de treinta; ni filmar con una camarita de 16 que con una de 35 milímetros, que es un aparato inmenso). Pero el cine es una actividad industrial, entonces el dinero también te facilita muchas cosas. Esta película es un desafío para encontrar el promedio entre las ventajas que puede darle al film una producción más grande y al mismo tiempo poder rescatar cierto clima de laburo que tenía en "Mundo grúa", que era de características casi opuestas a "El bonaerense".
-¿Hay puntos de contacto entre este film y el anterior?
-Tiene un punto de partida muy similar. "Mundo grúa" era la historia de un hombre que no tenía trabajo, necesitaba buscarlo y eso le modificaba el resto de su vida. Me gusta trabajar sobre personajes que son afectados por su mundo laboral. En este largometraje, para el protagonista el mundo de la policía es su trabajo. No ingresa en la institución como una forma de militancia por la justicia. Aquí el rol del policía está visto como si fuera un trabajo. Pero lo que le ocurre al Zapa visualmente es mucho más fuerte que lo que le pasaba al Rulo.
-¿En qué sentido?
-No es lo mismo cuando al Rulo lo echan del trabajo y lo mandan al Sur (algo que de por sí es fuerte) que el comisario lo eche al Zapa de una comisaría y lo envíe a otra, donde, además de los problemas que pueda tener, en muchos casos está en riesgo la propia vida.
-¿Por qué no filmás en blanco y negro?
-Porque si bien el mundo del Gran Buenos Aires no es colorido es muy estimulante: hay mucha saturación de elementos.Y lo interesante es que aunque está lleno de color, la gama es gris, llana. Por eso buscamos trabajar la fotografía respetando ese entramado de colores.
-¿La repercusión de "Mundo grúa" te generó una presión extra al encarar un segundo film?
-Hacer una película nunca es fácil: siempre es un peso. Cuando estaba haciendo "Mundo grúa", el peso era si la iba a poder terminar, si llegaba a estrenarla, si la iría a ver la gente y si iba a gustar. En ese sentido, creo que estoy mejor que antes: supongo que hay un público que vio "Mundo grúa" al que le puede dar curiosidad saber qué es "El bonaerense". Y eso me ayuda a tener confianza en una segunda película. Yo no puedo hacer que a la gente le guste una película. Creo que ése no es el camino. Desde luego, me interesa que el film tenga buena aceptación. Pero no lo siento como una presión. Creo que es al revés: en principio puedo pensar que por lo menos habrá un sector del público que querrá ver "El bonaerense". Y si les gusta, mucho mejor. Mi objetivo con "Mundo grúa" era terminarla y mostrarla. Todo lo que viniera después era yapa. Y en este caso es parecido, con la diferencia de que afuera ya hay una expectativa por ver "qué hizo este pibe". Pero también es un trabajo sacarme eso de la cabeza, porque si no molesta y no deja hacer.
Con el estilo de los Campanelli
Su abuela y su papá, en cámara
Si bien "El bonaerense" es una película con locaciones variadas (se filma en esta capital, en La Plata y en distintos puntos del Gran Buenos Aires), que acrecienta la condición de transhumante que puede tener un artista, evidentemente Trapero no tendrá inconvenientes por el desarraigo afectivo que esto pudiera acarrearle.
Es que junto al grupo de trabajo del cineasta aparece toda su familia, casi sin excepciones. El rol más relevante es el de su abuela, Graciana Chironi, que a los ochenta años compondrá a la madre del Zapa (así como fue la de El Rulo en "Mundo grúa").
Esta señora simpática y sumamente coqueta ("la directora de vestuario tiene que luchar con ella para que no salga a toma superproducida", acota entre risas su nieto) había obtenido su experiencia actoral en "Negocios", un corto de Trapero que fue el puntapié inicial para su carrera como realizador.
En "El bonaerense" también aparece el padre de Trapero, que interpreta a un personaje del pueblo, tras su debut "profesional", también en el corto antes mencionado. La madre y la tía del joven realizador, especialistas en deliciosos platos caseros, son las encargadas del catering. Y Martina, su esposa, con su embarazo de seis meses a cuestas ("es un varón", despeja las dudas Trapero), interviene en la producción.
Remedando a Adolfo Linvel en "Los Campanelli", un ciclo que hizo historia en la televisión argentina, "no hay nada más lindo que la familia unita ". Por lo menos, para el director.
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