
"Yo, tú, ellos" tiene encanto y sabor plenamente brasileño
"Yo, tú, ellos" ("Eu, tu, eles", Brasil/2000). Dirección: Andrucha Waddington. Con Regina Casé, Lima Duarte, Sténio Garcia, Luiz Carlos Vasconcelos y Nilda Spencer. Guión: Elena Soarez. Fotografía: Breno Silveira. Música: Gilberto Gil. Montaje: Vicente Kubrusky. Presentada por Columbia. Duración: 107 minutos. Para mayores de 13 años.
Nuestra opinión: muy buena
Que Darlene, la opulenta y sencilla protagonista de este encantador film brasileño, termine el cuento rodeada por sus tres maridos no significa que haya algún parentesco entre ella y la voluptuosa doña Flor de Jorge Amado.
La infrecuente situación de Darlene no ha nacido al calor de sus ensoñaciones amorosas: es el resultado de su actitud ante la realidad, de su espíritu abierto y generoso, de la elemental e instintiva sabiduría que ha ido cosechando con el paso de los años.
Darlene aprendió a tomar de cada día lo que cada día le ofrece. El mundo que la rodea puede estar colmado de aridez y de penurias, pero ella está dispuesta a sobrevivir y a disfrutar de lo poco que le toque en suerte. Y sobre todo, a jugar su papel para que la vida se prolongue en ese desierto nordestino donde hacen falta brazos fuertes y mucha tenacidad para llevar adelante algún cultivo. Darlene es como la tierra misma y su presencia una afirmación de la vida allí donde la naturaleza parece más inhóspita.
Está embarazada y vestida de blanco para ir a casarse cuando aparece en el comienzo del film. "Dios no quiera que tengas una hija", le desea su madre, y no hace falta que explique por qué.
Darlene espera en vano en la puerta de la iglesia. Cuando regresa a la casa, años después, es para asistir al velorio de su madre. Entonces, lleva consigo al hijo del que la abandonó al pie del altar.
Entre los suyos otra vez, recibirá la propuesta de Osías, un solterón ("poderoso": tiene un rancho y un pequeño terreno) que le ofrece albergue y casamiento. En esa casa que Darlene sostendrá con su duro trabajo mientras el marido sestea eternamente en su hamaca, con la radio a transistores siempre a mano, transcurrirá su rutina, apenas alterada por algún baile en el pueblo, una visita, el trabajo temporario en el cañaveral, una aventura. Pronto vendrá un segundo hijo, inesperadamente moreno, pero Osías lo aceptará lo mismo, por necedad, por pereza, por conveniencia, o para no resignar su autoridad de hombre de la casa.
La familia crecerá después otro poco cuando llegue Zezinho, un primo de Osías en cuya mirada clara se transparentan la docilidad, la timidez y la dulce afectividad que lo caracterizan, y más todavía cuando Darlene dé a luz otro hijo... de ojos azules, por cierto. Y seguirá aumentando porque el corazón de Darlene es ancho y la pragmática magnanimidad del señor de la casa también lo hace.
Más que costumbrismo
"Yo, tú, ellos" trasciende el mero costumbrismo y el registro pintoresquista y está lejos de las imágenes for export: acá no hay bossa nova ni candomblé, no está la colorida sensualidad de Bahía ni el musical desenfado carioca; ni siquiera aquel espacio desértico del nordeste donde el cinema novo desarrollaba sus exámenes sociopolíticos.
Lo que se oye son los baiones, el forró, los contagiosos ritmos regionales que animan los bailes de domingo y acompañan las fiestas patronales; lo que se ve, un Brasil profundo que revela, sobre todo en el personaje central, un modo de afrontar la vida, cierta condición de lo brasileño que tiene que ver con una cordialidad intrínseca, la llaneza de trato, la hospitalidad, la generosidad, expresiones espontáneas de un sentimiento rico en vitalidad y apoyado en algunas certezas implícitas: la fugacidad de la existencia, por ejemplo, o la conciencia de que siempre es más fácil afrontar en compañía las circunstancias de la vida.
El film no se propone como ilustración deliberada de esos comportamientos tantas veces observados por sociólogos y antropólogos; es la verdad y la sagacidad con que dibuja a sus criaturas lo que le otorga ese interés extra. Y en ese terreno, el de la espontaneidad, cuenta con el aporte decisivo de Regina Casé, una suerte de Anna Magnani del sert‹o que desborda energía, espíritu maternal, brío erótico y una emotividad que por lo parca se torna doblemente conmovedora en la escena en que Darlene hace un sacrificio desgarrador.
La cámara registra su singular y cotidiana gesta familiar -tomada de una historia real- sin subrayados innecesarios, con la misma sencillez y la misma benevolencia con que Darlene termina por armar un mundo a su medida en un medio donde reina el machismo y a la mujer sólo se le reserva -cómo estaba implícito en el ruego de su madre- un destino de trabajo y sumisión.
Párrafo aparte merecen la exactitud del diseño de producción, la seducción de una banda sonora en la que Gil incluyó muchos clásicos de Luiz Gonzaga y algún éxito reciente como "Esperando na janela", y el admirable trío masculino que combina la adusta ternura paterna de Lima Duarte, la diafanidad bonachona de Sténio Garcia y la nobleza viril de Luiz Carlos Vasconcelos.







