Jazz de potente combustión
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Presentación de Latinaje , con Guido Martínez en bajo y composición, Richard Nant y "Tropi" Veglio en trompetas, Gustavo Musso en saxo alto, Damián Fogiel en saxo tenor, Martín Pantyrer en saxo soprano y barítono, Santiago Castellani en trombón, Alejandro Manzoni en piano y acordeón, Guillermo Bressy en guitarra, Pipi Piazzolla en batería y Fabricio Frape y Facundo Ferreyra en percusión. Los jueves de octubre, a las 22, en La Revuelta, Alvarez Thomas 1368.
Dos años y medio sin actuaciones no le quitaron a Latinaje ni actualidad en sus mensajes ni potencia rítmica; por el contrario, madurez y una mayor solidez técnica hicieron de su regreso a los escenarios un emotivo encuentro con una potente máquina de latin jazz.
El grupo, formado por músicos de la nueva marea jazzística, refleja ese ímpetu compositivo sello del género en Buenos Aires.
En efecto, esta compacta agrupación de doce músicos propuso un repertorio propio, escrito por el bajista Guido Martínez, que dejó en evidencia un criterio personal de interpretación en el que el colectivo trabajó en función de los solistas que esta big band posee y que explota adecuadamente, como por ejemplo el demoledor saxofonista alto Gustavo Musso, el cerebral trompetista Richard Nant y el ubicuo pianista Alejandro Manzoni.
El show tuvo un comienzo muy fuerte. Los dos primeros temas, estrenos de esta nueva etapa, sacudieron al auditorio de La Revuelta por su instantánea combustión. Swing ágil y denso junto con frases armadas sobre un juego contrapuntístico entre trompetas y saxofones animaron el arranque.
Estas dos primeras piezas tuvieron frases que fueron contadas por los trompetistas Nant y "Tropi" Veglio y el trombón de Santiago Castellani, sostenidas por la sección rítmica de Martínez, Manzoni, Guillermo Bressy en guitarra, Pipi Piazzolla en batería y los percusionistas Fabricio Frape y Facundo Ferreyra, un grupo compacto que interactuó durante todo el show.
Mientras sonaban las frases, los saxofones de Martín Pantyrer, Damián Fogiel y Musso desarrollaron una suerte de contrapunto de una línea circular a la manera de un riff que tuvo como buscado efecto impulsar al combo hacia adelante.
En "El bobo", el grupo mostró su poder de fuego. Mientras la línea de saxofones induce al baile como destino inexorable con un rítmico riff, las trompetas dibujan un fuerte ataque. En medio de ese clima surge el saxo de Musso, imponiendo una velocidad a la cadencia acelerada. Dobla los tiempos y comienza a construir uno de sus especiales solos. Un coro de treinta y dos compases es llevado de manera inteligente para desarrollar una prolija idea de fuerte arquitectura parkeriana, donde los sobreagudos suenan como latigazos en el ambiente.
En temas como "Clase única" o "La masita" señalan el alto nivel técnico tanto del tenorista Fogiel como de Manzoni al piano. Los solos, de enorme fuerza rítmica, revelan la potencia sonora de esta máquina del swing armada por el bajista Martínez. Un grupo que muestra en esta segunda etapa un crecimiento en sentido vertical.



