
Zhang Yimou hace historia con una trilogía
El film cierra el camino que se inició con Héroe y La casa de las dagas voladoras , entre la épica y el melodrama
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Cuando mira en estos días hacia el Lejano Oriente -y lo hace cada vez con mayor frecuencia-, el cine suele detenerse con atención preferencial en el fenómeno coreano, cuya diversidad y audacia creativa, sobre todo en la última década y media, fueron subrayadas más de una vez en estas páginas.
Pero si la prolífica producción coreana es capaz de repartirse entre elogiadas producciones de alcance masivo que combinan múltiples géneros -como la exitosa The Host , de reciente aparición en la cartelera local- y propuestas más experimentales y rigurosas, muy cerca de allí hay otras manifestaciones cinematográficas igualmente dignas de ser atendidas, aunque respondan a otras características y connotaciones.
No son pocos los que señalan que La maldición de la flor dorada -cuyo estreno en la Argentina anuncia Columbia para mañana- cierra la trilogía que el prestigioso cineasta chino Zhang Yimou abrió con dos celebrados títulos, también conocidos aquí: Héroe y La casa de las dagas voladoras . Se trata, según se anticipa, del fiel apego del realizador, de 55 años, a un modelo de ambientación histórica y concepción melodramática que, en buena medida, se corresponde con sus aplaudidos trabajos como director escénico de ópera.
En Yimou -que presidirá este año el jurado del Festival de Venecia-, el gran despliegue visual y los movimientos de masas van de la mano con otra gran tradición del cine chino: el wuxia , género clásico en el que las luchas con artes marciales se apoyan en vistosas y muy originales coreografías durante las cuales los personajes llegan literalmente a volar. El duelo es el ejemplo más reciente de esta fórmula.
En las notas de producción que la distribuidora local del film dio a conocer para acompañar este lanzamiento, Yimou caracteriza a La maldición de la flor dorada como su tercera película de acción, con multitudinarias escenas de batalla incluidas, pero a la vez señala que en este caso la trama "se enfoca en una familia imperial disfuncional, que como cualquier gran familia de la era feudal, debajo del glamour y dentro del palacio, oculta secretos muy profundos".
La ostentación del pasado
El director de Sorgo rojo y Ju Dou instaló el relato en la llamada última o tardía dinastía Tang, durante el siglo X, una de las "más llamativas y atractivas de la historia de China", según Yimou, y probablemente la más ostentosa. Allí, el emperador Pong, en compañía de su segundo hijo, el príncipe Jai, regresa inesperadamente para celebrar una importante fiesta con el resto de su familia.
Pero la tragedia no tarda en aparecer en el seno de ese rígido poder: la emperatriz Fénix y su hijastro y príncipe heredero, Wan, mantienen una relación amorosa que para el emperador equivale a una traición. Es así que éste se propone envenenar lentamente a su esposa, mientras en el seno del poder se planifica un golpe de Estado y el más pequeño hijo de la pareja observa los acontecimientos con una distancia sólo aparente.
"Hay un antiguo dicho chino que afirma: «El oro y el jade van por fuera; lo podrido y lo decadente van por dentro». Lo cual significa que detrás de un hermoso exterior con frecuencia radica una verdad oscura y estremecedora", afirma Yimou, que se propuso representar esa opulencia con una fuerte presencia del dorado y del jade en las escenografía del interior del palacio, para el cual se construyeron especialmente distintos sets en estudios de Pekín.
"El color no es sólo un elemento visual, porque ante todo es el tema central del relato. Quería enfatizar sobre todo el fuerte contraste entre la forma y el contenido, entre la oscuridad del comportamiento familiar y el maravilloso boato que adorna el lugar en el que viven y se desenvuelven", precisó el director.
Aprovechamiento
El despliegue al que recurrió Yimou para recrear aquella época (para la producción del film se invirtieron más de 45 millones de dólares, cifra más que significativa para el cine chino) se completa con escenas de masas en un palacio que recuerda al de la Ciudad Prohibida (de hecho, así se tituló el film en varios países), pero en realidad fueron rodadas en Hengdian, una localidad de la provincia china de Zhejiang, en un palacio levantado especialmente para el rodaje de Héroe , siete años atrás.
"Estaba previsto que fuera utilizado para otra película, no recuerdo cuál, pero finalmente nadie lo usó porque resultó ser demasiado grande. Ningún director lo aprovechó, pero para nuestros propósitos era un lugar ideal", manifestó el realizador, que recurrió a un millar de extras y a efectos digitales para las escenas más complejas.
Más allá de los escenarios, el film responde, en parte, a hechos auténticos de la historia china y, en parte, a una adaptación de una novela escrita en 1934 por el dramaturgo Cao Yu (que muchos califican como el Shakespeare chino) y titulada Lei Yu (Tormenta eléctrica), en el cual se narra como una tragedia griega la vertiginosa caída de una rica familia de empresarios en apenas 24 horas. "Es un texto clave, con el que se han formado varias generaciones de estudiantes de arte dramático en mi país. Si uno toma al azar cualquier ciudad china, es muy posible que nos encontremos con alguna representación en algún teatro o escuela dramática", señala Yimou.
El film, a la vez, marca el reencuentro entre el director y su musa cinematográfica y ex pareja, la bellísima Gong Li, luego de diez años de distanciamiento profesional y personal. La actriz, que ya incursionó con éxito en Hollywood ( Memorias de una geisha, Miami Vice ), encarna a la emperatriz, en tanto otro astro del cine oriental, también conocido en el resto del mundo, como Chow Yun-Fat (a quien vimos recientemente en la tercera parte de Piratas del Caribe ), personifica al emperador. El triángulo protagónico se completa con Jay Chou, un popularísimo cantante pop taiwanés, como el príncipe Jai.



