El rockero medio está de fiesta
Flaming Lips cerró una semana de ensueño para los amantes de la música en vivo
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Música y delirio. En una semana U2 volvió con su nave espacial a Buenos Aires a cinco años de su última visita y empequeñeció la capacidad del Estadio Ciudad de La Plata en tres oportunidades (miércoles, sábado y domingo); los seguidores de Perry Farrell -al menos aquellos que con sus respectivos celulares en mano consiguieron una entrada- se dieron el gusto de escuchar en vivo por primera vez a Jane's Addiction (jueves); la banda norteamericana The National colmó las expectativas de un grupo de adoradores del rock indie a pura descarga eléctrica durante dos noches consecutivas, en La Trastienda (domingo y lunes); un día más tarde, anteayer (martes), Wayne Coyne se enfundó en su traje de animador de fiestas psicodélicas y junto a sus compañeros de Flaming Lips regaló una noche de ensueño para sus fans, que debieron esperar varios años para disfrutar en vivo y en directo de este concierto de honestidad creativa sin poses, música profundamente emocional y ánimo celebratorio. La esencia pop comercial más experimental o la experimentación más comercialmente pop. A 20 cuadras de allí, Devendra Banhart iba por su revancha en Niceto (también el martes), luego de su deslucido debut porteño en 2006.
Sin dudas, una fiesta para el rockero medio, entendiendo la expresión tanto por el promedio del gusto de la audiencia como por la clase social a la que hay que pertenecer para pagar las entradas y asistir a estos espectáculos.
"Si tuviera la posibilidad, iría a todos", había sugerido Coyne, en diálogo con La Nacion, al enterarse de la abultada cartelera porteña en la semana de su debut.
Anteayer, el cantante de Oklahoma recompensó a los que tuvieron que elegir y lo hicieron por Flaming Lips, con un show multisensorial. Con una prueba de sonido abierta al público, sin telones ni secretos, con su chiche esférico de plástico para rodar sobre las cabezas del público y el cielo multicolor de papel picado que sobrevuela una seguidilla de algunas de las canciones más luminosas de su repertorio: de "The Fear" a "The Yeah Yeah Yeah Song" y de la pequeña "Yoshimi Battles the Pink Robot Pt. 1" al cierre perfecto para la noche ideal con versiones preciosistas de "Race for the Prize" y "Do You Realize??".
Con una banda dirigida con caótica precisión por la mano firme de Steven Drozd, todo un hombre orquesta -ciertamente logra llevar el complejo estudio sonoro de Flaming Lips al escenario con justeza y destreza admirables– y esa suerte de Umpa Lumpa anaranjados y alucinados que acompañaron el show bailando a un costado. La espera valió la pena.
Buenos Aires no duerme
Música y delirio. Siete días de lujo para la cartelera rockera de Buenos Aires, que, más causalidad que casualidad, tuvo como banda sonora la disputa entre las productoras locales organizadoras de los espectáculos internacionales por la licitación del estadio de River.
Si bien es cierto que el alunizaje del Lollapalooza en Santiago de Chile el último fin de semana fue en buena medida el responsable de este aluvión rockero sin precedente, en estos días también quedó expuesta una vez más la hipótesis sobre una Buenos Aires que no duerme y que cuenta con público para mantener su fama, de lunes a lunes, con conciertos de primer nivel.
De allí entonces que la puja entre las productoras haya cruzado la línea mediática, con la intención de beneficiarse de estos tiempos de rock en permanente estado de gira.
Wayne Coyne, con su perfil de profesor chiflado, parece conocer la situación. "El negocio de la música ahora se ha volcado hacia los conciertos y las grandes giras; eso, definitivamente, es una de las causas por las que nosotros pudimos salir de los Estados Unidos con nuestro espectáculo y llevarlo a lugares donde nunca antes habíamos tocado", confesó días atrás el cantante. "Por suerte, sólo nos piden que hagamos lo que más nos gusta hacer: música", concluyó.
Anteanoche, Coyne y compañía hicieron algo más que música, con una propuesta que busca su esencia en la experiencia energética y que cerró una semana ideal para el rockero medio argentino. A partir de mañana, los que estarán de parabienes serán los amantes del metal, con una sucesión de conciertos que incluye a Iron Maiden, Slash, Avenged Sevenfold y Motörhead, en menos de lo que la luna tarda en cambiar de fase.
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