
Violines y trompetas en manos infantiles
"Cuando los santos vienen marchando" (Idem, Argentina/2004, color, producción de carácter documental hablada en español). Dirección: Andrés Habegger. Investigación y guión: Teresa Torrealba y Andrés Habegger. Fotografía: Mariano Cúneo. Edición: Pablo Feuillade y Andrés Habegger. Presentada (en DVD) por Artkino Pictures. Duración: 88 minutos. Apta para todo público.
"Cuando los santos vienen marchando" da cuenta con discreta sencillez, sin discursos ni retórica, de la pequeña aventura cotidiana vivida por los integrantes de la Orquesta Infantil de Villa Lugano, un programa educativo municipal del que participan chicos de 7 a 13 años. Son estampas que ilustran acerca del modo en que la música ha ido modificando la vida de estos chicos -todos pertenecientes a familias de escasos recursos y muchos de ellos procedentes de villas de emergencia-, descubriéndoles un mundo ignorado y fascinante y asociándolos en un proyecto común.
La intención primordial es la de romper el círculo vicioso de la pobreza. Con esta premisa y mediante la iniciación en la música de chicos de los sectores más humildes de la sociedad se han venido desarrollando valiosísimas experiencias en el mundo, uno de cuyos exponentes emblemáticos en el sistema nacional venezolano de orquestas infanto-juveniles, fenómeno que ha sido difundido especialmente gracias a la entusiasta colaboración de grandes maestros como Claudio Abbado y Simon Rattle. Tales experiencias no sólo aportan contención social y fomentan la integración: abren además a los chicos un ilimitado horizonte espiritual, promueven su creatividad, revelan sus potencialidades, estimulan y premian su esfuerzo, los fortalecen en el ejercicio de la responsabilidad y la perseverancia. La música puede ser un poderoso instrumento de desarrollo social.
Viñetas descriptivas
El film lo expone, sin recurrir al sostén de una voz narradora, a través de sus breves viñetas. No hay una historia, aunque se siga más o menos de cerca la experiencia de tres chicas y dos chicos y de sus cuatro familias. Las imágenes los muestran en sus primeros contactos con instrumentos "de otro mundo" -trompetas, violines, violoncelos, clarinetes-; en las clases de los sábados bajo la guía de profesores afectuosos y pacientes; en la intimidad de sus modestos hogares, donde hablan, más con gestos que con palabras, de sus sentimientos respecto de la música. Y ésta -tal como es vertida por la orquesta de aplicados estudiantes- es una presencia casi constante en los recorridos de la cámara por los caseríos humildes del barrio, sus monoblocs, sus avenidas y sus estrechas calles de tierra o en la descripción, muy escueta, de los trabajos de los mayores, que ocasionalmente también se refieren (con comprensible orgullo) a la experiencia que están viviendo sus hijos músicos.
El film adopta un modo impresionista: hay pocas escenas estructuradas como tales (los ensayos, el concierto final, alguna charla entre los chicos); lo demás son breves pantallazos independientes que se suceden unos a otros y aspiran a componer, al cabo de la proyección, un todo descriptivamente significativo, propósito que se consigue a medias. Se diría que Habegger confió -quizá demasiado- en la elocuencia de los rostros infantiles, en el raro contraste de ambiente y sonidos y en la persuasión de sus cuadros y descuidó un poco la cohesión del relato.
Así y todo, "Cuando los santos vienen marchando" vale como testimonio de un proyecto tan noble como ingenioso y se beneficia de la verdad genuina que transmiten sus imágenes.
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