
Filarmónica de Berlín: la particular fórmula de la orquesta más democrática del mundo
Bajo la batuta del director ruso Kirill Petrenko y el pianista islandés Víkingur Ólafsson como solista, la formación, una de las más prestigiosas del mundo, regresa al país tras 26 años de su última visita; a partir de este miércoles ofrecerá tres conciertos en el Teatro Colón
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Al cabo de un largo y reservado proceso de empates entre dos candidatos favoritos, en junio de 2015, la junta directiva de los miembros de la filarmónica, informó la elección por amplia mayoría de su nuevo titular. Un tercer candidato neutral que no dividiera las aguas en dos corrientes irreconciliables. En una conferencia de prensa que convocó la atención de medios internacionales, como pocas otras noticias del ambiente clásico, la Filarmónica de Berlín —la orquesta más democrática del mundo, epítome de la excelencia musical—, anunció con cuatro años de anticipación para asumir el puesto, a su nuevo titular, el director ruso Kirill Petrenko.
“Nuestra selección —explicó el violinista a cargo de la junta—, recae en un músico para quien el foco de atención está puesto en la obra. Nunca en su persona. Un director cuyo carisma es capaz de transformar la sala de conciertos.” Bajo su batuta, la prestigiosa agrupación alemana fundada en 1882, conducida históricamente por leyendas como Furtwängler, el emblemático Herbert von Karajan, Abbado y Rattle, regresa a la Argentina tras veintiséis años de su última visita para ofrecer, en el cierre de su gira americana iniciada en Nueva York, tres conciertos en el Teatro Colón. En el primero de los dos programas contarán con la participación del eximio pianista islandés Víkingur Ólafsson, solista del concierto nº 1 de Brahms.

Sobre algunos aspectos de la tournée, el funcionamiento de la orquesta autogestionada, sus parámetros artísticos y profesionales, LA NACION dialogó en exclusiva con los representantes del organismo, los violinistas Eva-Maria Tomasi (titular de la junta directiva, responsable de los asuntos artísticos y las audiciones para incorporación de músicos) y Philipp Bohnen (representante del comité de medios, encargado de los planes de grabación, discos, transmisiones y proyectos digitales).
−Veinte seis años de la gira que trajo a la Filarmónica con Abbado ¿por qué tanto tiempo y con qué expectativas regresan?
Eva-Maria Tomasi:− Ha pasado mucho tiempo, pero recordamos muy bien nuestros días en Buenos Aires, la fantástica acústica del Colón y su público. Teníamos ganas de volver a experimentar esa sensación. ¿Por qué tomó tanto tiempo? Es difícil de responder. La Filarmónica de Berlín es una embajadora cultural. Intentamos tocar en muchos países, pero no siempre resulta sencillo. Por lo general nos inclinamos por Asia y los Estados Unidos, pero planificar las giras implica mucho trabajo. De hecho, esta tournée en la que volvemos a América del Sur, la concretamos ahora, pero se decidió hace varios años.
Philipp Bohnen:− Tenemos un tiempo limitado para dedicar a las giras y Buenos Aires, desafortunadamente, está a unos cuantos kilómetros de Berlín (risas), lo cual dificulta la posibilidad de incluirla en nuestros planes ¡Por eso estamos felices de haberlo logrado!

−Asia y Estados Unidos requieren otros tiempos, esfuerzos y costos por la menor distancia ¿Qué factores son más decisivos en la elección?
Philipp Bohnen:− Tomamos nuestras decisiones basadas en una cantidad de información de la que disponemos, no solo logística, también financiera y programática. Llevo 19 años en la orquesta de modo que será mi primera vez en la Argentina y sé por lo que cuentan mis colegas, lo enamorados que siguen de la Argentina y del Colón. La generación joven está muy ilusionada con visitar uno de los más extraordinarios escenarios musicales.
−Mencionando la orquesta como embajadora, si la institución es la representación y el programa es el mensaje: una noche alemana de Strauss y Brahms, otra combinada de Tchaikovsky y Elgar ¿Cómo eligen el repertorio?
Eva-Maria Tomasi:− Somos democráticos pero la decisión final es de Petrenko. Él elige las obras, reflexiona, considera la combinación ideal y lo que podemos aportarle al público. En el 2º programa tenemos la 4ª Sinfonía de Tchaikovsky y las Variaciones Enigma de Elgar, obras que cuentan historias profundamente humanas. No se sabe bien a qué tipo de enigmas se refiere Elgar, pero hay un componente espiritual. Lo mismo en la sinfonía que según las cartas de Tchaikovsky cuenta una historia de crisis y sentimientos.

