Valiente, el destino en sus manos
La primera princesa de Pixar rompe con los moldes del pasado para parecerse más a sus espectadoras
1 minuto de lectura'

Primero estuvieron los juguetes, luego los insectos, después los monstruos y más tarde los peces. Las películas de Pixar tuvieron protagonistas de toda especie, de peluche y de metal, ratas, superhéroes y robots con corazón de oro pero nunca, hasta ahora, la fábrica de bellezas animadas por computadora había tenido de manera excluyente a una mujer al frente. Con Valiente –que Disney estrena hoy en la Argentina–, el estudio responsable de Toy Story , Buscando a Nemo y Wall-E , entre otras, le puso atención a esa desigualdad de género y en el año de las princesas de armas tomar presenta la propia.
Tan distinta a las de los cuentos de hadas popularizadas por Disney que hasta, sorpresa de las sorpresas: tiene mamá. Una mamá que la vuelve loca y con la que tiene una relación tan típica de la adolescencia que resulta lo más cercano a un villano que tiene el film. Es que Merida es una princesa de pelo tan rojo como su temperamento, una chica en pleno estado de rebeldía juvenil que prefiere subirse a su caballo para recorrer el impresionante paisaje de su Escocia natal que aprender modales de decoro aristocrático con su madre, la reina Elinor.
Merida es una heroína para las nenas que aman el rosa tanto como jugar a ser un karate kid con el tutú fucsia bien puesto. El mismo grupo que casi desde la cuna adora a las protagonistas de cuento de Disney, esas que le reportan anualmente miles de millones de dólares en merchandising al estudio, que también es dueño de Pixar. Diez princesas de vaporosos vestidos, las más bellas del reino, damiselas en distintos grados de indefensión y peligro siempre esperando al príncipe azul y acarreando serios problemas familiares. De hecho, lo verdaderamente novedoso de Valiente no es tanto que su princesa no quiera casarse o que sea mejor que sus candidatos con el arco y la flecha, sino que tenga un papá y una mamá –además de hermanos trillizos que aportan buena parte del humor del film– que se quieren y la quieren. Merida es una verdadera excepción en este universo donde la orfandad es epidemia. Basta con recorrer la lista de las diez princesas oficiales de Disney – Blancanieves , Cenicienta , Aurora ( La bella durmiente ), Ariel ( La sirenita ), Bella ( La bella y la bestia ), Jazmín ( Aladdín ), Pocahontas , Mulan , Tiana ( La princesa y el sapo ) y Rapunzel ( Enredados )– para comprobar que todas tuvieron una crianza difícil cómo mínimo. Huérfanas de madre o padre o criadas lejos de sus padres biológicos, es lógico que las pobres tuvieran como máxima aspiración formar su propia familia. Algo que no le interesa para nada a Merida. Ella no necesita de un caballero de brillante armadura que la haga feliz y la libere de una vida de sufrimiento o carencias. Y si se rebela contra su destino –un tema que aparece una y otra vez en el film– es porque, como dice la crítica de The New York Times, lo que está en juego es su placer, su independencia y su lugar en el mundo. Una cuestión en la que su mamá y ella discrepan casi completamente. Y allí reside el corazón del film, que con una belleza visual digna de las películas de Pixar se anima a meterse donde pocos se atreven: la compleja relación entre madre e hija.
La sonrisa de mamá
En el comienzo hubo una pelea. Un berrinche, en realidad. Según cuenta Brenda Chapman, la primera directora de Valiente que figura en los títulos del film, pero que fue reemplazada por Mark Andrews antes de terminar su realización, la idea central de la película se le ocurrió durante una discusión con su hija. Una nena con mucho carácter que aún lejos de la adolescencia defendía sus puntos de vista con tanta vehemencia que hizo que su mamá empezara a pensar en la mezcla de amor y expectativas mutuas constantemente frustradas que hacen al lazo entre madre e hija. De aquel enfrentamiento cotidiano surgió el tira y afloje entre Merida y Elinor, entre la princesa escocesa que quería vivir y la reina que le dictaba cómo hacerlo. De un lado, una joven siempre lista para salir a divertirse y explorar con el pelo al viento –todo un estudio en rojo de belleza animada– y del otro, una madre que insiste en que cumpla sus responsabilidades, se ponga la cofia y se case con el candidato más apto para mantener la paz en la región. Una heroína de acción atrapada por las obligaciones de la princesa que su mamá sueña que sea pero que nunca será. Quitémosle los elementos de fantasía, la magia y los paisajes escoceses y bien se podría estar describiendo la tensión entre madres e hijas que existen más allá de la pantalla por todo el mundo desde que el mundo es mundo.

Pero esto es cine, y más precisamente Pixar, que esperó 17 años y una docena de películas para tener una protagonista y, después de ocho años de trabajo y muchas idas y venidas internas que incluyeron el despido de su directora, un cambio de título y de concepto creativo, la presentó justo en el año de las princesas de cuentos de hadas vueltas guerreras. Es que si en los últimos años los vampiros y hombres lobo tuvieron la posibilidad de transformarse en héroes románticos para adolescentes ahora es el tiempo –está de moda– de agregarles un poco de acero a los cetros de las princesas. Así, en los últimos tiempos no hubo una, ni dos sino tres versiones de Blancanieves aguerridas, comandantes de sus propios ejércitos y destinos. Primero estuvo –está– la televisiva de la serie Once upon a Time , de Sony, donde la actriz Ginnifer Goodwin interpreta a la princesa huérfana y perseguida por su madrastra con el ingenio y la astucia de una Robin Hood en faldas, que lo primero que hace cuando encuentra a su príncipe encantado es robarle. Algo bastante similar a la Blancanieves de Espejito, espejito . Más comedia paródica que cuento de hadas, allí Julia Roberts se dio el gusto de ser la mala y vanidosa reina, Lily Collins hizo de una princesa que bien podía usar los elaborados vestidos imaginados por el director Tarsem Singh como calzarse los pantalones y agarrar la espada si era necesario. En la misma clave luchadora pero mucho más oscura apareció Kristen Stewart en Blancanieves y el cazador . Una protagonista de cuento pasada por el filtro de Juana de Arco, con armadura incluida. Similar transformación tendrá la misma Stewart cuando en noviembre aparezca en pantalla de nuevo –y por última vez– como Bella Swan, ya no como la débil humana enamorada del vampiro sino como una chupasangre lista para la batalla y dispuesta a todo, matar o morir, para defender a su hija.

Finalmente, como si a este 2012 le faltaran muchachas feroces, ahí estuvo la maravillosa Jennifer Lawrence como Katniss Everdeen, la arquera experta de Los juegos del hambre. Otra adolescente en conflicto con su madre que, con la ayuda de su arco, muchas flechas y una voluntad férrea, se vuelve heroína y dueña de su propio destino. Como Merida, que rompe todos los moldes del pasado para ser la primera princesa de Pixar y la más parecida a las nenas del siglo XXI que la verán del otro lado de la pantalla.




