Historia del changuito jujeño en la senda de Cafrune y León Gieco

Bruno Arias, consagrado en Cosquín, presenta su último disco, El derecho de vivir en paz, esta noche en Niceto Club; pogo andino con carnavalitos, bailecitos y sayas de corte social
Gabriel Plaza
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4 de noviembre de 2016  

Bruno Arias, siempre con la guitarra a cuestas, para cantar donde se lo necesite
Bruno Arias, siempre con la guitarra a cuestas, para cantar donde se lo necesite Crédito: Daniel Jayo

La escena es bucólica y digital. Bruno Arias, conocido en Jujuy como El Changuito Volador, ex promesa del folklore y Consagración de Cosquín en 2013, está sentado en un cuarto desolado de un bar escuchando en su teléfono la canción de un ex peón de finca que trabajaba el tabaco en Monterrico (Jujuy). Le brillan los ojos. Ese chico para Bruno es el futuro. "Tiene un montón de composiciones. Si me va bien en Niceto, le grabo el disco", anuncia, con cierta ansiedad por producirle el disco debut a Lucho Cardozo.

Hay un hilo conductor entre ese "chango" joven todavía anónimo para las multitudes y el presente de este artista jujeño, en ascenso, que tuvo que hacer un largo recorrido musical. Pasó tiempo desde que a los 19 años salió de El Carmen (el mismo pueblo donde nació Cafrune); logró el respeto de artistas como Mercedes Sosa, Jaime Torres o Patricio Jiménez del Dúo Salteño, y se convirtió en una figura central de la música popular. "Que la gente cante un tema tuyo es una sensación muy extraña, pero es el fruto de tanto camino, tanto tiempo y tanto esfuerzo", reflexiona el músico jujeño en un bar de Almagro.

El cantautor está cosechando los frutos de sus buenas decisiones artísticas. Bruno Arias fue reconocido como el artista de la década en el rubro folklore en los últimos premios Konex; ganó el Gardel 2015 por su disco Madre tierra junto a la Bruja Salguero; está a punto de llenar el concierto de esta noche en Niceto Club, donde presentará su último disco, El derecho de vivir en paz, y es una figura omnipresente en la programación de todos los festivales del país. "Ahora me atienden el teléfono en Cosquín y Jesús María", dice y expresa una sonrisa inocente.

Con 37 años, Bruno Arias forjó un camino independiente que logró el respeto de los pares y demostró una honestidad intelectual y artística que lo llevó a formar parte de ese linaje de artistas que conforman Jorge Cafrune, José Larralde, el Coya Mercado, Peteco Carabajal, Ricardo Vilca, León Gieco y Raly Barrionuevo". "Si comparás tengo las influencias de todos ellos: la palabra, la forma y la ideología. Quizás en la forma que apoyaron a otra gente o lograron una identidad propia los siento cercanos. Larralde, por ejemplo, me impone un respeto especial porque nosotros somos rebeldes, pero siempre mediamos. En Larralde no hay concesiones. Quizá cuando crezca tome esa postura. Ahora siento que todos los espacios para mí son importantes mientras pueda transmitir mi mensaje", apunta el músico coherente con su estética, desde el primer disco hasta su último trabajo El derecho de vivir en paz (título del tema de Víctor Jara).

Desde el principio hubo un elemento importante en tu propuesta que tenía que ver con reivindicar la identidad de tu región.

-La identidad estuvo desde el principio, pero no tenía un rumbo tan claro. Desde la composición fui encontrando un estilo propio, aunque nunca abusé de usar temas míos. Siento que tengo obras dignas, pero no quiero poner todos mis temas en un disco. Tengo un montón de repertorio de amigos, referentes y cosas que fui recopilando, que dicen muchas cosas y que por ahí no se los están cantando o se están perdiendo. Si me identifico con el mensaje y con lo que quiero decir no hace falta que tenga que componer yo.

