
Coro: un viaje poético en el que la mirada define
La obra de la Companyia Hongaresa de Teatre se presenta en TODA Teatro, los viernes, a las 20
4 minutos de lectura'


Autoría: Paco Zarzoso. Dirección: Germán Rodríguez y Paco Zarzoso. Intérpretes: Shanti Criscuolo, Paula Ituriza y Caro Setton. Vestuario: Gabriella Gerdelics. Iluminación: Leandra Rodríguez. Asesoramiento sonoro: Dalila Real. Acompañamiento artístico: Lola López. Sala: TODA Teatro (Tacuarí 964). Funciones: viernes, a las 20. Duración: 50 minutos. Nuestra opinión: muy buena.
“Dejad la cabeza en el recibidor, junto a los sombreros y los viejos paraguas, dejad relojes y teléfonos en el umbral y mirad solo con el corazón”: vale citar estas líneas de Coro, como previo aviso indispensable. Porque se trata de suspender el juicio, dejarse llevar por el movimiento de las palabras y penetrar en una atmósfera distinta.
Seguramente ese es uno de los objetivos de la Companyia Hongaresa de Teatre -fundada en 1995 por los valencianos Lola López y Paco Zarzoso, y la catalana Lluïsa Cunille (lo de hongaresa viene por un verso de Zarzoso sobre “la tribu triste de los húngaros”). Otra vez en Buenos Aires, en esta ocasión para presentar dos de sus últimos espectáculos (David y Tejedoras de abismos) y estrenar Coro, obra escrita por Zarzoso y dirigida por el argentino Germán Rodríguez -junto con el autor- e interpretada por las actrices Shanti Criscuolo (que trabaja en el Teatro de las Nobles bestias, de Témperley, y dirige la EMAD de Lomas de Zamora), Paula Ituriza (con extensa trayectoria en teatro, cine y tevé, desde Cachetazo de campo hasta Evita, de Alan Parker) y Caro Setton (Shamrock y Recuerdos a la hora de la siesta, entre otras).
Ya desde el título, hay una referencia a una voz que cuenta y comenta lo que sucede en escena. No vamos a encontrar personajes de modo convencional sino que se van delineando en la liminalidad entre lo narrado y lo actuado. El autor es dramaturgo y poeta, y un militante de la poeturgia, es decir, de “caminar los bordes” entre lo lírico y los cuerpos en escena, frontera por la que Coro transita.
En el espacio íntimo y cercano que se genera en la nueva sala TODA (en San Telmo, en el mismo lugar donde antes estaba La ratonera cultural), la obra comienza con la voz de una mujer que no está en el escenario sino a un costado de la platea, una voz que describe lo que está viendo: una joven en una casa precaria, con sillones viejos y una cucaracha en un armario, agobiada por el calor y un sopor que parece angustia. Esta narradora continúa su detallada pintura de palabras en el escenario, totalmente despojado de escenografía. Después se sumarán las otras dos actrices, siempre en esta compleja dualidad de ser “coro” pero también protagonistas, como si no hubiera otra alternativa más que, al fin, involucrarse.
Son mujeres de distintas generaciones, la abuela (Ituriza), la madre (Criscuolo) y su hija (Setton), inmigrantes pobres y solas que hablan un idioma incomprensible, las tres con vestidos del mismo estampado geométrico pero en distintos tonos. En la hija aparece algo esperanzador, inocente del dolor, algo menos agobiante. La escena final, de gran belleza poética, es un diálogo entre madre e hija que contrasta con el inicio: la distancia coral se disuelve ante dos personajes. La mirada es encarnada, ya no hay un otro que observa y opina, hace conjeturas o trata de entender.
Menos de una hora de duración pero con alto peso específico, Coro le pide al espectador, como a sus criaturas, desandar el camino desde la extrañeza hasta la intimidad, confiando en el poder revelador de la palabra a cargo de tres grandes actrices dispuestas a abordar este atípico viaje.
1
2Bárbara Lombardo: de los falsos gurús de las redes a su historia de amor y sus ganas de reinventarse
3Ever Anderson: es hija de una gran estrella, triunfó en la moda y ahora brilla en el cine junto a Al Pacino
- 4
Quiero tu sexo: Olivia Wilde logra uno de sus mejores personajes en una película sobre placer efímero y sometimiento

