La vida es un programa de radio

El locutor acaba de firmar contrato con Rivadavia hasta 2002. Lleva 31 años en el aire con su ciclo "Rapidísimo"
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20 de diciembre de 2000  

Asistir a la emisión de un programa de "Rapidísimo", en Radio Rivadavia, en el tradicional estudio de Arenales al 2400, es sin duda una experiencia singular, porque permite apreciar las cualidades de un auténtico conductor: Héctor Larrea, locutor, animador, que lleva 40 de sus 62 años frente al micrófono. Esta trayectoria le da un eficaz manejo del elenco que lo rodea, donde cada cual "atiende su juego". Larrea despliega su proverbial energía, su carismático estilo y crea un clima de auténtica cordialidad, respeto y alegría, según corresponda a cada momento del programa. De hecho, cuando llega uno de los varios momentos de humor, esta cronista y el fotógrafo que la acompañó resultaron involucrados en un paso de comedia, elaborado especialmente para homenajearlos. La charla en un bar en las inmediaciones de la emisora con un hombre que, sin duda, forma parte de la historia viva de la radio deja la sensación de estar frente a una persona sincera, sensata, que habla sin tapujos y que ama profundamente su profesión de locutor.

-En estos cuarenta años de trayectoria radial, ¿qué lugar ocupa "Rapidísimo?"

-Un lugar fundamental, porque es mi manera de ser. En este programa está todo lo que yo puedo dar, y me permite la improvisación. Por ejemplo, me llega un libro que me interesa y llamo al autor inmediatamente, ése es el encanto que tiene la radio, porque yo actúo por impulso. "Rapidísimo" lleva en el aire 31 años. Pero para que me dieran ese espacio tuve que luchar, y mucho. El ciclo se inició en Radio El Mundo, estuvo allí en 1969 y 1970, y duraba media hora. Ya entonces se ganó un Martín Fierro, porque sorprendió, sobre todo por la música. En este espacio se revalorizaron géneros musicales que la gente había abandonado porque habían cumplido un ciclo, como el tango, el folklore y el bolero. En esa época sólo se escuchaba "nueva ola". A partir de esos dos años, sentí que necesitaba expandirme, ampliar el horario y formar un elenco. Como la radio no me pagaba, decidí fundar una sociedad. Me fui de El Mundo e ingresé en Continental, que no estaba pasando un buen momento económico. Juntos establecimos el sistema de coproducción. Resultado: permanecí dos años en esa emisora y, además, se salvó la radio. Luego, en 1972, viajé a España, porque el programa recibió el premio Ondas (la distinción internacional más importante a nivel radial) y, al regreso, se produjo un problema financiero con la radio y decidí desvincularme de Continental. Las alternativas que surgían en ese momento eran dos emisoras (no recuerdo cuáles) y Radio Rivadavia, pero sólo en el horario de tarde, lo que no resultaba estelar. De todos modos, yo quería esa radio. Allí estaban José María Muñoz, Cacho Fontana. Además, era la que yo escuchaba, porque tenía una polenta impresionante: era gaucha , prepotente y le faltaba lo que nosotros teníamos, esos aciertos de música curiosa y el sesgo humorístico.

-Su estilo de conducción, la música y el humor definen, de alguna manera, la fórmula del programa.

-Eso tiene que ver con una filosofía personal. Cuando murió mi padre se estilaba que los duelos duraran tres meses, durante los que no se escuchaba radio. Mi madre no sonreía nunca y para un chico (yo tenía 11 años) eso era incomprensible, y me mortificaba mucho. Cuando pasó ese período, encendimos la radio y se dio la coincidencia de poder escuchar un programa cómico. Se produjo casi un milagro, vi sonreír de nuevo a mi madre, que comenzó a regresar a la vida normal. En ese momento comprendí que el humor era una actividad sanadora y que debía tener un lugar destacado en el programa que yo hiciera porque, como ya es conocido, estructuré la vida en mi Bragado natal para trabajar en la radio. Prueba de esto es que mi primer colaborador humorístico fue Carlos Garaycochea, que practica un humor exquisito.

-¿Qué otras figuras hicieron humor en su programa?

