Gustavo Santaolalla: "Es la fiebre por el camino que tengo desde chico"

El músico recorrerá toda su obra en Desandando caminos, el concierto que prepara para el lunes 12, en el Teatro Colón
Adriana Franco
Sebastián Ramos
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4 de diciembre de 2016  

Crédito: Soledad Aznárez

Acompañar un tramo del camino -un pequeño tramo, una hora en este caso- de este hombre incansable permite entender muchas cosas. En la charla con Gustavo Santaolalla se revela su espíritu curioso y apasionado y queda claro por qué tantas bandas le han confiado lo que mejor tienen, su arte. Más de cien artistas del mundo -de Café Tacuba a Juanes, pasando por Divididos, Julieta Venegas y Jorge Drexler- han encontrado en él quien lleve las ideas al buen puerto que es un gran álbum.

El entusiasmo de Santaolalla es contagioso y la conversación podría prolongarse horas y horas. Hay tanto para hablar: de sus canciones, de su rol de productor, de la música para películas por las que recibió dos premios Oscar, de sus inicios en el mismo inicio del rock nacional. En el borbotón de ideas también hay tiempo para los ovnis, la resonancia schumann, la política en general y Trump en particular.

Mientras conversa, al estudio El Santito van llegando los músicos con los que está ensayando "el" show, Desandando caminos, la presentación del lunes 12 en el Teatro Colón. Un nuevo gran desafío, dice. "Es que de acá en más todo va a ser para abajo", confiesa. El concierto tiene además una particularidad muy especial. Es el primero en su ya larga carrera que se anuncia así: como un show de Gustavo Santaolalla. La propuesta del Colón llegó entonces en el justo momento en el que el ex Arco Iris estaba mirando hacia atrás.

"Sí, sentí la necesidad de hacer una revisión de mis canciones -dice-, algo que siempre estuvo postergado. Es así, por distintos motivos, nunca salí a tocar mis canciones. Siempre que toqué en vivo fue con grupos: Arco Iris, Soluna, Wet Picnic, BajoFondo. No presenté mi primer disco solista, Santaolalla, porque salió justo con la guerra de Malvinas, ni Ronroco, ni GAS, que lo hice ya sabiendo que no iba a poder salir a mostrarlo porque estaba ya muy ocupado con las producciones de discos. Ahora llegó el momento de hacerlo. Son canciones que me gustan, que creo valiosas. Me gustó la idea de volver al comienzo, a los temas con los que empecé. De hecho se me ocurrió un espectáculo para más adelante, en el que cuente mi vida con las canciones, hablado y tocado.

Crédito: Soledad Aznárez

-¿Cómo surgió la idea del Colón?

-Yo ya tenía la idea de repasar la carrera y la primera fecha que apareció fue ésta. Yo me imaginaba empezar con una gira por el interior, para probar los temas y ahora vamos directo al Colón nada menos. Es muy fuerte. Uno cuando empieza piensa en ir haciendo y creciendo y la meta es llegar a tocar en el Colón. Yo estoy tratando de tomármelo lo más tranquilo que pueda, con un poco de sal y azúcar, porque si no me vuelvo loco. Me digo a mí mismo que he tocado en el Royal Opera House de Copenhague, con BajoFondo, y en el Hollywood Bowl, con la Filarmónica de Los Angeles, y Gustavo Dudamel, una suite de Diarios de motocicleta. Pero el Colón es el Colón. Fuertísimo. Hace unos días estábamos cenando en Los Angeles y estaba Al Pacino, que hace poco había estado justamente actuando allí, y Dudamel, que estuvo muchas veces, y Gustavo decía, para agregarme presión (risas) que para él el Colón era el teatro más bello del mundo. Y mirá que tocó en teatros increíbles

-¿Fue difícil armar la lista de canciones?

-Una de las cosas que me pasan es que me es muy difícil sacar. No soy de mirar para atrás, no estoy todo el tiempo reflexionando sobre mi pasado. Pero al hacerlo veo que he producido mucho y se me hace difícil ver qué sacar y que poner. Hoy justo llegué a algo parecido a una lista. Hay temas del primer disco de Arco Iris, el rosa que ahora se reedita en vinilo y que es un álbum muy especial para mí porque ahí está el blueprint de lo que es mi carrera, la música de pelis, las partes instrumentales largas, el uso del silencio, los cambios, la onda visual que siempre ha tenido mi música y que es lo que me ha llevado a trabajar en el cine. Hay cositas de Santaolalla, de GAS, de las películas, algunas canciones que no están en ningún disco, cosas de Inti-Raymi, de la ópera Sudamérica, de Tiempo de resurrección. Paso por casi todo lo que hice.

