
Chavela en la noche porteña
Paseó por la ciudad con su amiga, la bailaora Sara Baras
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Para ella todo es llegar. Y se ponen de pie hasta quienes no la conocen, que probablemente sean muy pocos. En el restaurante Edelweis, Chavela Vargas es recibida con aplausos sostenidos. Tanto calor habrá de sumarse, sin duda, al que atesora en su corazón tras brindar un concierto colosal en el Luna Park frente a 10.000 personas.
Lejos parece esta Chavela de anteojos negros y pañuelo rojo atado al cuello, que entra sin prisa en este sitio tradicional de Buenos Aires, de la omnipresente dama de la canción que apenas, abre sus brazos en cualquier escenario, desata ovaciones.
El público, donde quiera que ella vaya, lo sabe: Chavela es lo que canta y canta lo que ha malvivido y sobrevivido.
En el restaurante, Chavela toma agua mineral y come carne argentina. A su lado, entre otros, conversan animadamente Paolo Rocca, de Techint; Adriana Rosemberg, directora de Fundación PROA; su vieja amiga la locutora Betty Elizalde, y la artista flamenca Sara Baras, quien estuvo en Buenos Aires invitada por la artista radicada en México.
En esta ocasión, Chavela Vargas vino a Buenos Aires a cantar sin cobrar un peso. Y costeó el pasaje y la estadía de su gran amiga, la extraordinaria bailaora flamenca Sara Baras, que voló desde Colombia, donde presenta la obra lorquiana "Mariana Pineda", para estar cinco días con Chavela.
"Es una mujer infatigable. Y es tan rico hablar con ella. Charlamos mucho por teléfono y yo tomo notas porque aprendo", cuenta Sara Baras.
Mientras narra anécdotas que alimentan su leyenda, Chavela apenas moja los labios en una copa de vino tinto. "Se ha vuelto muy mística", comenta el productor de Betty Elizalde.
Elizalde cuenta a LA NACION: "Hace diez años que ya no bebe, y se ha recuperado fantásticamente de una operación en la carótida que tuvo lugar hace dos años".
La "dama de los 45.000 litros de tequila", como se la conoció por su adicción a esa bebida, se encerró un día en su casa mexicana con una botella del mejor y, de cara al alcohol, dijo con su voz áspera: "Esta es la última vez". Bebió hasta la última gota y no volvió a hacerlo. Así lo registra su leyenda.
Elizalde agrega que desde hace años, la artista reconocida mundialmente a partir de su redescubrimiento por Pedro Almodóvar reside en un pueblo de pescadores en la costa oeste de México. Cada mañana despierta temprano para alimentar los pájaros que se aproximan a su casa en busca de alimento.
Al ritmo del tango
En Buenos Aires, se emocionó con el tango en un par de milongas porteñas donde trasnochó hasta la madrugada. Estuvo en La Viruta y los tangueros que la reconocieron le ofrecieron la sensualidad de la canción porteña.
Por permanecer una semana en Buenos Aires, Chavela Vargas rechazó un contrato de US$ 30.000 y gastos pagos en Chile. Su viaje a Buenos Aires fue producto de "una vaquita" entre Fundación PROA, que costeó los pasajes por cerca de US$ 12.000, Techint que pagó el alquiler del Luna Park por $ 20.000, y la Secretaría de Cultura porteña que se ocupó de poner el sonido y el operativo de seguridad.
Es probable que esta gran artista del bolero y el corrido mexicano vuelva pronto a Buenos Aires. Si se concreta el debut de Sara Baras en el escenario porteño este año, ella estará en la primera fila, como ya lo hizo en las presentaciones de la artista española en Venezuela, Colombia y otros países.
No sólo son amigas. Son parte de un alma común llamada "arte".
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