Philipp Bohnen:− El 1º programa empieza con el fabuloso concierto de Brahms. ¡Estamos agradecidos de contar con un solista de la talla mundial de Víkingur Ólafsson! una obra maravillosa concebida como una sinfonía donde también el papel de la orquesta es de una relevancia enorme. Como una gran sinfonía con un componente orquestal fabuloso que encaja de maravillas con nosotros. Sigue Así habló Zaratustra. Nosotros crecimos con Richard Strauss y su música (que él mismo la dirigió en esta orquesta) forma parte de nuestro ADN. Es siempre maravilloso poder interpretar esta obra y Petrenko tiene una forma fantástica de abordarla: el manejo de los momentos más espectaculares no solo el bombástico inicio sino en cada desarrollo épico, la combinación con secciones camerísticas y los pasajes más intimistas a cargo de los solos. Petrenko maneja esas transiciones magistralmente permitiendo el lucimiento de la orquesta en la plenitud de sus capacidades.
−Respecto de la famosa identidad sonora ¿Cómo se mantiene y transmite a sus integrantes, provenientes de lugares diversos, que no se formaron en la antigua tradición centroeuropea?
Eva-María Tomasi:− La imagen sonora ha ido cambiando en las últimas décadas. A partir de las grabaciones digitales de máxima precisión, la demanda técnica es altísima. Hoy se tiene mucho más cuidado a que la perfección sea absoluta. Técnicamente, los músicos son mejores que hace 40 años y su nivel de exigencia y ejecución es superior. Ese grado de perfección hace más ardua la conservación de la famosa tradición sonora. Después, cada director trabaja facetas propias, pero lo que se mantiene indeclinable es la calidad.
−¿Cómo se lleva a cabo la incorporación de los músicos?
Eva-María Tomasi:− Somos nosotros mismos quienes seleccionamos a los que se incorporan mediante audiciones y un período de prueba de 2 años que es muchísimo más extenso que en cualquier otro lado. Después de ese tiempo, se requiere la aprobación para ser aceptado y nombrado miembro. En esos dos años podemos comprobar si es la persona correcta o no.

−¿Cuáles son las fallas o falencias cruciales?
Eva-Maria Tomasi:− A veces ha sucedido que la orquesta determina que la persona no es adecuada. Que, aun siendo un músico increíble, no termina de “respirar” a nuestra manera y eso determina que no encaje con el espíritu de los Berliner. Nuestra negativa no significa que se le arruina la carrera, pero hay muchos componentes que tienen que funcionar para una incorporación definitiva. Por ejemplo, si percibimos que un músico está tocando sin energía, eso es definitivo, porque hay que comprender que lo que estamos haciendo es una gran música de cámara. Tocamos con ese espíritu en un gran formato, arriba y abajo del escenario. ¡Por supuesto, hay un director adelante y cien personas alrededor, nadie se va a quedar dormido! Pero de allí a la conexión que tiene que mantener el músico en permanente contacto con los demás y el director, el grado de atención con lo que está sucediendo en las otras secciones, su alerta y contacto visual. Eso es fundamental. Si advertimos que un músico mira para abajo, atiende solo a su atril, está desconectado y absorto, o descubrimos que en el concierto una persona no transmite energía que, aunque toque bien, se mantiene aislada o centrada en sí misma y no comunica nuestro mensaje, esa persona no funciona para nosotros. Esa clase de músico que considera que ser parte de una orquesta es venir a tocar (mecánicamente), terminar el concierto y volver a casa, no puede formar parte de la Filarmónica de Berlín.
