
Daniel Melero, con nuevo disco
El polifacético artista presentará “Vaquero” esta noche, a las 21, en el Club Español
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Daniel Melero tiene un disco nuevo y esta vez es de canciones. Canciones pop, llevaderas, fáciles de escuchar, agradables. Pero con una pequeña bomba escondida. Porque “Vaquero” es como una cajita china en la que uno se enfrenta con la muerte y sus fantasmas. Allí reside su secreto y su seducción. En esa extraña tensión entre la liviandad pop y la presencia absoluta del discurrir de la vida. Que somos tiempo en carrera “que la tragedia te puede sorprender/la muerte te va a encontrar”.
“Es cierto –acepta Melero– creo que son letras que no escribís a los veinte años, tenés que tener más de treinta. Es la búsqueda de un optimismo a partir de la oscuridad, es reconocer la oscuridad, la muerte, como protagonista de un disco que cree en el amor. Cuando estás en la mitad de la vida, ves tan de cerca la luz crepuscular como la luz del nacimiento.”
“Vaquero”, que presentará esta noche, a las 21, en el Club Español, Bernardo de Irigoyen 172, juega desde su nombre con varios sentidos. Porque aunque no puede hablarse de música country, “en la instrumentación hay mucha guitarra pedal steel. No tanto por el country sino porque me interesa el sonido, que las notas no estén en lugares fijos sino que se deslicen. Que tiene que ver con la travesía de la vida. Fijate que en la foto de tapa se ve el campo desde un auto. Como de paso, en viaje. También pensaba en el jean, un pantalón que todos tenemos, que es igual,y sin embargo cada uno es único, tiene su propio desgaste”.
–Trabajaste con Enrique Londaits como arreglador, ¿qué buscaste al convocarlo?
–Sentía que le hacía falta un tipo de resolución armónica. Que si quedaba en mis manos se iba a sonificar, y el lenguaje del disco pedía la armonía. Sí hay sonoridades importantes, como la guitarra, pero realmente es la jerarquización de la melodía y una búsqueda de belleza en las notas musicales más que en las cualidades de pasta de sonido, que sería como una característica mía.
Daniel Melero cuenta que de las once canciones que componen el álbum, ocho fueron hechas en una sola semana, cuando dio con la idea del disco, “la de la muerte como resaltador de la vida” y las compuso de un tirón, encerrado con su guitarra en una habitación de hotel. Pero otras tres son anteriores. Dos de los tiempos de “Rocío” (“El mundo será nuevo” y “El reino de los sueños”) y una, “No es tan simple”, de 1981, en la etapa pre Encargados. “No la había grabado definitivamente antes porque las hubiera dañado mi tratamiento musical.
Desde hace años, Melero es sinónimo de experimentación. Referente de la electrónica en la Argentina. Padrino de bandas. Productor de tantas otras. Adelantado. En su casa se acumulan demos de los que piden opinión y consejo. Sin embargo, ahora, se alegra de que este disco no exija tanto. “Tal vez es el álbum mío que menos requerimientos tiene –dice– no está eso de «a ver que tengo que aprender hoy», una postura medio insoportable que me acompañaba”.
Prefiere describirlo como una casa de portón grande, por el que pasan todos, con cuartos amplios y parque, pero también con un altillo “donde hay un arcón rodeado de telarañas al que podés ir si querés, y si vas lo que descubrís son tus cosas no las del autor”.
Además, sorpresa, Melero hoy dice que desconfía de la experimentación. “No creo que la música sea un campo de experimentación”, arriesga.
–Pero lo creíste mucho tiempo
–Sí, y en los años 80 todavía lo era, pero creo que hoy está agotado. En la música busco ahora belleza y que me ponga a 20 centímetros del piso. Si logra, eso no me importa si tiene experimentación. La música en el siglo XX agotó sus recursos. Fue del silencio absoluto de la obra muda de Cage a la cacofonía de Sonic Youth y, en el medio, la música orquestal y la hecha con máquinas. Probablemente el campo de experimentación hoy tiene que ver con la música, pero con una multimedia nueva, que hay, por ejemplo, en ciertos sitios de Internet. No con la estética que hoy tiene la Internet sino con la que va a tener. Yo estoy muy feliz que se hayan caído todos esos punto com, porque así tenemos más ancho de banda los que queremos usarla en serio. A mí la idea del shopping a distancia me parece escasa y creo que con el teléfono se podía hacer. O los portales, me parece ridículo que habiendo buscadores vayas a un portal que tiene intereses en que vos veas ciertas cosas nada más. Fue la etapa jardín de infantes de la Red”.