-El primero fue Luis Landriscina, que personificó a Don Verídico, con gran éxito durante cinco o seis años. En 1975, cuando pasamos a la mañana, ingresó Mario Sánchez, con libros de Faruk; y, posteriormente, aparecieron dos nuevos libretistas: Horacio Scalise y Jorge Marchetti, que conforman una dupla fenomenal. Y Sánchez hizo una temporada impresionante, con más de cien personajes, como el gaucho Barralde, por ejemplo. También se incorporó Carlitos Russo (todavía trabaja conmigo) con sus imitaciones de personajes, muy necesarias para bajar la línea política. Un buen día, incluso, compré los derechos de los libretos de Wimpi y los decía Raúl Rossi. Eran una joya, pero no tuvieron repercusión popular. Recuerdo que también se representaron pasos de comedia con Osvaldo Miranda y diversas actrices. Luego pasaron por el programa Tincho Zabala, Beba Bidart, Norman Erlich, Jorge Porcel, en el colmo de su éxito, interpretando un sketch que se llamaba "Tito, el del bar de arriba". Era un momento en que se ganaba muy bien, había ingresos y yo me lo gastaba todo en elenco y discos.

-Recuerdo que siempre fue famosa su discoteca.

-Sí, tuve muchos discos, pero regalé como 10.000 y ahora debo tener alrededor de 2000 en vinilo y toda una pared tapizada con compact discs.

- ¿Usted elige la música que se emite en el programa?

-Toda la música es mía, porque si bien hoy se privilegia la palabra sobre la música, hay que ir bajando las edades, pero respetando lo que es auténticamente bueno. Yo no paso música de bailanta porque no me gusta. Entiendo que hay que poner en el aire esencialmente lo que es bueno. Si esto coincide con lo que gusta, mejor. Porque la torta publicitaria está dirigida, en la AM, a gente de entre 35 y 50 años, no más. El tango lo quiero mucho, pero lo tuve que reducir. Lo que resulta inamovible es "La tangueada" y un disco de Gardel, si bien lo quité de la apertura del programa.

-El programa tiene, además, una gran labor de producción.

-Sí, formamos un equipo muy creativo. Marchetti comenzó a colaborar mucho en el micrófono, y eso me hace muy feliz, porque es muy gracioso. Alejandro Gardinetti conduce dentro del ciclo el "Cuentódromo" (sale al aire a las 12.30 y relata tres cuentos todos los días). El cuento fue desestimado por viejo, pero todo el mundo lo pone en práctica (la televisión es un ejemplo de lo que digo). Y ahora estamos buscando gente del under para hacer improvisaciones. Pero lo que me gusta es crear un clima para cada sección. En asuntos más serios, me interesa proponer una reflexión, para que al oyente, sobre todo en estos días, le resulte menos pesada la carga. Yo tengo una actitud piadosa y de comprensión en la radio y sobrellevo mis problemas, que no son sencillos. Sólo es cuestión de encontrarle la vuelta y no dejarse ganar por la depresión.

Hace ocho meses a Héctor Larrea le detectaron cáncer de colon. Fue operado, luego se sometió a quimioterapia y hoy, bien controlado, se lo ve casi totalmente restablecido.

-La experiencia de su enfermedad, ¿marcó un antes y un después en lo personal y en lo profesional?

-Sí, todo cambió en mi vida y sigo sorprendiéndome. De haberlo imaginado, pensaba que yo, que soy el cobarde número uno del planeta, no lo habría podido resistir. Claro, debo señalar que me sentí muy contenido en el Otamendi y tuve una víspera de la operación con total ausencia de pensamientos y sentimientos trágicos. Me bancaron la televisión (fui reemplazado por distintas figuras en la conducción del ciclo "Waku, Waku") y la radio. Todas estas actitudes me demostraron una gran solidaridad. Recibí un apoyo que no es común. A los quince días me reintegré al trabajo. Claro, después vino la quimioterapia que me reventó y me dejó hecho un zombie . Pero todos mis compañeros de labor me sostuvieron de la mejor manera. En verdad, yo no soy una persona que genere enemigos. Me gusta divertirme frente al micrófono o al grabar un programa de televisión. Y trato de sacar de cada grupo humano lo mejor que tiene. Es así como la gente permanecen conmigo muchos años.

-¿Cómo ve actualmente el fenómeno de la radio?