Philipp Bohnen:− Es un equilibrio delicado porque hacemos “música de cámara” entre 130 personas [N de la R: con más treinta grupos de diversas formaciones permanentes dentro de la propia organización, el rendimiento solista dentro de la estructura de cámara se pone a prueba con una vara de alta calidad]. Pero volviendo a la pregunta de la identidad, que me interesa cuando hablamos del “sonido centroeuropeo”, si tomamos dos organismos equivalentes, ambos fabulosos y reconocidos en todo el mundo: la Filarmónica de Viena y la de Berlín, suenan diferente. Incluso con músicos que han estudiado con los mismos maestros y en las mismas escuelas. En el ensamble general suena diferente. A eso nos referimos cuando hablamos de encajar o no con nuestro estilo. Y otro aspecto en la cuestión de la identidad es que no tiene nada que ver con el pasaporte. Tenemos 36 nacionalidades en la orquesta, y solo somos seres humanos reunidos para hacer música juntos. Ahora que estamos de gira, fuera de nuestra sede, se suma el factor acústico que tiene un inmenso impacto en nuestro sonido y manera de tocar.
−Una experiencia diferente por la proyección y la concepción del espacio, la apertura y cercanía con el público ¿qué adaptan al pasar del recinto berlinés (la famosa sala con el escenario en el centro y el público dispuesto en terrazas asimétricas) a un teatro de ópera a la italiana como el Colón?
Philipp Bohnen:− la acústica de la sala tiene una gran incidencia. Nuestra sede en Berlín, una de las mejores del mundo, permite sumergirnos en un sonido cálido y transparente.
−¿Esos ajustes se logran con facilidad?
Eva-Maria Tomasi:− La sala es un instrumento más. Nosotros estamos habituados a salir de gira. Tocamos en muchas salas y con reacciones acústicas diversas. Conocemos la experiencia de adaptación y eso se resuelve en los ensayos, a criterio del director que es quien evalúa el resultado. Nosotros podemos estar escuchándonos, pero siempre tiene que haber un control externo que juzgue el equilibrio, si hay que tocar más o menos las cuerdas, los vientos, los metales, la sección que sea… El equilibrio es una de las cualidades más importantes y lograr que sea adecuado es fundamental. No es lo mismo tocar en una estructura envolvente como en el Carnegie Hall que en un espacio libre y abierto. Para eso se ensaya.
−¿En qué aspectos menos publicitados que la elección del director funciona el régimen democrático?
Eva-María Tomasi:− Uno rasgo que nos distingue es que llevamos a cabo muchísimos proyectos educativos. Queremos llegar a muchísima gente no solo a quienes tienen la posibilidad de asistir al concierto. Definitivamente queremos hacer algo por el futuro.
Philipp Bohnen:− Tenemos cuatro asambleas en el año con la junta directiva, comités e integrantes. En esos encuentros se habla de los próximos pasos y los proyectos grandes. Recogemos una idea general de lo que piensa la orquesta sobre qué realizar y cómo. Por ejemplo: qué plan de grabaciones vamos a lanzar, qué propuesta digital vamos a presentar, con qué nuevo repertorio vamos a enriquecer nuestra vida. Los temas importantes y lo que queremos compartir por el bien de la gente. Porque si uno es un músico profesional, dedica su vida a esto, estudia a diario y hace un trabajo de calidad, al final de todo lo que quiere es compartirlo. No importa si el público va a todos los conciertos o solo a uno. Debe ser beneficioso siempre.
−¿Qué es motivo de especial orgullo, pertenecer a la Filarmónica de Berlín?
Eva-Maria Tomasi:− Que cada uno de nosotros da lo mejor de sí en cada concierto, independientemente de las circunstancias, la acústica o lo que sea. Aquí no hay lugar para las rutinas negativas. Nos enorgullece nuestra rica historia. Desde su fundación en 1882, la agrupación adoptó esta estructura democrática que sigue definiendo nuestra forma de hacer la música. Y este espíritu que se vive entre bastidores, es lo que nos concede una fortaleza enorme en el escenario. Porque es precisamente ese sentido compartido de la responsabilidad, el respeto mutuo y el compromiso colectivo lo que como orquesta nos hace tan fuertes.
AGENDA
Conciertos Extraordinarios. Orquesta Filarmónica de Berlín . Dirección: Kirill Petrenko. Solista: Víkingur Ólafsson (piano). Programa 1: Concierto para piano y orquesta nº 1 op 15 e re menor de Johannes Brahms y Así habló Zaratustra op 30 de Richard Strauss. Programa 2: Sinfonía nº 4 op 36 de Piotr Ilich Tchaikovsky y Variaciones sobre un tema original “Enigma” op 36 de Edward Elgar . Miércoles 21 y viernes 23 (programa 1), a las 20. Jueves 22 (programa 2), a las 20. Teatro Colón