Del tecno al blues
Como ejemplo de un uso no pasivo de la Red, hace menos de un año, Melero editó “Tecno”, un disco hecho exclusivamente con instrumentos bajados de la Internet. A puro mouse y teclado. Ahora, en cambio, no sólo trabajó con músicos sino que invitó al guitarrista de blues Miguel Botafogo.
El músico se ríe. “Siento afinidad con Botafogo, es un buscador, un generador de otros artistas y un profesor excelente. Además, dentro del blues, es muy bizarro lo que hace. Cuando escuchás el salvajismo con que toca la guitarra ves que está lejos de ser un purista. Yo pertenezco a la cultura rock y por ahí no me parezco mucho al tipo de músico que hay ahora. Pero creo que lo único que hay que exigirle a un artista es que arriesgue; si se equivoca, es perdonable, pero que haga la pirueta correcta es insoportable. Si elegiste hacer esto, es sin red.”
Allí va, hoy, con sus músicos. Una banda de dos guitarras, bajo, batería y teclados. Forma del rock. “Estoy muy entusiasmado con eso. Llevaba muchos años de cierto autismo en mis discos. Estoy muy interesado en lo que los músicos me proveen.”
Le encanta, también, la sala de ensayo. “Aunque no me creas, nunca tuve una. Con Los Encargados ensayábamos en una casa, los tres, alrededor de una mesa. Es la primera vez que estoy en una sala de ensayo con estructura de rock y estoy deslumbrado. Sí estuve con los Soda Stereo, pero no era un proyecto mío. Es un ritual nuevo para mí.”
Este ámbito nuevo para él le ha despertado las ganas de seguir por el camino de la canción. “Me estoy planteando hacer un disco que profundice en la misma línea de éste, no cambiar en el próximo, que es lo que siempre hago. Ya es como un cliché, se sabe que ahora voy a hacer un disco que no se va a parecer en nada al anterior. Tal vez mi próximo disco también sea de canciones y tocado por personas. Quiero trabajar con los músicos la composición”.
Imágenes y sonido en el film “Arto”
Melero está dándole los últimos toques a un largometraje experimental, continuación en cierta forma de “Tecno”, el espectáculo de música e imágenes que presentó el año último en el Atlas Recoleta. “Es un racconto de la historia del cine, o del cine que a mí me afectó. Se mezclan también artistas icónicos como Warhol o Raushenberg, con otros de la literatura.
–¿Y la música?
–No es tecno, está más cerca de Bartok o de Schoenberg, por supuesto que vistos por un rockerito de barrio. Yo nunca estudié música, pero de Napster empecé a bajar archivos de música clásica y estuve investigando Bartok. En general los artistas que fueron muy adelantados fueron fracasados en su época. Pero Bartok estaba 200 años adelantado y tuvo éxito popular. Creo que logró disfrazar toda su locura dentro de la música popular balcánica. Parecía folklore y se trataba de música mucho más compleja, incluso con elementos del gamelan (música de Indonesia).
–¿Cómo se llamará la película?
–“Arto”, una mezcla de arte y hartazgo.
–¿Usaste el mismo programa que en el Atlas Recoleta?
–Sí, es el que me permite desde las imágenes modelar la música. Por ejemplo, un cuadro de Warhol evoluciona hasta ser una parte de “El perro andaluz”. Es el sampler aplicado al cine, que además interactúa con la música.
–¿Qué tipo de cine elegiste?
–Mucho cine bizarro, del que no tengo una visión irónica. Valoro del cine bizarro que sean capaces de sacrificar la realización si el concepto es transmitido. No me parece interesante alguien que gasta 300 millones de dólares para que un barco parezca que se hunde. Lo interesante es saber por qué se hunde, ver los motivos que hay detrás de las cosas, lo perturbador, lo enigmático.
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