
Con pompas y circunstancias
Por supuesto, no podía faltar. Y allí estuvo la célebre marcha Pompas y circunstancias, del inglés Edward Elgar, dando vueltas durante un buen rato en la inauguración del Olímpico, que en estos días tiene a Londres en el centro del mundo. Naturalmente, ello ocurrió durante la aparición de la reina fraguada, con inconfundible humor inglés, en un supuesto viaje en helicóptero. Pero además de escuchar los temas de Elgar, también pudimos ver a la Orquesta de Birmingham y a quien fue su director, aquel que la colocó en el gran mundo a partir de 1980, Simon Rattle. Es cierto, llegar a ubicarse en primeros planos en medio de semejante vendaval de hechos históricos de tradición multisecular es una proeza, porque tanto Elgar como Birmingham con Rattle quedaron consagrados, el viernes último, como parte de la gran historia del reino.
Pero ser acreditado con todas las pompas y circunstancias imaginables como célebre creador inglés, a casi ochenta años de su muerte, no le fue fácil a Edward Elgar. Su lucha por ser comprendido tuvo sus sinsabores, pese a su ascenso a la orden de caballero, recibida en el Palacio de Buckingham en 1904. Es que sir Elgar carecía de elevados antecedentes sociales, pero, sobre todo, no concebía apartarse de sus convicciones católicas y del ejercicio de su culto. Sin embargo, en 1924 fue designado maestro de música real y las sociedades victoriana y eduardiana terminaron distinguiéndolo por su talento y su dignidad como ciudadano. Lo cierto es que el autor de Pompas y circunstancias , de las Variaciones Enigma o El sueño de Geronte pudo afirmarse como figura consular de la música inglesa, sin que ello le impidiera compartir sus dos pasiones extraartísticas, el fútbol y las carreras de caballos.
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La presencia de sir Simon Rattle entre los elegidos para la historia en este Mundial tuvo un sentido muy especial, pues las relaciones del músico con su país no fueron tranquilas. Rattle atacó el débil apoyo británico frente al desenvolvimiento de la actividad musical y puso luz roja en torno a la baja subvención estatal para la cultura. Naturalmente, como ejecutante, prestó y sigue haciéndolo, la misma devoción hacia los compositores de su país, como Elgar, Vaughan Williams, Walton y Britten, tanto como a los restantes genios del orbe musical. Lo importante es que, como parte de esa gran historia del país, ahí estuvo Rattle con la que fuera su primera orquesta, antes de dirigir a las más grandes del mundo. Y bien, hasta aquí lo que yo vi. Porque luego me esperaba un concierto del Mozarteum en el Colón, donde Mozart, supremo dios de cualquier Olímpico, y sus intérpretes italianos, me alejaron por un buen rato de las Leonas, de Delpo o de Manu Ginóbili.




