
El canto popular de la resistencia
"Resistiendo". Espectáculo de la compositora e intérprete Teresa Parodi. Con Raúl Miño (dirección musical y acordeón), José Luis Colzani (percusión), Héctor González (guitarra, bajo y coros) y Claudia Mazzeo (coros). Invitados: Grupo La Chilinga, Ricardo Flecha, dúo de danza Payé del Monte. El viernes, en el Espacio Cultural ND-Ateneo (Paraguay 918).
Nuestra opinión: Bueno
Hace algunos días, Teresa Parodi dijo, medio en broma, durante una entrevista televisiva, que alguna vez había intentado hacer un tipo de música diferente de la que compone, pero siempre terminó en el chamamé. Más allá de la broma, lo cierto es que todo lo que hace suena a chamamé, y está bien que así suceda, ya que esto marca un buen rasgo de su identidad.
Algo similar le sucede como autora. En general, la inspiración no llega de trivialidades. La mayoría de las veces, lo que escribe es el resultado de reflexiones personales o de la realidad social. Su último CD en vivo, publicado el último año, tiene un poco de cada una. Por un lado, las referencias personales, que aparecen en "Canción para Federico" o "La casa vieja"; por otro, el canto encendido de "Creo" y "Resistiendo", un tema que se desprendió del disco para darle forma al espectáculo que sube a los escenarios.
"Resistiendo" es una palabra que hoy puede prescindir de promoción. Fue impuesta, no por modas, sino por necesidades y urgencias populares. Y en este espectáculo el término no es punto de partida de una épica setentista, sino una especie de arenga a la esperanza.
Parodi estuvo casi hasta último momento poniendo y quitando temas de su repertorio hasta dar con una lista de canciones que fueran en esa dirección. Para comenzar optó por "Señales de vida" y, excepto por algunas piezas que apuntan más a lo anecdótico, costumbrista o a las pinceladas de paisajes, la mayoría de sus temas apoyaron el mensaje propuesto desde el título del show.
Con "Señales..." comenzó a marcar el rumbo, seguida por su banda y la segunda voz de Claudia Mazzeo en un trabajo efectivo y de buen gusto, porque suavizó la tenacidad de la intérprete correntina. Quizás al principio del espectáculo no sea tan notable, pero adquiere valor a medida que transcurren los temas y la garganta de la protagonista levanta temperatura. Parodi reniega de varios matices que podría darles a sus melodías y de una mayor nitidez; los esconde detrás de su emisión caudalosa.
Todo lo demás sirvió para sumar al espectáculo. Porque lo que ofreció no muestra cantidad ni variedad, sino la virtud de lo suculento: ante todo, su carisma, lo sustancioso de los versos que recorren temas como "El otro país", "Si tengo que elegir" o "Sin darme cuenta", las músicas nutridas por los sonidos del Litoral (melancólicas en "Para ir andando" o festivas en "Esa musiquita"), que transcurrieron en el buen ensamble del acordeonista Miño, Héctor González en guitarra y Colzani en percusión.
Por último, una pareja de baile que sin piruetas ni vestimentas llamativas mostró belleza en sus movimientos y un par de sorpresas reservadas para el final por los músicos invitados. El cantante paraguayo Ricardo Flecha le regaló una versión en guaraní de "Canción para Verónica" y el grupo de percusión La Chilinga acompañó una emotiva versión de "San Cayetano" y una de las novedades más fuertes de su repertorio, "La vida reclama" (aunque Parodi intentara imponer en los bises el estreno de "Soy feliz", menos lograda).
Así inauguró la reapertura del Teatro Ateneo. Con un mensaje claro, buenas canciones y esa arenga a la esperanza que hicieron del show una celebración de canto popular.
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