-A partir de la consagración en Cosquín dejaste de ser promesa.

Changuito volador ya había sido un disco exitoso con la gente, pero recién estaba viendo qué rumbo tomar. Creo que si en el segundo y tercer disco hubiera repetido esa fórmula, capaz que hoy sería más masivo. Pero lo principal para mí fue soltarme más con las composiciones propias y confiar en mis decisiones artísticas. Uno lucha constantemente por ser un artista de verdad y me encantaría ser un artista sin contradicciones y que lo que expreso sea más puro. Pero no sé si existe un artista así. Creo que todos tienen contradicciones. A veces cuando suben a un escenario crean un personaje. En mi caso trato de ser tal como soy abajo y arriba del escenario.

Además de sembrar un cancionero propio y estar en todos los lugares donde requieran su presencia, Bruno Arias quiere hacer por los otros lo que alguna vez hicieron por él. "Por ahí viene un músico de la provincia con la mochila cargada de sueños y no tienen quién lo contenga, lo oriente o lo ayude en una grabación con su participación. Por eso, donde me llama cualquier artista nuevo estoy y grabo con ellos, o los produzco. Sí hubo gente que me dio una mano enorme como la Peña del Colorado o el compositor Pachi Alderete que me dio plata de su bolsillo para el primer disco. Ahora que me va bien yo hago lo mismo. Ayudo a que gente que para mí son referentes como el Mono Villafañe sean más conocidos. Es como una devolución a ese momento y a esa etapa de mi vida", reconoce el músico jujeño que se instaló en el mapa folklórico con discos como Changuito volador, Aterrizaje y Kolla en la ciudad.

-¿Vos venís de un hogar donde no se practicaba la Pachamama y tenías una vida más bien urbana?

-Eso tiene que ver con las crianzas y lo cultural. La gente de la ciudad se quiere diferenciar de la gente colla que tiene rasgos indígenas y quiere tener un pensamiento más de las ciudades grandes como Córdoba, Buenos Aires o del extranjero. Son realidades paralelas. En Jujuy, digamos, que a veces está tan incorporada la cultura de afuera que está como sometiendo a la cultura propia. Es como vivir un sueño de otros. Entonces es bueno despertar y darte cuenta de que nadie más que nosotros mismos podemos transmitir la cultura propia. Por más que queramos hacer música de afuera, jazz, rock, siempre va haber alguno que lo va a ser mejor que vos. Pero lo que podemos hacer nosotros, desde nuestro lugar, es ser más verdaderos.

-¿Salir de tu pueblo fue un viaje hacia tu propia identidad?

-Ya dijo Yupanqui que cuando uno se va, comienza a conocer su pago. Eso me tocó a mí. Conocí mi tierra estando lejos. Ahora no quiero ser de mi tierra solamente. Quiero ser de muchos lugares porque cuanto uno más transita, ya no pertenece a un solo lugar.

Trés nombres para un árbol genealógico

Jorge Cafrune

Nació en El Carmen (el mismo pueblo de Bruno Arias) y fue uno de los artistas más populares del folklore de los sesenta. Apadrinó a Mercedes Sosa y José Larralde para que suban al escenario de Cosquín

León Gieco

Su apoyo a nuevos artistas, su cruce con el rock y su compromiso social se identifican con el camino de Bruno Arias

Raly Barrionuevo

La difusión de un nuevo repertorio y canciones olvidadas lo emparientan con el trabajo de Bruno Arias en Jujuy

Un jujeño en un templo del indie

Ahora que Bruno Arias es una figura imprescindible en las grillas de los festivales folklóricos, el músico prueba nuevos espacios en Buenos Aires. Hoy, a las 21, presenta su último disco, El derecho de vivir en paz, en Niceto Club (Niceto Vega 5510), un espacio del indie, que recibirá esa formación power andina, con un repertorio en el que conviven carnavalitos, sayas, bailecitos y canciones de corte social. Entrada: $ 200.

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