-Con una gran capacidad y flexibilidad para asumir los cambios. Supo ubicarse bien, en especial en estos últimos diez años, que han sido vertiginosos. Lo que está pasando en estos meses, con cambios de conductores, programas, formatos, etcétera, es una prueba de lo que estoy diciendo. Ahora ya casi no hay shows. "Rapidísimo", en ese sentido, es uno de los pocos que están en el aire. Hay gran mayoría de espacios periodísticos debido a la llegada a la radio de periodistas gráficos que han aportado un lenguaje nuevo; eso no se puede discutir. La radio está en un proceso de acomodación. Nadie, ni los mismos dueños de las emisoras, sabe como va a finalizar esto. Me parece que van a tener que corregir un poco el rumbo, se están rigiendo mucho por el marketing. Existen emisoras que hacen telemarketing (así se hizo la Mega, por ejemplo). A veces la mayoría puede equivocarse y la obligación del broadcaster es orientar, como la del crítico de cine o teatro. No soy partidario de hacer todo lo que el público quiere, porque en general, y esto lo demuestra mucho la televisión, se tiende a pegar en lo más bajo. En la gama humana están todas las sensaciones, desde las más sublimes hasta las más abyectas. Esto no significa pontificar, pero sí tratar de elevar el nivel. Por otra parte, tengo la sensación de que el panorama que se avecina estará marcado por la segmentación. Hay muchos medios (radios) en una sola mano, y eso es grave. En fin, el panorama es bastante confuso.

-¿Sabe que es un referente para la gente joven, que ha impuesto un nuevo estilo y es admirado por gente como Mario Pergolini?

-Me siento un privilegiado. Tuve un buen ida y vuelta con Mario. Recuerdo que una vez lo llamé para realizar una entrevista telefónica y me contestó: "Quiero ir al estudio". Ocurría que tanto él como Lalo Mir y Bobby Flores crecieron escuchando "Rapidísimo" (es decir, lo escuchaban sus familias y eso los vinculó afectivamente). Quizá también se deba a cierta coherencia, porque en los momentos en que el rating bajaba, nunca me desesperé. La audiencia a veces se iba, luego volvía (dentro de lo relativo que son las mediciones).

-¿Cuál es el secreto para seguir vigente y ser referente de nuevas generaciones?

-En lo personal, tener cierto grado de inmadurez, que me parece bueno. Por momentos me siento un poco adolescente. Yo nunca programo más allá de fin de año. Ahora sí, porque tengo contrato hasta 2002, pero no en coproducción. Sólo trabajé con ese sistema en circunstancias casi forzadas. Ahora vendo al animador. No me interesa ser empresario. Respecto de la fórmula, seguir apostando al show. Tenemos ideas muy interesantes con Scalise y Marchetti para remarcar más aún este aspecto. El programa sale al aire en lo que se denomina una segunda mañana; lo periodístico y fuerte que no puede faltar en ninguna radio, acá, en Rivadavia, está a cargo de Santo Biasatti, que lo hace muy bien. Me interesa más que la gente se ría y no que se amargue pensando en temas que no van a tener solución. A decir verdad, en principio el programa lo hago para satisfacerme y, por eso, siento que puedo agradar a los demás. En "Rapidísimo" les damos mucha importancia también a los temas solidarios. Siempre hubo mucha gente necesitada, y ahora mucho más. Por medio del programa hemos tenido numerosos logros. En ese sentido, no vacilo en "manguear" a quien sea: político, funcionario, PAMI, amigos, etcétera. Lo que me pone realmente mal es no poder ayudar en los pedidos de trabajo, que son la mayoría...

-Si tuviera que optar entre la radio y la TV, ¿con cuál se quedaría?

-Con la radio, a morir. La radio es mi vida. Mi vida, a veces digo desgraciadamente, es un espacio entre programa y programa. Se me hizo un callo. Todo lo que veo lo metabolizo para ver de qué manera se lo puedo transmitir a la audiencia. Si voy al cine o al supermercado, si vivo algún episodio en la calle, en el coche, con mi familia, todo lo cuento en la radio. Se podrá pensar que casi no tengo vida privada, pero eso funciona a partir de que, siendo una persona común, esas mismas cosas les pasan a muchos de los que escuchan, y de allí viene la identificación. Yo sigo haciendo lo que el niño que todavía soy (inmaduro, indócil, medio loco, lírico, miedoso a veces) me dicta...

Detrás, el dream team

El fervoroso equipo que secunda a Larrea está integrado por el binomio humorístico creativo Scalise-Marchetti y la colaboración de Adrián Suárez. La locución es de Liliana Bejaramo, en espectáculos; Jorge Vaccaro, en los comentarios cinematográficos; Roberto "Pinky" Rial, en política; José Luis Braga, en deportes; Leonardo Uranga y Sibila, en astrología. El humor está a cargo de Carlos Russo y Alejandro Gardinetti. En la operación técnica trabaja Alberto Grimaldi; Juan de Anta se ocupa de la musicalización, Mariano Midaglia de la producción y Roberto Risso asume la coordinación general. Observarlos trabajar es como presenciar la actuación de un dream team que pone en práctica el lema: "Todos para uno, y uno para todos". Y todo esto es parte de la magia de la radio.

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