Movimiento anticonsumo, fruto de la globalización
El movimiento anticonsumo, del cual el libro "No Logo", de Naomi Klein, es manifiesto fundacional pero no único, es uno de los más interesantes entre los surgidos de la globalización. Por un lado, porque manejan un arsenal de ironías visuales. Por el otro, porque no hay partido más atractivo que el perdido (bien lo sabe Michael Moore, uno de sus primeros paladines).
El movimiento -muy entusiasta en Canadá y en estados liberales de los Estados Unidos, como Washington y Vermont- tiene a uno de sus mejores exponentes en AdBusters, un grupo de artistas, publicitarios, activistas sociales y defensores de los derechos del consumidor que editan una revista ( www.adbusters.org ), donde se hacen visibles los mecanismos por los cuales se impulsa el consumo. Según sus ideólogos, intentan hacer caer las estructuras de poder existentes y cambiar la manera en que vivimos.
Lo que lleva, necesariamente, al cómo. Es evidente que el uso de "la era de la información" en su manifiesto no es gratuito: la difusión debe ser realizada por los mismos canales por los que se difunden los mensajes a combatir. Después de todo, lo que se busca es la desaparición de los mensajes a través del culture jamming (algo así como "atascamiento cultural"), interviniendo la producción de sentido. Para ello, utilizan Internet para difundir sus parodias de publicidades canónicas, como la que muestra a una mujer inclinada sobre un inodoro y el logo del perfume Obsession, de Calvin Klein. También llevan adelante campañas como "Buy Nothing Day" (que invita a detenerse y pensar antes de comprar) y "TV Turnoff Week" (una semana sin televisión, desde el 20 de abril próximo).
Pero la campaña por la que han cosechado fama es "Unbrand America" ( www.unbrandamerica.org ), que pretende librar a las ciudades del "azote" de las consignas publicitarias: dibujar un punto negro lo suficientemente grande como para tapar un logo, encontrar un afiche y anularlo.
El año último publicaron un anuncio a toda página en The New York Times, en el que se veía un punto negro -claro- y su visión del estado de las cosas: "Porque mi país ha vendido su alma al poder corporativo, porque el consumo se ha convertido en nuestra religión, porque hemos olvidado el significado de la libertad y porque el patriotismo ahora significa estar de acuerdo con el presidente, prometo cumplir con mi deber: recuperar mi país". Hasta Michael Moore conoce, sin embargo, los riesgos: que la ausencia de un logo sea el logo. Que la desaparición del mensaje sea el único mensaje posible.

