Brillantes versiones de tres obras cortas del gran Stravinsky
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Espectáculo mixto con el ballet dramático “Pulcinella”, la narración “La historia del soldado” y la ópera bufa “Mavra”, de Igor Stravinsky, en versión de un elenco de cantantes convocados por la Asociación de ópera Juventus Lyrica. Conjunto orquestal dirigido por Emiliano Greizerstein. Puesta en escena y escenografía de Horacio Pigozzi. Teatro Avenida.
Nuestra opinión: Excelente
En el único acto relevante organizado en nuestro país para homenajear, en los 120 años de su nacimiento, a Igor Stravinsky, uno de los creadores decisivos de nuestro tiempo, vinculado al ballet, al teatro cantado y a la música instrumental en todas sus formas, Juventus Lyrica organizó un verdadero festival, con tres de las pequeñas joyas del autor que representan a la danza, el teatro y la ópera y que ofrecidas juntas adquieren una unidad conceptual que quizás el propio autor no imaginó.
Un acierto en la oportunidad de hacer justicia con el célebre compositor ruso y un éxito artístico de destacadas proporciones, en razón de la elevada jerarquía de las versiones ofrecidas, a partir de un excelente trabajo de preparación musical, la calidad de los cantantes e instrumentistas y la muy sobria representación visual.
Los artífices de las excelentes versiones ofrecidas fueron el director de orquesta Emiliano Greizerstein, notable por su claridad conceptual y capacidad para transmitir a sus subordinados, músicos y cantantes, esa cuota indispensable de confianza, apoyo y energía necesarios para elevar el rendimiento individual pero en función de una clara actitud de participación colectiva, y el régisseur y escenógrafo Horacio Pigozzi, responsable de una visión general refinada, rica en ideas plásticas, simples y a la vez inteligentes y lógicas.
A partir de “Pulcinella”, el delicado ballet dramático y recreación genial de Stravinsky de música de Giovanni Baptista Pergolesi, se tuvo la noción del respeto con que serían tratadas las ideas del autor, a partir de una representación en la que se logró un plácido equilibrio entre el movimiento y arabescos de los bailarines –muy buena la labor, como coreógrafo e intérprete, de Miguel Angel Elías– y de sus colegas Cecilia Elías y Aníbal Jiménez, de sobria plasticidad.
Pero al mismo tiempo, la excelencia alcanzada por el conjunto orquestal y por el ramillete conformado por cantantes de indudable jerarquía, como Susana Moncayo, de voz caudalosa y bien timbrada; Graciela Oddone, de fina estampa y delicado matiz vocal; los cada día más aplomados Mariana Rewerski y Carlos Ullán, y el oportuno paso adelante de los jóvenes Nahuel Di Pierro y Vanesa Mautner, acertados en sus intervenciones, logró plasmar una muy buena versión, recibida con agrado por los asistentes.
Palabras, danza y música
Luego, fue realmente elevado el nivel musical de la versión de “La historia del soldado”, ofrecida con una ejecución impecable de los instrumentistas ubicados en el sector derecho del escenario y con un trabajo sobresaliente de los actores Andrea Benolli, al decir los textos del libreto de Charles Ferdinand Ramuz sobre relatos populares rusos, y Daniel Hendler, impecable protagonista, llamativamente consustanciado con su diabólico destino.
Del mismo modo, Cecilia Elías, como la princesa, realzó la escena con una actuación danzada sobriamente ideada, que no dejó de lado el personaje y la acción dramática a pesar de su plasticidad y colorido.
Como último espectáculo se ofreció la ópera “Mavra”, una joyita derivada del talento del escritor Alexander Pushkin, que en el cuento en verso “La casita de Kolomna” ofrece una pincelada cómica e irónica del pueblo campesino de Rusia que Stravinsky transformó en una notable creación musical.
El acierto creativo está sustentado en la estupenda orquestación, el hábil tratamiento del canto, la curiosa ausencia de recitativos, la vertiginosa síntesis del desarrollo argumental y el genial retorno a lo antiguo de la música, pero que en el caso de Stravinsky siempre ha sido un inquietante avance.
Una entrega impecable desde todo punto de vista –más perfecta que la versión del año pasado–, debido al mejor resultado obtenido de la orquesta por Emiliano Greizerstein, por la claridad y originalidad de la régie de Horacio Pigozzi y por el rango artístico de los cantantes.
Así como Susana Moncayo (la madre) ratificó poseer volumen generoso, calidad de timbre, definida personalidad que se sustenta sobre la base de sólida preparación intelectual, conocimientos idiomáticos y prestancia, la soprano Graciela Oddone (Parascha) aportó desenvoltura como actriz, musicalidad, sentido dramático y pureza de timbre.
La vecina interpretada por Mariana Rewerski fue ideal, no sólo por su caracterización, sino también por la riqueza de su voz, en tanto que el tenor Armando Noguera dejó escuchar una voz poderosa y de muy impactante color.
Nuevamente impecables el director Emiliano Greizerstein y el conjunto instrumental, para cerrar uno de los aportes más brillantes y poco frecuentes de las temporadas líricas.
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