Del barroco al romanticismo
Nikolaus Harnoncourt cambió a Bach por Brahms, Mendelssohn, Dvorak y Bruckner
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¿Converso o quinta columna? Después de militar en las primeras filas del movimiento "historicista", Nikolaus Harnoncourt cambió los instrumentos de época y se pasó al campo de las rivales orquestas sinfónicas modernas. Las mismas a las que, con su grupo Concentus Musicus Wien, les arrebató, desde comienzos de la década del 50, el repertorio anterior a Beethoven.
Harnoncourt, formado con el pionero clavecinista holandés Gustav Leonhardt (participó en el monumental ciclo de las Cantatas de Bach, que editó el sello Das Alte Werk), y al igual que sus colegas John Eliot Gardiner o Frans Brüggen, se dedicó a investigar cómo había sido tocado ese repertorio en el tiempo en el que fue escrito.
Todos ellos demostraron que lo que se conocía como "tradición musical" de la interpretación de las obras desde el siglo XIII hasta el XVIII era, en verdad, el enfoque que el romanticismo construyó sobre ese repertorio. Se trataba de una mirada que hacía perder las diferencias que hay, tanto de estilo como de modo de interpretación, incluso durante un mismo período histórico. Cuatro décadas de actividad dejaron en claro, por ejemplo, que en el período barroco no es lo mismo la música del francés Marc Antoine Charpentier que del italiano Antonio Vivaldi.
Por eso, cuando a principios de los 80, Harnoncourt tomó la batuta delante de las agrupaciones que representaban esa tradición enfrentada, para muchos fue una traición a la causa.
Pero lo cierto es que este músico ecléctico, nacido en Berlín hace 70 años y criado en Graz (Austria), estaba -una vez más- adelantándose a su tiempo.
Que este músico (que en su juventud fue chelista de la Sinfónica de Viena) pudiera dirigir a las orquestas sinfónicas modernas era el signo más claro de que estas agrupaciones reconocían, por primera vez, el valor del trabajo de la corriente historicista, y que iba más allá del mero hecho de utilizar instrumentos "de época".
La era de la diversidad
De lo que se trató, para las orquestas europeas sobre todo, fue "reaprender" el modo de tocar la música de viejos conocidos como Mozart, Beethoven o Schubert. Un modo que se caracteriza ahora por la diversidad.
Pero Harnoncourt no se conformó con esa función y en los últimos años, con agrupaciones como la Orquesta de Cámara de Europa o la tradicional Orquesta Real del Concertgebouw, de Amsterdam, decidió avanzar aún más en el tiempo.
Así, llegó a la segunda mitad del siglo XIX con su particular modo de interpretar la música.
De esta nueva etapa se destacan el ciclo de grabaciones que está dedicando a la obras sinfónicas de Antonin Dvorak y al posromántico Anton Bruckner, que el sello Teldec editó en la Argentina.
De los dos, es con el compositor checo con el que parece que Harnoncourt logró una empatía más que fructífera. En sus versiones de las Sinfonías N° 3, 7 y 8 se reveló como un gran conocedor de las posibilidades que ofrece la música del compositor que fue apadrinado por Johannes Brahms.
Harnoncourt aplica su experiencia como músico historicista, marcando la clara influencia beethoveniana en las obras tempranas. Y también, una serie de toques personales, fuera de lo "esperable".
Es que, aún a riesgo de pasar por caprichoso, Harnoncourt prefiere muchas veces saltar por encima de las ortodoxias y obedecer a su propio instinto musical.
Un nuevo perfil de director
Lo cierto es que Harnoncourt avanza decidido hacia el centro de la música romántica, pero sin dejar de volver a su primer amor, el Concentus Musicus Wien, que fundó en 1953 para seguir haciendo música barroca.
De este modo, Harnoncourt cierra el círculo para la construcción de un nuevo perfil de director de orquesta. El vasto repertorio de la música clásica puede ser nuevamente abarcado por un solo artista, pero adaptando el modo y los medios utilizados para cada época. Es algo así como recuperar los distintos dialectos del idioma clásico, lo cual supone también un riesgo: no todos pueden hablar muchas lenguas "sin acento"extraño.
Incluso a un director "todo terreno" como Harnoncourt, no todos los estilos le sientan igualmente bien. Así, mientras que sus interpretaciones de Dvorak fueron en general bien recibidas por la crítica especializada europea, no tuvo tanta suerte con Bruckner.
En cambio, siguen siendo versiones de referencia su ciclo integral con las 9 sinfonías de Beethoven, que editó con la Orquesta de Cámara de Europa, y sus grabaciones de Bach con el Concentus Musicus Wien, que debido a la celebración de su 70 cumpleaños, pueden conseguirse en las bateas argentinas.
Ni traidor ni sectario, Nikolaus Harnoncourt es una de las grandes figuras de nuestro tiempo, gracias a la premisa de ser -antes que nada- fiel a sí mismo.
El camino
- En 1953 funda, junto con su esposa, la violinista Alice Harnoncourt, el grupo Concentus Musicus Wien, especializado en el repertorio de música antigua.
- En la década del 70 inicia su actividad como director de ópera y comienza la grabación de obras de Mozart y de Beethoven.
- Con la edición del ciclo integral de las Sinfonías de Johannes Brahms, en 1997, empieza su inserción en el repertorio romántico.





