Cierre del festival musical del fin del mundo
Fueron dos semanas en las que se lució la Orquesta Sinfónica de Salta, acompañada por instrumentistas solistas extranjeros
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USHUAIA.- Mil cien personas aplaudieron de pie a los músicos de la Orquesta Sinfónica de Salta, dirigida por Jorge Uliarte, tras el acorde final de la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorák, que marcó el cierre del Festival Internacional de Ushuaia de música clásica, desarrollado durante quince días en la capital de Tierra del Fuego y que finalizó el sábado.
El último concierto abrió con "La flauta mágica", una de las últimas composiciones de Mozart antes de morir, a los 35 años; siguió con el clima trágico por el desenlace de una obsesión amorosa descripto por Bizet en la suite "Carmen", y mientras el auditorio se inundaba con la nostálgica obra compuesta por Dvorák cuando debió emigrar de Checoslovaquia a Estados Unidos, por los ventanales del salón Millenium, del Hotel las Hayas, donde se montó el escenario, se veía caer la lluvia sobre las lengas ocres del otoño en la ciudad del fin del mundo.
Los organizadores del festival dieron así el primer paso hacia el objetivo de posicionar a Ushuaia como sede sudamericana de este género artístico y explorar las fronteras del turismo cultural. El director general del festival, Hernán Román, se mostró "muy satisfecho" con la respuesta del público, que llenó la sala en cada uno de los veinticuatro conciertos ofrecidos en dos semanas, y anunció que la edición 2006 se hará del 22 de abril al 6 de mayo con un programa que será dado a conocer en junio.
Cientos de turistas y pobladores locales disfrutaron de un espectáculo de primer nivel que incluyó un concierto popular en un gimnasio polideportivo ejecutado por talentos como el primer violín de la Sinfónica de Viena, Wolfgang Brand. Pero la violinista ruso-armenia Marina Bkhiyan, integrante del Trío de Graz con el español David Barrera en violoncelo, y el pianista mexicano Leonardo del Castillo; la chelista búlgara Teodora Miteva, y el pianista cubano Luis Lugo fueron los más celebrados por el público.
"Creo que hemos cumplido con lo que nos habíamos propuesto: promocionar el nombre Ushuaia con un festival de estas características para incrementar la actividad turística, y con la gente de la ciudad al traer un espectáculo de alta calidad", celebró el intendente local, Jorge Garramuño, que recibió de su par de Salzburgo, Heiz Schaden, una réplica de la placa original de la plaza Mozart.
El festival recibió un fuerte apoyo institucional, en particular de la Secretaría de Turismo de la Nación, a cargo de Enrique Meyer, a quien Garramuño retribuyó regalándole una batuta confeccionada en madera de lenga y plata con la cabeza de un yamana tallada en un extremo, porque "sin ellos no lo hubiésemos podido hacer", admitió.
El recuerdo de este inédito ciclo de conciertos quedará reverberando en Ushuaia hasta el próximo año en balances y apostillas de la experiencia inicial, como la de los músicos rusos de la Orquesta de Salta, que lloraron al ver nevar "después de tanto tiempo".
También quedará latiendo en la memoria de los chicos de las escuelas que asistieron a los ensayos gratuitos y tomaron contacto con los instrumentos y sus ejecutores, o en el público, en general inexperto, que vivió una "experiencia única", como la música fueguina Maite Celaya, para quien el festival ofreció "conciertos de primerísimo nivel", o Guillermo Quadri, director de coro, que deseó que este ciclo "se instale definitivamente, porque es muy necesario para la sociedad".
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