El jazz, con voz de mujer
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Presentación de "Limbo", con Roxana Amed en canto, guitarra y composición, Alejandro Ridilenir y Claudio Iuliano en guitarras, Fernando Galimany en contrabajo y Mario Gusso en percusión. Próximo show: hoy, a las 22, en Notorious, Callao 966.
Nuestra opinión: muy bueno
Un show rotundo por la fuerte personalidad de la cantante Roxana Amed, la voz más importante del jazz en la Argentina. Esta vocalista y compositora es una de las artistas que han quebrado el habitual camino por el que transitan las mujeres del jazz (cantar standards en inglés) y se ha lanzado a trabajar sobre su propio material, lo cual muestra una indudable búsqueda de identidad.
Su ciclo de shows de los viernes en Notorious (que seguirá los sábados, en el mismo club, a partir del 11 de octubre) reflejó que su crecimiento no se detiene ni se demora.
Dueña de una voz excelente, un amplísimo registro que maneja con una ductilidad sorprendente y sin impostaciones sobreactuadas, Amed siente la música en su cuerpo y lo transmite en forma de un canto sentido, por momentos casi oscuro, pero valiente y sincero.
Amed domina la construcción de climas, que parecen tomar formas caprichosas, aunque resultan adecuados para esta propuesta que tiene un innegable tono conceptual.
Precisamente, las composiciones de la artista son viñetas de una fuerte carga emocional. La lírica de esta intérprete lleva su mood, pesado y que queda expuesto en los versos de temas centrales de su repertorio, como "Limbo" o "Epitafio".
Amed tiene un estilo propio, como la tímbrica de su grupo con dos guitarras a cargo de Alejandro Ridilenir y Claudio Iuliano, Fernando Galimany en el contrabajo y un siempre inspirado Mario Gusso en percusión con los que se da una comunión poco común, quizá porque sabe exactamente lo que quiere. El grupo trabaja sobre el colectivo; pocos, escasísimos solos hablan de una defensa acérrima no sólo de la melodía sino también de los climas que consigue Amed desde sus fraseos que tienen saltos de octava, falsetes y una profunda fuerza emocional.
Tanto trabajo sobre la lírica y la forma de expresión correrían el riesgo de diluirse frente a excesos instrumentales. Por el contrario, la cantante y el grupo se enhebran en una propuesta rica en tonos y texturas que podríamos definir como tributarias de un único gran río, la melodía. La Amed maneja un liderazgo natural. Su voz jamás pierde presencia o ánimo, aun cuando casi susurra la frase.
El grupo tiene en los guitarristas su brújula, aunque el motor rítmico está en las manos de Galimany, un contrabajista seguro y que logra entrar en la respiración de la cantante. El caso de Gusso es similar, aunque combina la tarea de sostener la pulsación rítmica con un criterio de colorear los contornos melódicos. Inspirado, arma verdaderas atmósferas sonoras, aunque sin invadir el esquema armónico-melódico. Está dentro de la música, sin imponer la presencia sonora de sus tambores o utensilios percusivos.
Este juego de permanente equilibrio habla de una madurez conceptual reconfortante. La libertad musical utilizada en pos de una unidad sin altibajos.
Si se siente cómoda en expresarse tanto en inglés como en castellano es porque la lírica es propia y eso hace más genuina su propuesta.
Su versión, al cierre, de "Caravan" muestra que no lleva en vano un apellido de origen árabe. Un encuentro con la voz más fuerte del jazz argentino, que traspasa lo estrictamente genérico para volverse una de las cantantes más interesantes del país.



