Crónica del desconcierto
Polémica por la ya reglamentada ley del músico profesional
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Más acalorado que adolescente que hace pogo en el recital de su banda de punk rock favorita: así fue el debate sobre la ley del músico que se realizó anteayer en el auditorio de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional.
Días atrás se escribió en estas páginas sobre esta ley -promulgada en 1958 y reglamentada en 2005- que ofrece beneficios para los músicos y también varios aspectos que generan controversias. Y bastante de lo último tuvo el debate con el público que se produjo luego de la mesa redonda organizada por el área de Cultura del gobierno porteño donde expusieron su punto de vista un abogado, un periodista y tres músicos, uno de ellos Martín Jaime, secretario general de la Sociedad Argentina de Músicos (Sadem).
Si hubiera sido un concierto, la crítica musical habría dicho que sonó desafinado. La principal causa que impidió convenir en el "sistema temperado" se produjo por puntos clave de la ley como la necesidad de una matrícula obligatoria de renovación anual para trabajar como músico y la participación de Sadem como una entidad gremial habilitada para otorgarla. Además, otros temas de conflicto fueron la situación de los músicos independientes que no se sienten debidamente contemplados en la normativa, el hecho de que sea una ley sancionada en 1958 y reglamentada sólo en 2005 mediante un decreto presidencial (por lo que algunos la consideran obsoleta) y el debate tardío, pues lo ideal hubiera sido que las discusiones fueran antes y no después de la reglamentación, un año atrás.
Marcelo Moguilevsky, uno de los que expusieron su pensamiento en la mesa redonda antes del debate, habló de la libertad de expresión; dijo que la ley atenta contra la fuente laboral y que un sindicato no puede regular ni colegiar ninguna disciplina artística. También cuestionó la existencia de una mesa examinadora para el otorgamiento de matrículas y de una ley que decida quién es idóneo para realizar esa actividad.
El músico Ariel Minimal alzó la voz en favor de los independientes que, en tantos casos, generan su propio espacio de trabajo. Se refirió a una ley arcaica; dijo que sólo beneficia a los que trabajan en relación de dependencia y fue uno de los que con su discurso encendieron la mecha para que la discusión quedara en el público.
Además de esta mesa redonda también era posible encontrar otras opiniones fuera de ese ámbito. Algunas fueron recogidas por LA NACION días atrás.
El ingenio popular nunca descansa. En un foro de Internet, alguien escribió: "Tengo la prueba final de que Sadem es una trampa impositiva demoníaca. Si pasan la cinta al revés, se escucha: «Me das»".
¿Cómo se llega a ese irónico comentario? Por una discusión en un foro on line que había sido comenzada tiempo atrás por la cantautora Florencia Lestani (Flopa), música que comenzó con grupos como Mata Violeta, y luego editó discos como solista y con otros artistas. Muy bien informada acerca del tema, ella dice que está de acuerdo con muchos de los artículos aunque asegura que la ley es demasiado general para la variedad de situaciones que se puede encontrar en el ambiente musical local. "Me considero música en vías de profesionalización porque no puedo vivir de esto. Me siento excluida. Uno busca lugares amigables para tocar, pero esto nos pone en guerra con los locales", dice la intérprete.
"Si tenemos veinte inspectores de todo tipo por noche, ahora se agregarán estos", comenta resignada una persona encargada de la programación musical en un local de Palermo. "¿Y hay que ver ahora en una banda de reggae que son como quince [músicos] si todos tienen su matrícula? Creo que esto representa un escollo más para el trabajo. Es cada vez más complicado para los músicos independientes. Sobre todo porque no creo que ellos se sientan identificados con el sindicato."
Otro de los que dan su opinión es Rubén Bondoni que administra un local donde diariamente se pueden escuchar grupos y solistas de jazz. "No sé si la ley está bien o mal. No sé quien tiene la razón. Nadie tiene las cosas demasiado claras. Mínimamente se necesita diálogo. Es necesario que el Sadem y los músicos consensúen una política que les sirva a todos. Porque no creo que sirva que el sindicato esté tan enemistado con potenciales afiliados. Nosotros estamos en el medio porque según la ley los responsables ante un caso de multa somos los locales. Terminamos siendo agente de retención. Cuando a mí me cobren tres multas, ¿qué tengo que hacer: dejar de tener shows en vivo?"
Muy distinto parece ser el caso de los músicos que tocan para organismos estables, como las orquestas municipales, provinciales y nacionales, ya que se establece una relación más habitual de empleado-empleador. Pero fuera de estos casos, en el ambiente musical la información es escasa. Muchos se enteraron cuando un inspector apareció para reclamar contratos y matrículas en un local con música en vivo.
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