La ratonera: Agatha Christie y el porqué de un misterio que se mantiene
Se estrenó este clásico de la “reina del crimen” protagonizado por Carlos Belloso, Betiana Blum, Ludovico Di Santo, Romina Gaetani, Andrés Gil, Walter Quiroz, Carlos Santamaría y Malena Solda
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La ratonera. Libro: Agatha Christie. Adaptación y dirección: Manuel González Gil. Elenco: Carlos Belloso, Betiana Blum, Ludovico Di Santo, Romina Gaetani, Andrés Gil, Walter Quiroz, Carlos Santamaría y Malena Solda. Música original: Martín Bianchedi. Escenografía: Lula Rojo. Iluminación: Matías Sendón. Vestuario: La Polilla. Video: Juan Ripari. Producción: Faroni Producciones, Juan Manuel Caballé y Tomás Rottemberg. Sala: Liceo (Rivadavia 1499). Funciones: miércoles a viernes, a las 20; sábados, a las 19 y a las 21.30; y domingos, a las 19. Duración: 100 minutos. Nuestra opinión: buena.
Récord Guinness: hace 74 años que La ratonera permanece en cartel de modo ininterrumpido en el West End londinense. Como el cambio de guardia en el Palacio de Buckingham, es una atracción turística, pero también una tradición cultural cuya fama le ha permitido expandirse a más de 90 países y sumar unos 68 millones de espectadores en todo el mundo.
Estrenada en 1952 en el teatro Ambassadors, en 1974 se trasladó al St Martin’s donde continúa hasta hoy. Innumerables intérpretes pasaron por este espectáculo, pero siempre con el mismo pedido final: solicitar el compromiso del público de no revelar quién es la o el culpable.
Autora de 66 novelas y más de 150 cuentos, la británica Agatha Christie también escribió teatro. Algunos títulos, como Café solo, nacieron como obras, pero otros fueron sus propias adaptaciones de cuentos como La testigo de cargo (llevada al cine en 1957 por Billy Wilder). En este último grupo, se ubica La ratonera: en 1947, Christie escribe Tres ratones ciegos (igual que la tradicional canción infantil inglesa), un breve guion radiofónico que después adaptó como cuento con el mismo título. La escritora se había basado en un hecho policial de alto impacto en aquel momento: la muerte de un niño a causa de los maltratos de los padres adoptivos, caso que fue seguido en detalle por la prensa y que generó cambios importantes en la legislación acerca de la responsabilidad pública hacia los menores. Christie decide llevarla al teatro, pero como ese título ya estaba en cartelera, lo cambió por La ratonera (The Mousetrap), inspirado en la escena de teatro adentro del teatro de Hamlet.
Nunca, sin embargo, se filmó. La misma autora pidió que, mientras la obra estuviera en cartel, no hubiera película que terminara con el secreto. Tiene sentido porque el whodunit —subgénero del policial centrado en la resolución de un enigma: quién lo hizo (who has done it?)— es el corazón de la vasta producción de la “reina del crimen”.

Entonces, sí, La ratonera en Buenos Aires, en el bellísimo Teatro Liceo preparado para la ocasión con mesitas, sillas y veladores rojos en la platea. Un video de pocos segundos realizado con IA abre la función: vemos a una nena caminar entre la nieve hacia una residencia rural, grande y aislada. Después, la escenografía: una sala de estar, chimenea, puertas y un ventanal que permite ver la nevada. También un escritorio de recepción porque estamos en el recién inaugurado hostal Monkswell, donde va a alojarse un grupo de huéspedes que no se conocen entre sí y que, debido al clima, no podrán tampoco moverse del lugar.
Los dueños y anfitriones son un matrimonio feliz que decide embarcarse en este emprendimiento (Romina Gaetani y Ludovico Di Santo). Están a cargo de todo y deben lidiar con la diversidad de los solitarios huéspedes (Carlos Belloso, Betiana Blum, Andrés Gil, Carlos Santamaría y Malena Solda). Hasta que llega un sargento de policía (Walter Quiroz) para investigar a los potenciales culpables de un crimen ocurrido en Londres. Hay claros indicios de que habrá otras dos víctimas en ese refugio en las afueras. Y sí, al final se sabe quién fue.
El elenco, dirigido por Manuel González Gil, cumple con sus papeles en esta trama de policial clásico. Son piezas funcionales a ese desarrollo y responden a ciertos estereotipos, aunque cada uno trata de darle su color como la señora de clase alta criticona e insoportable de Blum o el extranjero extravagante de Belloso, etc. Por momentos, parece una comedia por cierto tono paródico que genera efecto cómico. Solo el personaje de Solda no toca esa frontera. Y la resolución del enigma, después de varias escenas con cuestionarios del sargento, queda, en comparación, algo desdibujada.
Si bien varias veces se representó en distintos espacios del país, hubo una puesta en el circuito comercial porteño en 2018, dirigida por Jorge Azurmendi, y en cuyo elenco también estaba Quiroz pero en otro papel, el del joven extraño para su época que ahora encarna Andrés Gil. Para destacar, el actor y director Francisco Rinaldi mantuvo durante 33 años esta obra en Mar del Plata desde 1979 hasta 2012, pocos meses antes de su muerte. ¿Cuál será el misterio de la permanencia de esta obra? No se trata de quién será el asesino. Sino que, quizá, de modo circular, en la misma pregunta, está la respuesta: es la curiosidad de las cifras lo que impulsa a conocer el fenómeno. Mientras que la historia desgraciada del nene asesinado quedó muy lejos, el devenir transformó la obra en una hazaña numérica.
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