
Un cuento encantador
"Winnie Pooh y el pequeño efelante" ("Pooh´s Heffalump Movie", EE.UU./2005, color). Producción de dibujos animados presentada en versión doblada al español. Dirección: Frank Nissen. Guión: Brian Hohlfeld y Evan Spiliotopoulos, basada sobre personajes creados por A. A. Milne. Música: Joel McNeely. Canciones originales: Carly Simon. Edición: Robert Fisher Jr. y Anthony F. Rocco. Presentada por Buena Vista Internacional. Duración: 63 minutos. Apta para todo público.
A estas alturas, entre tanto film de animación que se propone al mismo tiempo entretener a los chicos y divertir con sus guiños a los adultos, "Winnie Pooh y el pequeño efelante" parece una especie de curiosidad. Lo es no sólo porque está francamente destinado a un sector poco atendido por el cine reciente -los más chicos-, sino porque se despreocupa de cualquier innovación espectacular en su concepción visual, porque pone el acento en la narración de una historia sencilla, encantadora en su frescura y su ingenuidad, y porque recupera la gracia inefable de aquellos cuentitos que los oídos infantiles siempre están dispuestos a escuchar una vez más. Winnie Pooh y sus amigos no necesitan ser presentados a los más chicos, que los tienen entre sus favoritos. Tampoco es necesario recordarles que el osito mielero suele ceder el protagonismo de las historias a alguno de sus compañeros, como el tigre Tigger y el chanchito Piglet, que ya tuvieron su oportunidad en dos largometrajes anteriores.
El elefante y el canguro
Sucede otra vez en este caso. Los "heffalump" (efelantes en la versión local) sólo existían como una especie de cuco en la imaginación de Pooh, Piglet y sus amigos, pero jamás intervinieron en las historias de Alan Alexander Milne, el escritor inglés creador de los populares personajes. Pero esta vez, las míticas y terroríficas criaturas que representan para el grupito el miedo a lo desconocido se hacen presentes.
Unas enormes huellas que aparecen en el Bosque de los Cien Acres son las primeras señales. Con indisimulable aprensión y bastante bien pertrechados (al pobre burro Igor le toca la carga más pesada), la pandilla decide entonces emprender la cacería del "monstruo". Pero, por razones de edad, dejan fuera de la expedición a Rito. El cangurito se las arregla lo mismo para sumarse a la arriesgada aventura y es él quien da finalmente con el responsable de las huellas. Sólo que el temible efelante no resulta ser una criatura tan horripilante, sino un elefantito color lavanda que se llama Lumpy y se muestra muy sorprendido cuando el canguro le asegura que "todo el mundo sabe que los efelantes son peligrosos".
Entre la presunta cacería y los juegos que comparten, el pequeño saltarín reconocerá que el grandote tiene las mismas diversiones y los mismos problemas que él y sus restantes amigos. "No hay nada temible en Lumpy cuando lo conoces", les dice a sus compañeros de juegos cuando hace las presentaciones, y no hace falta ningún sermón sobre la tolerancia, la aceptación de las diferencias, el entendimiento o los valores de la amistad: todo surge naturalmente de la sencilla anécdota, que tiene la prudencia de no extenderse mucho más allá los sesenta minutos, de no sobrecargar el cuento con canciones (el público adulto local se quedará con las ganas de oír las versiones originales de Carly Simon) y de no recurrir a truculencias ni efectos lacrimógenos. Todo es de un candor transparente, delicioso, muy en el estilo de Winnie the Pooh. Y el dibujito de Lumpy (bien clásico y en la tradición de Disney), tan tierno y encantador como el film entero.






