Los dos discos que cambiaron todo... o nada

Set It Up, telefilm de Netflix
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Franco Varise
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5 de mayo de 2019  

En definitiva: lo que dejó la semana

En la semana del 2 de mayo de 1989 los jóvenes de los Estados Unidos escuchaban "Like A Prayer" de Madonna, mientras que en el Reino Unido, "Hand On Your Heart", de Kylie Minogue, alcanzaba el número cinco del ranking. See No Evil, Hear No Evil dirigida por Arthur Hiller era una de las películas más vistas y el libro Versos satánicos, de Salman Rushdie, sacudía al mundo. Sin embargo, ese día -el martes pasado se cumplieron 30 años- ocurrió algo que hoy representa un accidente trascendental en la música rock. The Stone Roses, una banda de chicos un poco descuidados de Manchester, editaba su primer disco sin que nadie advirtiera lo que venía escondido en ese paquete. También, el mismo día The Cure sacaba Disintigration, el álbum que los colocaría otra vez en el centro del agujero negro mundial luego del desabrido Kiss Me, Kiss Me. Quizá la casualidad del calendario dio que el mismo día aparecieran dos discos que fueron fundamentales para la evolución de la música pop de las últimas tres décadas. ¿Casualidad? Bueno, tal vez, no. The Stone Roses sale a la superficie como el emergente musical de un movimiento cultural y social que se bautizó como Madchester. A los pocos años esa escena que combinaba el espacio de la pista de baile y el éxtasis (la droga de diseño que cambió la autodestrucción por el "amor") con el rock y el pop se convirtió en la mayor influencia rítmica y espiritual de los jóvenes modernos de las siguientes décadas (Oasis y Blur le deben todo). Manchester, la ciudad donde había nacido la Revolución Industrial, a partir del 2 de mayo de 1989 empezó a exportar al mundo a Madchester ese groove de batería único, la moda y la forma de pararse frente al mundo. Además de The Stone Roses aparecen flotando rápidamente Happy Mondays (el término Madchester se adopta a partir de uno de sus temas) e Inspiral Carpets, entre otras bandas. Incluso esa influencia puede rastrearse hoy, 30 años después, en muchas de las bandas argentinas indie del conurbano bonaerense (107 Faunos, por ejemplo). En cambio, Disintigretion de The Cure es todo lo contrario. Uno de los discos más oscuros de la banda inglesa tenía su correlato social en un espíritu menos local y más global: la caída de la Unión Soviética, crisis económicas mundiales, tensión bélica y el final de una década donde la música pop empezaba a mostrar sus peores vicios comerciales. Robert Smith nunca más pudo repetir ese hiato de inspiración que fue Disintegration.

El martes pasado, o sea, el 2 de mayo, pero de 2019, la industria musical celebró los Premios Billboard en Las Vegas en un contexto diferente al de 30 años atrás. Ni rastros quedaron de lo que pasaba por aquellos años: la novedad es que la música latina, con Maluma en plan latin lover seduciendo a una Madonna un poco perdida, es la gran novedad de ventas y audiencias. El reggaeton, el trap y el universo del hip hop en sus vertientes menos virtuosas se llevaron todos los galardones en el MGM Grand Garden Arena de Las Vegas. ¿Qué nos estará diciendo esto del contexto social? Quizás es demasiado pronto para analizarlo, aunque sospecho que no quedarán muchas huellas artística para un homenaje dentro de 30 años.

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