
Una reencarnación sin demasiado misterio
"Reencarnación" ("Birth", EE.UU./2004, color; hablada en inglés.) Dirección: Jonathan Glazer. Con Nicole Kidman, Cameron Bright, Danny Huston, Lauren Bacall, Alison Elliot, Peter Stormare, Anne Heche. Guión: Jean-Claude Carrière, Milo Addica y Jonathan Glazer. Fotografía: Harris Savides. Música: Alexandre Desplat. Edición: Sam Sneade y Claus Wehlisch. Presentada por Distribution Company. Duración: 100 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.
Esta vez, que el título elegido para el estreno local sea tan explícito no echa a perder ningún suspenso. El propio film se encarga desde los créditos de anticipar cuál será el territorio por explorar: un diálogo en off sugiere que hasta el más racionalista de los mortales querría creer en la reencarnación si ello le permitiera recuperar, aunque fuera bajo la apariencia de un pájaro, al ser amado. Con esos antecedentes, ya se sabe que la sugestiva secuencia que abre el film, donde se ve a un hombre correr por los senderos de un nevado y desierto Central Park, va a terminar con la muerte súbita del deportista. También se sabe -o se presume- que tarde o temprano el hombre en cuestión, que se llama Sean, volverá de la muerte bajo la envoltura de otro ser viviente, y que en el asunto algo tendrá que ver ese bebe que la cámara muestra llegando al mundo en el mismo momento en que el otro lo abandonaba. El enigma se resuelve pronto, apenas la historia se pone, digamos, en marcha.
En una fiesta familiar se anuncia que la joven y bella viuda del caso ha decidido finalmente dar vuelta la página, dejar de pensar en el marido muerto hace 10 años y aceptar la propuesta matrimonial de un candidato muy pertinaz. Y no termina de darse la noticia cuando irrumpe en la casa el visitante (in)esperado: un chico de 10 años que dice ser Sean y aconseja a la novia que desista de la boda.
El punto de partida puede parecer enigmático y, en cierto modo, perturbador. Pero en lugar de internarse en lo sobrenatural y quizá convencido de que está desarrollando un ensayo sobre la invencible fuerza del amor o sobre su trascendencia, el director Jonathan Glazer se pone muy serio, carga de "intensidad" cada escena e impone al film una solemnidad que no hace sino subrayar lo que éste tiene de inverosímil y que no surge tanto de la novelesca idea de que a Nicole Kidman le vuelva de la muerte un marido que todavía no terminó la primaria, sino de que ella y algunos personajes más -que no parecen desequilibrados- se tomen en serio la fábula de la reencarnación y obren en consecuencia. Más desatinada todavía es la explicación reservada para el final.
A Kidman le toca la peor parte, porque Glazer, que cree estar dirigiendo a Liv Ullman, le impone la durísima prueba de soportar primeros planos interminables y vacíos. Así y todo, la actriz se las arregla para poner algo de convicción en un relato al que le sobra gravedad y le faltan rigor, progresión dramática y misterio. El meneado asunto del escándalo en torno de alguna escena con la despareja parejita es pura promoción.







