
Disparen contra Bach
Cuando se leen crónicas del pasado es fácil admirarse ante los desaciertos de quienes auguraban catástrofes que no ocurrieron o certezas que nunca tuvieron lugar. En el campo de la música las cuestiones son, quizá, menos dramáticas y por eso los diagnósticos erróneos o las fallidas prognosis, a lo sumo, mueven a alguna sonrisa. O a algún pesar si lo expresado pudo haber ocasionado algún disgusto a la víctima de la mala observación. Johann Adolph Scheibe fue un compositor y un muy afamado teórico. Nacido en Leipzig, en 1708, debe haber escuchado innumerables obras de Johann Sebastian Bach, ya que éste era el responsable de la música para los servicios de las cinco iglesias de la ciudad. Lo apreciaba como un buen trabajador de la música aunque no en su calidad de creador. En 1737, escribió: "Este gran hombre sería la admiración de naciones enteras si tuviese más encanto, pero con sus formas ampulosas y confusas priva a sus obras de naturalidad, al tiempo que oscurece su belleza con un excesivo artificio. Sus manierismos y sus ornamentaciones exageradas privan a sus obras del encanto de la armonía. Es de admirar su laborioso trabajo y su extraordinario esfuerzo, pero los aplica en vano porque actúan en contra de la naturaleza". En la misma tónica que Scheibe, pero más duro, en 1782, Johann Friedrich Riechardt, otro compositor y teórico, dijo: "Si Bach hubiese poseído el elevado sentido de la verdad y la profunda sensibilidad para la expresión que animaba a Händel, hubiese sido aún más grande que él. Pero careció de esos dones y se refugiaba en más y más artilugios polifónicos y en procedimientos armónicos sumamente artificiosos". Un sufrimiento menos para Bach: cuando Riechardt profirió este sinsentido, Johann Sebastian ya había fallecido.