-¿Respetaste los arreglos originales de los temas?

-Son los arreglos originales pero con una formación medio acústica. Tocamos sentados, hay uso de baterías pero muy discreta, casi percusionística; hay muchos instrumentos naturales: piano, celesta, vibráfono, clavicordio, campanas tubulares, timbales, tambura indú. Muchos timbres, pero todo acústico. Eléctrico sólo van a ser las guitarras, y el órgano Hammond, que es uno real, con Leslie. Todo bien orgánico.

-¿Qué encontraste al recorrer tantas canciones?

-Por un lado que las canciones cuando tienen cierto nivel son atemporales, pueden funcionar siempre. Pero hay otras que son como viñetas. Hay una que me encanta, y que desafortunadamente no creo que entre, que es "Mamá amigos tengo una TV color". Es la carta que manda un tipo que llegó a Estados Unidos en el 78 y pinta todo lo que era, pero dice "un telex del mundo de hoy", es muy de ese tiempo. Aunque Travolta y Kiss todavía sigue, y se sigue durmiendo de a tres. (risas)

-Ése fue un disco muy moderno para ese momento.

-Sí, para mí fue el primer disco moderno, hasta venían a la grabación los chicos de Virus, que todavía ni tenían su disco. Tengo una anécdota muy divertida con un amigo mío muy querido que es Charly. Cuando me fui a vivir a Estados Unidos, en el 78, el rock allá estaba totalmente morfado por el sistema, aquella generación de Woodstock que yo adoraba se había convertido en el "corporate rock", con grupos como Boston, Kansas, Styx, que usaban limusinas y la música había perdido todo el contenido. A la vez también estaba pasando todo lo otro, los Sex Pistols y los Ramones que a mí me encantaron. Me corté el pelo, me compré la corbatita y armamos Wet Picnic. Y justo acá sale el tema de Charly "Mientas miro las nuevas olas", y me cayó pésimo (risas) eso de "yo ya soy parte del mar", lo vi como reaccionario. Dije algo sobre el tema en una nota y Charly se me apareció en el estudio donde estaba grabando el solista, y dice "vengo a ver quiénes son mis amigos" [lo imita, riendo]. Discutimos un rato, parados uno al lado del otro, de costado, y se arregló todo. Le mostré los temas, le gustaron, y nuestra amistad siguió. Después hizo Clics modernos.

-Estás trabajando ahora en un proyecto con Eric Clapton.

-Sí, es para un documental sobre su vida. Impresionante. Y lo más groso es que él pidió especialmente que lo hiciera yo. Estuve con él en Londres, hace poco, para conocerlo personalmente, y ya le mandé algunas cosas que le gustaron muchísimo. Es un desafío porque en el documental hay mucha música de él, así que lo mío tiene que cumplir una función diferente, crear clima, propulsar la película, y que no tenga guitarra, y si hay tiene que ser parte de la orquestación.

-¿Tendrá continuidad esta banda?

-La idea es hacer gira en el país y por América latina. Tocando, porque hace poco anduve recorriendo la zona con el proyecto Qhapaq Ñan. Una experiencia reveladora, como una continuación de Ushuaia a La Quiaca, Siempre está el tema del camino. On the road, Kerouak, de ahí venimos. La necesidad de salir, como Guevara en la moto con Granado. Es la fiebre por el camino que tengo desde chico.

Al colón, al colón

  • En el concierto Desandando el camino, del ciclo LN Cultura, en el Teatro Colón, el lunes 12, a las 20, Gustavo Santaolalla estará acompañado por una banda integrada por el baterista Pablo Gonzalez, la guitarrista y cantane Barbarita Palacios, el pianista Andrés Beeuwsaert, el guitarrista Nico Rainone y el violinista Javier Casalla. Las entradas ya están en venta en la boletería del teatro, Libertad 621, o a través del sistema Tuentrada.com.

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