
Juego de copas
Vino, corchos y un desafío mendocino
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Puede ser un chablis, un borgoña, un oporto vetusto o un rosado frivolité. Pero lo primero que hay que hacer para jugar a Winemakers-El desafío del vino es elegir una botella de buen vino, descorcharla y guardar el corcho, que también formará parte de la trama. Se trata de un juego de mesa que, entre copas, invita a convertirse en un hacedor de vino.
El juego se lanzó hace un mes y, lógicamente, llega desde Mendoza, donde se le ocurrió al publicista Gonzalo Pagés.
Un tablero, dos dados, 8 corchos sintéticos, copas de vino al alcance de la mano, 74 cartas de propiedades y valores, 74 tarjetas de eventualidades y 12 millones de U$W (wine dollars, su moneda propia) convierten a los participantes en emprendedores vitivinícolas que, en el transcurso del juego, podrán adquirir fincas, seleccionar e implantar el cepaje adecuado, cosechar, elaborar, embotellar, etiquetar y colocar los vinos en mercados nacionales e internacionales.
Igual, hay golpes de suerte, claro: el que cae en el casillero donde está el corcho real deberá llenar su copa, y cada participante deberá darle 10.000 wine dollars. Tenía razón el poeta chileno Nicanor Parra, en sus Coplas del vino: "Si me dieran a elegir entre diamantes y perlas/ yo elegiría un racimo/ de uvas blancas y negras".
"El objetivo es obtener el mayor rédito económico. Para lograrlo habrá que aplicar pensamiento estratégico, tener habilidad para invertir, estar atento a las jugadas del resto y, a la vez, incorporar conocimientos básicos de la industria del vino, con información proporcionada en el mismo juego", comenta el inventor del entretenimiento, que se consigue en vinerías y casas de juegos.
Al final, gane el que gane, el brindis se impone.
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