Con el mismo sabor
"El silencio", que llega pasado mañana, es la avanzada de una nueva ola de estrenos de una cinematografía que ya tiene aquí un público fiel.
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Pasado mañana, la primera avanzada de estrenos de cine del 2000 estará encabezada por un film iraní, "El silencio", el primero de un auspicioso paquete de cinco películas de ese origen que podremos ver este año. Tras la resonancia internacional que en la última década ha conseguido esta particular cinematografía -que ya roza la categoría de culto-, no hace falta augurar que el cine iraní ha llegado a la Argentina para quedarse.
"El silencio" es una de las últimas películas del director, autor y montajista Mohsen Makhmalbaf, uno de los realizadores más prolíficos e innovadores del cine de Irán, junto a Abbas Kiarostami. Es, también, el papá de Samira, la directora más joven del mundo, de quien ya vimos la aplaudida "La manzana".
Si bien el éxito de estas películas en los festivales internacionales no se equipara con la escasa repercusión que han conseguido en Irán, Makhmalbaf -uno de los elegidos por los intelectuales de su país- ha conseguido cierta popularidad entre los espectadores de su país.
Al respecto, en Irán circula una anécdota que llegó a filmarse y pinta el respeto que el público local siente por un realizador destacado por su sensibilidad social, que pasó cinco años en la cárcel por su militancia política contra el régimen del Sha, y cuyos films varias veces han sufrido la censura.Una vez, un técnico desocupado y con un gran parecido físico con Makhmalbaf consiguió estadía en la casa de una familia de clase media al norte de Teherán haciéndose pasar por este cineasta que, supuestamente, buscaba exteriores para un film. Por una de esas constantes del cine iraní de retratar el cine dentro del cine, el hecho llegó a la pantalla en 1990 a través del film de Kiarostami "Primer plano".
La belleza de las cosas
"El silencio" cuenta la historia de un chico ciego de 10 años que aprende a conocer lo más bello de la vida, como también sus miserias, a través de los sonidos y de su trabajo como afinador de instrumentos. Si bien este film guarda muchos recuerdos de la infancia de Makhmalbaf, tal vez no sea el más adecuado para empezar a conocer a este realizador autodidacto, que nació en 1957 en un barrio pobre al sur de Teherán. Abandonado por su padre, fue criado por una abuela muy religiosa que intentó transmitirle la idea de un Islam entrañable. A los 17 años, y tras el ataque a una comisaría, Makhmalbaf fue encarcelado y liberado después de la revolución de 1979.
En los años 80 abandonó la militancia política por la literatura (tiene varios libros publicados) y el cine.Su cuarta película, "Boycott", reveló en 1984 su maestría cinematográfica, aunque el éxito de público y de la crítica internacional se revelaría a fines de esta década con "El ciclista" y "The peddler", con marcadas influencias del neorrealismo, de Hitchcock y Fellini. "El ciclista" narra la prueba que debe sufrir un refugiado afgano para pagar el hospital donde se encuentra su mujer: dar vueltas una semana en su bicicleta. En tanto, la segunda consiste en tres sketches sobre tres inadaptados sociales.
La cámara liberadora
Makhmalbaf considera que es el cine el que permite mostrar la verdadera naturaleza de la gente. En 1990 filmó el adulterio de una mujer en "A Time of Love", tema controvertido en Irán teniendo en cuenta la postergación social que viven las mujeres. Aunque la trasladó a Turquía para distanciar esta historia de su cultura, por cinco años no pudo evitar la censura.
En 1994 decidió celebrar los cien años del cine con un film, aunque también terminó homenajeando a la sociedad iraní, que pudo expresar libremente sus verdades a través de la cámara de Makhmalbaf.
La publicación de un aviso que invitaba a la gente a presentarse a un casting para un nuevo film superó sus expectativas: cinco mil personas se presentaron y, en el tumulto, muchos aspirantes resultaron heridos, imágenes que forman parte de la secuencia inicial del film. Estimulados por la cámara, los entrevistados se animaron a expresar sus pensamientos y hasta a revelar sus secretos; muchas mujeres confesaron que deseaban abandonar Irán. Uno de sus últimos films, "Gabbeh" (Tapiz), fue elegido entre los mejores de 1996 por la revista Time, junto con "A través de los olivos", de Abbas Kiarostami, y "El globo rojo", de Jafar Panahi, estas películas permitían pensar en un renacimiento del cine. "Gabbeh", más allá de contar la fábula de una mujer joven que no puede casarse con el hombre que ama porque su padre no la deja, muestra cómo la vida engendra las obras de arte.
En una entrevista, Makhmalbaf declaró que su intención actual era alejarse "del cine politizado" y dedicarse a "un cine más poético". "En mis primeros films era muy extremista -afirmó-. Más tarde, mi modo de pensar se volvió más relativo, pero aún me preocupan los problemas de la realidad. He ido comprendiendo que la política nos encadena. Cuando se es prisionero de una ideología o de la política, la tendencia es parecerse a los demás. El arte, por el contrario, nos libera. La evolución artística tiende hacia la originalidad. Buscándonos a nosotros mismos nos encaminamos hacia la libertad. Por esta razón prefiero la poesía a la política", dijo el realizador, que para "El silencio" se inspiró en los poemas del iraní Khayyam que rezan: "Aprovechemos el instante, no hay tiempo para vivir".
Del realismo al surrealismo
"El silencio" recibió el premio especial del jurado en el Festival de Venecia. La película sigue el recorrido de la casa de Jorshid, el niño ciego, a su trabajo. El está muy atento a los sonidos de la ciudad, aunque muchas veces más que guiarlo lo llevan a perderse, lo que pone en riesgo la permanencia en su trabajo. Por eso, su mamá y su amiga Nadereh, que va a buscarlo a la parada del colectivo, le ponen algodones en los oídos y le advierten que no se distraiga con ningún sonido. Makhmalbaf contó que en su infancia su abuela le repetía constantemente: "Quien escuche música irá al infierno", y le había enseñado a taparse las orejas en la calle para no oír música.
Esta película representa para él su paso del realismo al surrealismo. "Es un conflicto entre la objetividad y la subjetividad. La historia es sencilla: un niño que, a pesar del amor de los que lo rodean, se ve privado de los momentos de felicidad que le gustaría vivir. Entonces crea un mundo en el que es feliz. La gusta la belleza del ruido del pan seco que muerde, se contenta con lo mínimo." Aunque el director iraní dijo que, en realidad, la historia no es más que una excusa. "En la vida cotidiana vivimos una serie de momentos, pero no una historia. Las creamos a partir de la vida. En "El silencio" tenemos un personaje, una situación y conflictos. Es aquí donde se sitúa la creación. Jorshid se parece a mí. Cuando era pequeño, casi todo me estaba prohibido. Ahora, cuando me dicen "no escuches a esta o a aquella persona", es la frustración que me producen lo que me conduce a la creación."





