Brillaron Iñaki y su ballet
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Espectáculo coreográfico. Iñaki Urlezaga y el Ballet Concierto. Artista invitada: Roberta Márquez. Programa: "Coppelia", música de Delibes, adaptación coreográfica de Lilian Giovine; "El combate", música de Raffaello de Banfield, adaptación coreográfica de Esmeralda Agoglia sobre la original de William Dollar; "Pampeana", música de Ariel Ramírez, coreografía de Ana María Stekelman, y "Don Quijote", de Minkus/Petipa. Directoras del Ballet Concierto: Lilian Giovine y Esmeralda Agoglia.
Nuestro estilo: muy bueno.
Por primera vez, Iñaki Urlezaga, habituado a los mayores teatros del mundo, se presentó con su compañía, el Ballet Concierto, en el Colón. Lo que para él es costumbre fue un enorme desafío que debía superar el elenco, formado por gente muy joven. Estas funciones mostraron que el Ballet Concierto, rigurosamente entrenado por Esmeralda Agoglia y Lilian Giovine, está preparado para asumir grandes responsabilidades. No es fácil enfrentar este reto, y algo de esa tensión se vio hasta que los bailarines lograron relajarse y liberaron su máximo potencial. En pas de deux que representan Swanilda (Elena Kionzerova) y Franz (Manuel Martínez) en "Coppelia" ella mostró frescura y gracia, muy precisa en el dúo, variación y coda. Martínez, que realizó una buena labor técnica, no tuvo igual soltura en la expresión, que debe ser simpática y no tan seria. En "El combate", Esmeralda Agoglia realizó una labor extraordinaria en la reposición de la coreografía de William Dollar. La obra, que el creador norteamericano montó para el Ballet del Colón en 1964, no ha perdido vigencia. Es uno de tantos tesoros que incomprensiblemente desaparecieron del repertorio de esa compañía. La historia, verídica, se remonta a la gesta de los cruzados para recuperar Tierra Santa, bajo el dominio de los turcos. Tancredo, caballero cristiano, pone su vida en aras de la causa. Al mando de las huestes musulmanas está Clorinda, mujer de gran coraje. La pieza resume en dos personajes lo que sería la batalla de miles. También los ideales religiosos de cada bando, irreconciliables. El fin es sagrado para ambos. Exterminar al enemigo significa alcanzar la meta. Dollar incorpora en los movimientos de los intérpretes los de sus cabalgaduras, dando a las piernas la misión de imitar el galope, los corcoveos y hasta el dominio de sus dueños. El torso muestra la actitud de quien está alerta para la lucha frontal, con la lanza o la espada tomadas por un brazo en tanto que controla las riendas de su corcel.
Ambos se acechan, esperando el momento del duelo. Los pesados cascos y armaduras más la vigilia continua son extenuantes. Tancredo busca a su contrincante con furia. Luego de haber asesinado a algunos de sus enemigos, Clorinda, que nada hace que se la reconozca como mujer, lo avista y se desata el combate. Los cuerpos se entrelazan buscando el lugar vulnerable donde inferir la herida mortal. El hombre lo logra, pero cuando ve la cabellera del que cree su enemigo descubre que ha matado a Clorinda, a quien amaba secretamente. Con dolor, la abraza y se la lleva. La personalidad que Urlezaga da a Tancredo quedará como prototipo. Su vehemencia, estampa y una técnica formidable lo hacen ideal para el personaje. Carolina Basualdo, que tuvo la mala suerte de que se le cayera el casco al principio de la pieza, revelándose el secreto, cumple, pero carece de garra.
"Pampeana", obra que Ana María Stekelman creó para la compañía, toma la música folklórica. Las formaciones de mujeres, donosas, la conjunción con los muchachos, el coqueteo, la percusión ancestral, la mezcla de los movimientos de danza contemporánea con partes de conjunto que recuerdan bailes tribales conforman una pieza excelente. Iñaki tiene momentos bravíos. Soberbia la labor de toda la compañía.
"Don Quijote", bailado por Iñaki y Roberta Márquez, primera bailarina del Ballet de Río de Janeiro, fue rutilante final. La perfección técnica permite realizar hazañas, y esto es lo que se vio tanto por parte de Urlezaga, como por la finura y luminosidad de Márquez.




